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La reina Isabel II se encontraba en Balmoral. reuters
Adiós a la monarca más longeva de la historia contemporánea

Adiós a la monarca más longeva de la historia contemporánea

La reina constante y meticulosa deja el trono en manos de Carlos, marcado por la estela de Diana

íñigo gurruchaga

Corresponsal. Londres

Jueves, 8 de septiembre 2022, 13:10

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La reina Isabel II ha muerto. La monarca del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y de otros 15 países -además de jefa simbólica de Estado en otros de la Commonwealth- ha tenido el reinado más largo en la historia de su país y de las monarquías contemporáneas. Ha sido también, en la era en la que han proliferado los medios de comunicación en el planeta, la encarnación más universal de la figura de una reina.

Sus principales residencias, el Palacio de Buckingham y el Castillo de Windsor, son paisajes familiares para medio mundo. Cientos de visitantes a Londres acuden a diario al relevo de su guardia real. Periódicos de todo el mundo han publicado alguna vez una fotografía de la apertura del curso en el Parlamento, adonde era llevada en una carroza dorada, para leer el programa del Gobierno, luciendo la corona imperial.

Audiencias, investiduras de títulos y honores e inauguraciones llenan la jornada incesante de los monarcas británicos y de miembros de su familia. Isabel II ha sido meticulosa en el cumplimiento de rutinas y rituales, fiscalizando incluso detalles nimios, como el mantenimiento de las tradiciones en la decoración de la mesa de un banquete de Estado o disfrutando de la exactitud de los militares uniformados en desfiles o ceremonias.

Su niñera, Marion Crawford, ya divulgó en un libro, para disgusto de Jorge VI y de Elizabeth, que sus dos princesas eran muy diferentes. Margarita atacaba la comida en los banquetes sin esperar a los invitados. Su hermana mayor, Lilibet, era un dechado de cortesía y orden. Incluso ya acostada, salía a veces de su cama para comprobar que su ropa y sus zapatos seguían sometidos a una pulcra geometría.

Ese rasgo de la personalidad ha sido quizás beneficioso para la tarea de una reina que dio otro paso en la dirección hacia una monarquía con poder más simbólico que ejecutivo.

Esta reina tan perfecta llegó a la corona por accidente, la abdicación de su tío, Eduardo VIII, amigo frívolo del régimen nazi a quien su secretario ha retratado como un hombre que parecía odiar a su país. Aquella crisis forzó el acceso al trono de su tímido hermano, coronado como Jorge VI. Isabel se convirtió en la heredera en 1936, cuando tenía diez años.

Reproches

Con veintiuno, durante un viaje oficial del rey a Sudáfrica, en 1947, se comprometió en un mensaje emitido por radio a «consagrar toda mi vida, sea larga o corta, a vuestro servicio y al de la gran familia imperial a la que todos pertenecemos». El secretario Lascelles anotó en su diario la inteligencia profesional de la muchacha. Cuando su dicharachera madre se enrollaba, su hija le daba pataditas en el tobillo.

Se había enamorado del apuesto y empobrecido Felipe de Grecia y Dinamarca y con él se casó ese mismo año. Tenía dos hijos y estaba a punto de cumplir 26 años cuando falleció su padre y volvió urgentemente desde Kenia para ser confirmada como reina. En el peculiar universo de los monarcas, la pareja fue reformadora. Acabaron con la división de cocinas y de comedores entre cortesanos y sirvientes, con las presentaciones en sociedad de chicas «debutantes».

Quizás los historiadores subrayen sobre el reinado de Isabel II que ayudó a la estabilidad de un país que ha tenido que adaptarse en su tiempo a la pérdida del imperio más extenso en la historia de la humanidad. Guerras o crisis económicas no fueron provocadas por veleidades de la monarca, cuyo momento 'horribilis' se debió al cuestionamiento de su vida familiar, cuando cumplía su Jubileo de Rubí.

En 1992 hubo quejas por el coste de la monarquía y su exención del pago de impuestos. El incendio del Palacio de Windsor agravó el sentimiento de que era un año maldito. Pero la estabilidad de una institución única por reposar en la familia fue sacudida por la separación de Carlos y Diana; el divorcio de Ana y Mark Phillips; y la separación de Andrés y Sarah Ferguson.

Damas de compañía

La muerte de la princesa de Gales en 1998 cristalizó sentimientos críticos a la familia por su supuesta torpeza sentimental, a pesar de que, en aquellas circunstancias, la abuela y el padre optaron por lo afectuoso antes que por lo ritual, proteger a los dos huérfanos durante unos días en la residencia de Balmoral, donde pasaban el verano.

El fallecimiento de Isabel II deja una estela de nombres- Carlos, Camilla, Guillermo, Catalina, Enrique y Meghan- espolvoreada por la víctima Diana. Es un tiempo de cambio también para Angela Kelly, su asistente y asesora, diseñadora, costurera y sombrerera durante más de dos décadas. Siguió los pasos de Margaret 'Bobo' MacDonald, su sirvienta y confidente durante 67 años. También para su paje personal, Paul Whybrew.

Y para sus Damas de Compañía, aristócratas portadoras de bolsos auxiliares en viajes y visitas, que respondían a las cartas que requerían un toque real, y son tratadas, según dijo una de ellas a Brian Hoey, autor de 'Working for the Royals'(Trabajando para la realeza), «con variedad de actitudes, que van del absoluto servilismo al total desprecio».

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