Michelle O'Neill, favorita en las encuestas en Irlanda del Norte. / Reuters

El Sinn Féin se perfila como ganador en la Asamblea de Belfast

El legado de Gerry Adams da un vuelco electoral desde el inicio del proceso de paz, ayudado por la división unionista

ÍÑIGO GURRUCHAGA Corresponsal en Londres

El partido Sinn Féin, asociado históricamente al grupo terrorista Ejército Republicano Irlandés (IRA), obtendrá según los sondeos el mayor número de votos en las elecciones autonómicas que se celebran este jueves en Irlanda del Norte. Su victoria se presenta como un paso importante para la futura unidad política de la isla de Irlanda.

La incógnita de las últimas horas es el notable número de indecisos, 17% en el último sondeo publicado el miércoles, pero la ventaja de los republicanos irlandeses sobre el Partido Democrático Unionista (DUP) se ha mantenido en las encuestas de las últimas semanas. El sistema electoral es de voto único transferible, que obliga a una cuenta de dos o tres días para adjudicar los 90 escaños de la Asamblea.

Si los pronósticos se confirman, Michelle O'Neill, de 46 años, hija de un exprisionero del IRA, será la ministra principal del Ejecutivo, compartiendo el liderazgo de la política regional con el viceministro principal, que será unionista, o partidario de la permanencia en el Reino Unido. Nunca en la centenaria historia de la provincia ha ocupado tal papel una persona católica o nacionalista.

Su elección sería otra rectificación histórica para el Sinn Féin, crecido a la vera del IRA en el principio del siglo XX. Se opusieron a la división de Irlanda, iniciando una guerra civil contra los correligionarios que aceptaron la creación del Libre Estado Irlandés en el sur y posteriormente una guerra de tipo terrorista para derribar la autonomía norirlandesa y acabar con la presencia británica en la isla.

En el sur, lideraron el Libre Estado desde 1932. Tras el alto el fuego de 1994, el Sinn Féin de Gerry Adams ha promovido el desarme y desmovilización del IRA, ha apoyado a la reformada Policía regional y ha presentado a las instituciones compartidas creadas en el Acuerdo del Viernes Santo, en 1998, como plataformas necesarias para impulsar la unidad de Irlanda.

Los 'otros'

Una victoria en el Norte llegaría dos años después de que obtuviese el mayor número de votos en las elecciones generales de la república de Irlanda. Liderado ahora por una mujer dublinesa de clase media, Mary Lou McDonald, el Sinn Féin no pudo formar un Gobierno, pero su éxito forzó una coalición sin precedentes entre los partidos herederos de los rivales de la guerra civil, el Fine Gael y el Fianna Fáil.

Los últimos sondeos afirman que el partido del IRA obtendría el 34% de los votos en unas elecciones para el 'Dáil' dublinés. En su programa electoral en el norte, los republicanos piden a los gobiernos de Dublín y Londres que inicien los preparativos para la unidad de Irlanda y los referendos que los impulsarían. El Acuerdo de paz de 1998 contempla la convocatoria de un referéndum en el Norte si la mayoría lo desea.

El republicanismo irlandés tiene motivos para el optimismo. Si gobierna en el norte y en el sur, podrá impulsar la cooperación entre las dos partes de la isla. Para el 36.5% de los menores de 35 años es el partido más atractivo en Irlanda del Norte. Las carencias del 'establishment' irlandés para proveer una política satisfactoria de vivienda y de salud ha abonado la popularidad de la izquierda nacionalista en el sur.

La ventaja en el norte del Sinn Féin, con porcentaje previsto de votos similar a los de la última década, se debe a la división unionista. Aunque censos y sondeos dan mayoría a quienes quieren permanecer como parte del Reino Unido, el DUP de Jeffrey Donaldson está cuarteado por disputas internas. El moderado Partido Unionista del Ulster y el radical Voz Unionista Tradicional (TUV) le restarán votos.

El rápido crecimiento del liberal partido Alianza, nacido como unionista reformador pero que en el registro de la Asamblea autonómica no se define como unionista o nacionalista, sino por la tercera opción, 'otros', y de una miríada de pequeños grupos, sugiere que la población está preocupada por otros asuntos. Los partidos han centrado su campaña en el coste de la vida más que en la unión de Irlanda o los enredos del 'brexit'.

Los unionistas confían en Johnson para salvar su veto

El efímero ministro principal, Paul Givan, dimitió el 8 de febrero siguiendo las órdenes del líder del DUP, Jeffrey Donaldson, que ya había advertido de su intención de derribar el Ejecutivo autonómico si no se eliminaban los controles fronterizos entre Gran Bretaña e Irlanda del Norte. No está claro que tras la elecciones se reconstruya el Gobierno.

La ley de la autonomía norirlandesa ha tenido que modificarse para evitar que los partidos mayoritarios que ocupan las posiciones de Ministro Principal y Viceministro Principal derrumben el Ejecutivo a menudo. Si uno de ellos dimite, tiene que renunciar también el otro. La norma vigente permite que los ministros del Ejecutivo sigan trabajando tras las elecciones, aunque no pueden decidir nada nuevo.

Donaldson ha advertido, en una entrevista con la agencia Press Association, que quiere liderar al DUP en el Gobierno. Pero «tenemos que resolver los asuntos sobre el Protocolo», añadió. «Deben resolverse», afirma. Y declaró su convencimiento de que su partido ganará las elecciones y el Gobierno de Boris Johnson «emprenderá acciones decisivas» sobre el Protocolo tras las elecciones.

Guerra comercial

El diario 'Financial Times' publicó hace unos días la primicia de que el Gabinete de Johnson prepara un proyecto de ley que le permitiría modificar o suspender unilateralmente aspectos del Acuerdo de Retirada firmado con la UE. El Artículo 16 del Protocolo Irlandés permite a las partes tomar medidas unilaterales si se detectan «dificultades graves en la economía, la sociedad o el medio ambiente que corren el riesgo de persistir».

Segú n Sara B. Hobolt, de la London School of Economics, la disputa sobre el régimen fronterizo podría devolver el 'brexit' al centro de la política británica. Los dos grandes partidos, especialmente el Laborista, ahora lo evitan. Pero la UE podría responder con medidas fuertes contra el Reino Unido, incluyendo el aviso de cancelación del acuerdo comercial en un plazo de nueve meses.

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