Meloni enfervorizó a sus seguidores en su último mitin, celebrado en Roma el jueves. / Andreas SOLARO/AFP

El nuevo Gobierno tomará las riendas de una Italia endeudada y en declive demográfico

Las elecciones parlamentarias de hoy pueden convertir a la candidata de extrema derecha Georgia Meloni en la primera mujer que lidera la nación

DARÍO MENOR CORRESPONSAL. ITALIA

Tras una insólita campaña desarrollada en pleno verano y un día de 'silenzio elettorale', el hermoso término con que se denomina en el país a la jornada de reflexión, 51 millones de italianos están llamados este domingo a las urnas en unos comicios parlamentarios que pueden convertir a Giorgia Meloni, candidata del partido de extrema derecha Fratelli d'Italia (FdI, Hermanos de Italia), en la primera mujer que lidera el Gobierno de una nación donde el machismo sigue estando muy presente. Sería un indudable éxito para ella, alejada de las proclamas feministas, y también para su fuerza política, que en los anteriores comicios, celebrados en 2018, se quedó en un 4% de las papeletas. Demostraría así que ya no es solo la opción de voto de los nostálgicos del fascismo, donde FdI tiene sus raíces, y que ha resultado exitosa su estrategia para convertirse en una alternativa atractiva para los electores conservadores.

La previsible victoria de Meloni se explica en parte por su coherencia: se ha opuesto a todos los gobiernos de la legislatura anterior hasta el punto de ejercer como única oposición al Ejecutivo saliente de Mario Draghi, que estaba sostenido por una amplísima coalición de partidos, que iban desde la extrema izquierda hasta la derecha más dura. La disolución de aquella alianza el pasado julio provocó el fin del Ejecutivo liderado por Draghi y la convocatoria de elecciones anticipadas, poniéndosele así en bandeja a Meloni su desembarco en el poder. Sería el colofón de una carrera política iniciada en la adolescencia y que le llevó a ser la ministra más joven de la democracia italiana al ocuparse de Políticas Juveniles entre 2008 y 2011.

Si se cumple lo que vaticinaban las encuestas hace dos semanas, pues desde entonces su publicación está prohibida, Meloni lograría la mayoría absoluta junto a los otros miembros de la coalición conservadora, la Liga de Matteo Salvini y Forza Italia (FI), el partido de Silvio Berlusconi, que está a las puertas de celebrar su 86 cumpleaños este jueves con un nuevo éxito electoral, eso sí, ahora ya como socio menor del bloque de derechas. Aunque durante la campaña ha asegurado que la presencia de FI en un eventual Gobierno de los conservadores garantizaría que Italia no daría la espalda a la OTAN ni a la UE, sus últimas declaraciones sobre Ucrania, afirmando que Rusia pretendía cambiar al actual líder de Kiev, Volódimir Zelenski, por un Ejecutivo «de gente decente», pueden tener un coste en las urnas.

Más allá de la incógnita de quién será el líder del próximo Ejecutivo italiano, existe la certeza de que no lo va a tener fácil en su tarea. Asumirá las riendas de un país envejecido, con una curva demográfica que cae en picado y que va a provocar que, en 2050, se haya reducido a la mitad la cuota de ciudadanos en edad laboral y haya cinco millones menos de habitantes. La situación económica también es para echarse a temblar, con una deuda pública que supera el 150% del PIB, uno de los niveles más altos de los países desarrollados. El alza del precio del dinero va a propiciar que Italia pague más intereses y le complicará la vida a la hora de financiarse a las empresas y a las familias, que ya sufren las consecuencias de la crisis energética y de la inflación, que alcanzó en agosto el 8,4%. «La situación es difícil, no vayamos a engañarnos», ha repetido en numerosas ocasiones durante la campaña Meloni, tratando de darle un baño de realidad a sus seguidores.

«Lo primero que tendrá que hacer el próximo Gobierno será garantizar el suministro de gas para el invierno. Si entramos en una situación de emergencia sería el asunto que podría cambiarlo todo», afirma Eugenio Pizzimenti, profesor de ciencia política en la Universidad de Pisa. La cuestión gasística es crucial para Italia: produce buena parte de su electricidad con este hidrocarburo, que importaba de manera mayoritaria desde Rusia hasta que el presidente de ese país, Vladímir Putin, ordenó la invasión de Ucrania el pasado febrero. Desde entonces ha reducido al 18% las compras a Moscú de gas (fueron el 40% en 2021), aunque hasta la segunda mitad de 2024 no podrá prescindir completamente de ellas.

Inestabilidad política

Otro de los grandes desafíos a los que tendrá que hacer frente el próximo jefe o jefa de Gobierno es el de la sempiterna inestabilidad política de Italia, un país donde los Gabinetes duran de media poco más de trece meses. Si la coalición de derechas consigue dos terceras partes de los escaños, podría poner en marcha la reforma constitucional que ambiciona Meloni para establecer un régimen republicano semipresidencial, similar al existente en Francia, y reducir así la influencia del Parlamento ganando en estabilidad. No obstante, Pizzimenti considera que si finalmente llegara al poder la candidata de FdI «no hablaría mucho de esta reforma, al menos al principio, porque se trata de un tema arriesgado que puede desgastarle». Tampoco cree que vayan a darse grandes vaivenes en el apoyo a Ucrania por la guerra ni en la posición en la Unión Europea.

Este politólogo de la Universidad de Pisa pide no olvidar que «el espacio de maniobra que tienen hoy los Gobiernos europeos es limitado, porque muchas decisiones se toman en Bruselas. Sea cual sea el Ejecutivo que salga de las elecciones, se adoptarán algunas medidas de discontinuidad, pero no creo que haya grandes cambios». Quedará además siempre la figura del presidente de la República, Sergio Mattarella, al que la Constitución italiana otorga un importante papel de garante y que ha dado sobradas muestras de responsabilidad durante las diversas crisis políticas de los últimos años.