El tránsito de gente es constante en el centro de acogida de Odesa. / M. AYESTARAN

Odesa, puerto seguro para desplazados

La intensa actividad en los frentes este y sur de Ucrania provoca la huida de miles de civiles en busca de un lugar seguro en el que esperar la derrota rusa para volver a casa

MIKEL AYESTARAN ENVIADO ESPECIAL. Odesa

Los frentes del este y sur de Ucrania se mueven, los combates se intensifican y aquellos civiles que pueden escapan a lugares considerados seguros como Odesa. La organización Hostina Khata está al frente del mayor centro de acogida, un punto al que acuden los desplazados para registrarse y recibir ayuda. En agosto atendieron a 12.000 familias, en septiembre a 16.000 y la previsión para octubre y noviembre es de más de 60.000 debido a la actividad frenética de los frentes de batalla y a la llegada del invierno.

Marina es una de las responsables y explica que «cada vez que hay ofensivas la gente huye y a esto hay que sumar que muchos también vendrán porque llega el frío y sus casas han sufrido daños o en sus localidades ya no hay servicio de gas». Su compañera Diana añade que «aquí les damos ropa, medicinas y algo de comida, pero necesitamos mucha ayuda y donaciones para hacer frente a los que nos espera, por favor, que Europa no se olvide de Ucrania».

El tránsito de gente es constante. Algunos llevan meses en la ciudad, otros apenas unos días. Desde este punto de acogida les ofrecen la posibilidad de alojarse en hostales de tránsito, en los que normalmente solo deben pagar una cantidad simbólica por la habitación gracias a la cobertura de organizaciones como 'Stop in Odesa'. El hostal que tienen en el centro de la ciudad está casi completo, allí conviven familias llegadas desde los frentes este y sur de Ucrania que comparten techo y experiencias de terror.

Desplazados por la guerra

Gallina, de 38 años, escapó en agosto de los combates en Donetsk con sus cinco hijos y ahora viven en un cuarto con tres literas. No puede contener la emoción al recordar una huida de «ocho kilómetros caminando bajo el fuego cruzado. Lo hemos perdido todo, hasta el cementerio donde descansaban los restos de mis padres ya no existe. Sabemos que lo que nos espera al regreso, pero solo pensamos en eso, en volver a nuestro pueblo y empezar de nuevo. En cuanto nuestro Ejército libere la zona, volveremos».

En la habitación contigua también hay otra madre también llamada Gallina, de 33 años, recién llegada desde la zona sur de Jersón, ocupada por Rusia desde el inicio de la invasión. «Es cierto, aunque no lo podamos casi creer, que los rusos pierden terreno, están concentrando sus fuerzas al sur del río Dniéper porque no pueden frenar a nuestro Ejército», asegura con su pequeña en brazos. Su marido se ha quedado en el pueblo para proteger la casa, ella decidió escapar cuando «los hombres de Kadírov entraron en casa para hacer un registro y encontraron un poema escrito en ucraniano. Pusieron una pistola en la cabeza a mi hijo y le obligaron a escribirlo en ruso y gritar '¡Gloria a Rusia! ¡Ahmed (nombre del líder checheno amigo de Putin) es la fuerza!'. Después se lo intentaron llevar preso, pero no lo hicieron al ver que era menor». Gallina puso rumbo a Odesa y no piensa regresar hasta que se vayan los rusos. Según los últimos datos de las autoridades de Kiev ya se han liberado 400 kilómetros cuadrados en esta región del sur del país.

Gallina, con sus hijos, es una de las refugiadas. / M. AYESTARAN

Aquí no hay televisión. Las noticias llegan «a través del canal oficial del presidente Zelenski en Telegram. Nos hemos cansado de mentiras y de manipulación, solo creemos la versión oficial que llega desde la Presidencia», comenta la responsable del hostal, Miroslava, también desplazada de Jersón por culpa de la guerra. «La idea es que la gente se quede uno o dos días, pero hay quien pasa aquí un mes. Lo que más llama la atención es que muy pocos deciden emigrar a Europa. La mayoría busca un lugar en las zonas de Ucrania alejadas de los combates y espera a que callen las armas para volver. Si los ucranianos nos vamos, todo será más fácil para Putin, por eso es importante resistir, quedarse y regresar», opina Miroslava.

Todas las miradas están puestas en Zaporiyia, localidad que los rusos han golpeado en los últimos días con misiles que han impactado en zonas civiles. Mientras hablan con este enviado especial, a sus teléfonos llegan las imágenes de los siete misiles que han destrozado dos edificios de varias planas en pleno centro de esa ciudad por la que todos ellos pasaron para poder huir de las zonas ocupadas por Rusia. La respuesta de las fuerzas de Moscú a la pérdida diaria del terreno conquistado desde febrero es el lanzamiento de cohetes contras zonas civiles.

Hasta ahora, Odesa mantiene intacto ese casco histórico que le convierte en «la perla del mar Negro», pero debido a motivos de seguridad la población ha perdido el acceso al mar y todo el puerto es zona militar. Las bombas y la destrucción no han llegado a arterias principales como Deribásovskaya Ulitsa, bautizada en honor al fundador de la ciudad en 1794, el marinero español José de Ribas. A pesar del deseo de Putin de incluirla en su territorio anexionado, Odesa resiste y es uno de esos puertos seguros a los que acuden los ucranianos en busca de refugio.