Soldados ucranianos atacan posiciones rusas en la región de Donetsk. / REUTERS

Putin no negociará la paz con Kiev mientras EE UU y la OTAN no reconozcan los territorios anexionados

El Kremlin se muestra dispuesto a dialogar pero afirma que las condiciones planteadas por Biden, como el repliegue previo del Ejército ruso de todas las zonas que ocupa en Ucrania, «son inaceptables»

RAFAEL M. MAÑUECO Moscú

Con la guerra de Ucrania como cuestión principal de discusión y las vías para lograr pararla y alcanzar un acuerdo de paz, el presidente ruso, Vladímir Putin, respondió este viernes a su homólogo estadounidense, Joe Biden, y lo hizo hablando por teléfono con el canciller alemán, Olaf Scholz, que le instó una vez más a retirar sus tropas del país vecino para posibilitar una solución diplomática. Pero el Kremlin respondió acrecentando su órdago: «El presidente Putin siempre ha estado abierto a las negociaciones, pero se han complicado por la negativa de Washington a reconocer la anexión por parte de Rusia de los territorios ucranianos».

Se da la circunstancia de que, en compañía del mandatario francés, Emmanuel Macron, Biden dijo en la víspera que no tiene planes de reunirse con Putin para avanzar hacia una solución negociada en Ucrania porque para eso tendría que «retirar sus tropas del país que ha invadido». Lo mismo le pidió Scholz al máximo dirigente ruso y además le recriminó los ataques con misiles contra infraestructuras civiles que están dejando a los ucranianos sin fluido eléctrico y sin calefacción.

«El apoyo político y financiero integral a Ucrania está llevando al hecho de que Kiev rechaza por completo la idea de cualquier negociación. Además, esto estimula a los nacionalistas ucranianos radicales a cometer cada vez más crímenes sangrientos contra la población civil», le espetó Putin al canciller germano, según figura en la página web de la Presidencia rusa. Pero Scholz no se amilanó y dijo que «Alemania continuará garantizando la capacidad defensiva de Ucrania». Su interlocutor ruso lamentó la política «destructiva» de Berlín y pidió que reconsidere su postura.

Es más, Putin le explicó al canciller alemán que «las fuerzas armadas rusas evitaron durante mucho tiempo atacar con misiles de alta precisión ciertos objetivos en Ucrania, pero tales medidas se hicieron necesarias e inevitables ante los ataques provocadores de Kiev». Según sus palabras, citadas por el departamento de prensa del Kremlin, Kiev bombardeó el puente de Crimea e «instalaciones energéticas rusas», por lo que, según Moscú, Rusia está en su derecho de atacar también infraestructuras energéticas ucranianas. El operador DTEK informó ayer que los misiles rusos han destruido «el 40% del sistema energético ucraniano».

Antes de la llamada telefónica de Scholz, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, había dicho que Putin «está dispuesto a negociar sobre Ucrania», pero las condiciones planteadas por Biden, es decir el repliegue previo del Ejército ruso de todas las zonas que ocupa en Ucrania, a su juicio, «son inaceptables, complican el diálogo». Por eso, prosiguió Peskov, «la operación militar en Ucrania continuará».

El pasado 30 de septiembre, en un ceremonia solemne celebrada en el Kremlin, Rusia se anexionó las regiones ucranianas de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia. Y lo hizo, no en las fronteras controladas por sus tropas, sino en las administrativas que se establecieron en la época soviética y que en una extensión significativa Kiev conserva todavía. El Ejército ruso lucha ahora precisamente por ocupar, como mínimo, esas cuatro regiones totalmente, como hizo con Crimea en marzo de 2014, mientras que los ucranianos combaten para expulsar al invasor.

Peligrosa vuelta de tuerca

Y es que la anexión de las cuatro últimas provincias ucranianas constituye, según EE UU y sus aliados de la OTAN, otra peligrosa vuelta de tuerca de Putin, no sólo a Ucrania como Estado, sino al orden mundial establecido tras la II Guerra Mundial. El presidente ruso se apoyó en los resultados de unos referendos celebrados en septiembre en Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia, no reconocidos por nadie salvo por él mismo y los rebeldes prorrusos.

Rusia advirtió entonces a Ucrania que continuar sus contraofensivas para recuperar las regiones arrebatadas por la fuerza y ocupadas por el Ejército ruso se considerará un ataque directo contra su «soberanía», con lo que, según advirtió Putin el pasado 21 de septiembre, cuando decretó la «movilización parcial», su país responderá de forma devastadora. «Cuando la integridad territorial está amenazada, Rusia utiliza todos los medios a su alcance, incluidas las armas nucleares. No es un farol», avisó entonces.

Lo que más deplora actualmente Moscú es la ayuda militar occidental a Ucrania, que, junto con la feroz resistencia del Ejército ucraniano, tiene empantanadas a las tropas rusas sin apenas avances desde hace meses, habiendo perdido la región de Járkov, teniendo que entregar Jersón, cediendo terreno en Lugansk y con la amenaza de una contraofensiva de Kiev para recuperar la ciudad de Melitópol, en la región de Zaporiyia.

El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, advirtió ayer a modo de intimidación que existe un riesgo «enorme» de que la guerra en Ucrania degenere en un conflicto nuclear a gran escala. El ministro ruso instó a las potencias nucleares a «evitar cualquier enfrentamiento militar incluso con armas convencionales», ya que, según sus cálculos, «la escalada podría volverse incontrolable» y conducir al empleo del arma atómica.

El martes, el ministro turco de Exteriores, Mevlut Cavusoglu, expresó en el marco de una reunión con colegas de la OTAN en Bucarest que «cada vez es más difícil para Ucrania y Rusia pactar una solución al conflicto a través del diálogo». A su juicio, «a medida que aumenta la pérdida de vidas humanas, se vuelve cada vez más complicado encontrar una solución negociada». Aunque sin éxito hasta ahora, Turquía ha venido encabezando los esfuerzos de mediación para sentar a negociar a Kiev y Moscú. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha propuesto repetidamente una reunión entre Putin y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que primero rechazó Moscú y ahora también Kiev, que pone como condición previa la total retirada de las fuerzas rusas del suelo ucraniano.