El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, habla a la prensa en Viena, Austria. / EFE

Líderes del Parlamento Europeo condenan las declaraciones «racistas» de Orbán

El primer ministro húngaro aseguró la semana pasada que los países en los que «la población europea se ha mezclado con población no europea» no pueden ser considerados naciones

DIANA MARTÍNEZ

No todo vale. Y así se lo ha hecho ver Occidente al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, por las declaraciones que formuló hace una semana en las que aseguraba que los países en los que «la población europea se ha mezclado con población no europea» no pueden ser considerados naciones. Desde este polémico discurso numerosas entidades, tanto de su propio Gobierno como de otros países, han mostrado rechazo a sus palabras. Los últimos en alzar la voz, por ahora, han sido los líderes de los grupos políticos del Parlamento Europeo (PE), que han condenado las afirmaciones «abiertamente racistas» de Orbán, que rechazó la visión de una sociedad «multiétnica» en un discurso en la región rumana de Transilvania, donde reside una numerosa comunidad húngara.

El primer ministro volvió a defender sus palabras esta semana en Viena y, tras destacar que Hungría no es un país de «razas mezcladas», argumentó que no se trata de un problema de racismo, sino de diferencias culturales. También pareció hacer una alusión al «saber hacer alemán» con las cámaras de gas del régimen nazi para criticar el plan de Bruselas de disminuir el consumo europeo en un 15%. Los políticos del PE han expresado este sábado que «declaraciones tan inaceptables como éstas constituyen claramente una ruptura de nuestros valores consagrados en los Tratados de la Unión Europea y no tienen cabida en nuestras sociedades».

Los líderes europeos han lamentado la «insistencia» de Orbán en defender estos comentarios «inexcusables» y ha asegurado que «el racismo y la discriminación en todas sus formas deben recibir una condena inequívoca a todos los niveles». Por ello han instado a la Comisión y al Consejo europeos a que condenen «urgentemente» sus palabras «en los términos más enérgicos». En ese sentido, han solicitado a la primera entidad tratar «con prioridad los procedimientos de infracción en curso contra la violación por parte de Hungría de las normas de la UE que prohíben el racismo y la discriminación y haga pleno uso de las herramientas disponibles para abordar las violaciones».

«Puramente nazi»

El discurso del líder nacionalista ha causado asimismo un choque en su propio gabinete con la dimisión de su asesora, Zsuzsa Hegedus. Amiga de Orbán desde hace décadas y una persona de su círculo cercano, Hegedus presentó su renuncia el pasado miércoles tras calificar de «puramente nazi» el testimonio del primer ministro. Tras afirmar que sus palabras son propias de «fanáticos racistas», le envió una carta en la que sentía «poner fin a esta relación debido a esta decisión tan lamentable. Sin embargo, tras ese discurso, que contradice mis valores básicos, no me ha quedado otra: a pesar de que nunca has restringido mi libertad, tengo que romper por lo que se ha dicho».

Estados Unidos también criticó el discurso de Orbán. Su enviada contra el antisemitismo, Deborah Lipstadt, arguyó que «75 años después del Holocausto es inexcusable para un líder menospreciar los asesinatos masivos de los nazis». Además, el portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Ned Price, subrayó que los comentarios del primer ministro «no reflejan los valores compartidos que unen EE UU con Hungría, que sirven como cimiento para la relación entre los dos pueblos y sientan las bases para las relaciones entre Washington y otros aliados».

Pero no acaba todo ahí. Su posicionamiento le valió al líder nacionalista el distanciamiento con el Comité Internacional de Auschwitz, que se declaró «horrorizado» ante sus palabras. Su discurso, «estúpido y peligroso», recuerda a los sobrevivientes del Holocausto «los tiempos oscuros de su propia exclusión y persecución», lamentó Christoph Heubner, vicepresidente de la organización, quien hizo hincapié en la necesidad de «hacer entender al mundo que Orbán no tiene futuro en Europa», cuyos valores «niega a sabiendas».