Mario Draghi ha presentado su renuncia al entender que se ha perdido la unidad de gobierno / e. c.

Draghi presenta su dimisión al romper los populistas la coalición de Gobierno en Italia

El presidente de la República rechaza sus planes y obliga al primer ministro a someterse a una moción de confianza

DARÍO MENOR

Mario Draghi quiere dejar el poder, pero no está claro que Italia se lo vaya a permitir. El primer ministro anunció este jueves su voluntad de dimitir del cargo tras quedarse sin el apoyo del Movimiento 5 Estrellas (M5E), uno de los partidos que formaban parte de la coalición que sostenía al Gobierno. Pese a su voluntad por tirar la toalla, el presidente de la República, Sergio Mattarella, rechazó la renuncia, por lo que a Draghi le tocará presentarse el miércoles en el Parlamento para someterse a una moción de confianza. Hasta ese día tienen los partidos políticos para convencerle de que siga, pues el expresidente del Banco Central Europeo (BCE) había dicho repetidas veces que dejaría el poder si fallaba alguno de los partidos que sostenían al Ejecutivo.

Tras semanas de críticas y amagos de retirada, esta nueva crisis política se abrió cuando el M5E se abstuvo en la moción de confianza celebrada a primera hora de la tarde en el Senado para sacar adelante por la vía rápida un decreto por valor de 26.000 millones de euros para ayudar a las familias y empresas a sobrellevar la inflación. Aunque el Ejecutivo superó la votación en la Cámara Alta porque mantiene la mayoría parlamentaria, Draghi ya había advertido previamente de que no estaba dispuesto a seguir en el poder sin el sostén del M5E. También dejó claro que un Gobierno «con ultimatums no trabaja y pierde su razón de ser», en lo que era una clara advertencia al líder de los 'anticasta', Giuseppe Conte, y que no estaba dispuesto a liderar un Ejecutivo distinto al actual.

Fiel a su palabra, el expresidente del BCE presentó su dimisión a Mattarella, con quien ya se había reunido tras la funesta votación en el Senado para analizar los escenarios políticos que se abrían. Esta moción supone «un hecho muy significativo desde el punto de vista político» porque pone de manifiesto que «deja de existir» la coalición que permitió la creación de este Ejecutivo de unidad nacional hace un año y medio con dos tareas principales: sacar a los italianos de la pandemia y gestionar los millonarios fondos europeos. «Se ha disuelto el pacto de confianza que estaba en la base de la acción de Gobierno», dijo Draghi, convencido de que ya no se dan las condiciones que permitan continuar con la agenda reformista del Gabinete.

Dos alternativas

La marcha de Draghi convierte en protagonista de la nueva situación política italiana a Mattarella, que tenía frente a sí principalmente dos alternativas. La primera de ellas, por la que optó, era negarse a aceptar la renuncia del expresidente del BCE y convencerle para que se presente en el Parlamento para someterse a una nueva moción de confianza, ya no para aprobar un decreto sino para decidir la propia continuidad del Ejecutivo. La segunda sería dar por terminada la legislatura, que en principio tendría que acabar el próximo marzo, disolver las Cámaras y convocar elecciones anticipadas. Los comicios se celebrarían a la vuelta del verano.

El M5E ha forzado la crisis para tratar de remontar en las encuestas desde una posición opositora, entre otros motivos. Esta fuerza política comenzó la legislatura en 2018 siendo la más numerosa del Parlamento, pero ha sufrido un enorme desgaste en estos cuatro años, en los que ha participado en tres Ejecutivos diferentes y ha vivido numerosas defecciones y peleas internas. La última tuvo lugar hace tres semanas y provocó la escisión de unos sesenta parlamentarios liderados por el ministro de Exteriores, Luigi di Maio, que se declaró «draghista» y plenamente dispuesto a seguir sosteniendo al Ejecutivo.

Conte, líder del M5E, estaba en cambio desesperado ante la pérdida de consenso de esta fuerza política en las encuestas, que ya la sitúan por debajo del 7% en intención de voto, casi 5 veces menos que el resultado obtenido en las últimas elecciones generales. Su terreno político se lo ha comido en buena parte Hermanos de Italia, el partido ultraderechista comandado por Giorgia Meloni y que era el único que ejercía la oposición al Gobierno de Draghi desde el Parlamento. Meloni lidera hoy buena parte de las encuestas y tiene muchas papeletas para ser protagonista en el próximo Ejecutivo junto a sus aliados del bloque conservador, la Liga de Matteo Salvini y Forza Italia, la criatura política de Silvio Berlusconi.

La incertidumbre política no ha tardado en costarle dinero a los italianos. El índice selectivo de la Bolsa de Milán perdió este jueves un 3,44%, comportándose como el peor de los parqués europeos, mientras que la prima de riesgo escaló 14 puntos básicos respecto a su nivel de cierre del día anterior. El interés de la deuda pública italiana, por su parte, subió del 3,24% del miércoles al 3,41%. Para los inversores Draghi siempre ha sido una garantía en un país, Italia, al que históricamente le ha faltado estabilidad debido a la gran capacidad de su clase política por poner sus preocupaciones partidistas por encima de los intereses nacionales. De hecho, el Gobierno del expresidente del BCE nació ahora un año y medio con un fuerte apoyo internacional al considerar que era la mejor opción para liderar Italia en esta delicada fase política.