El canciller federal, el socialdemócrata Olaf Scholz. / Reuters

Castigo a la política indecisa de Scholz en las regionales

Triunfan los conservadores, pero son Los Verdes los que deciden gobiernos en Renania del Norte-Westfalia

JUAN CARLOS BARRENA Corresponsal en Berlín

Los resultados de los comicios legislativos este domingo en el estado federado de Renania del Norte-Westfalia han caído como un jarro de agua fría sobre el tripartito de socialdemócratas (SPD), verdes y liberales (FDP) que gobierna Alemania. Con excepción de los ecologistas, que siguen su carrera ascendente y lograron casi triplicar sus porcentajes de voto frente a los comicios de hace cinco años, tanto el SPD como el FDP sufrieron pérdidas considerables, los primeros con el peor resultado de su historia en una región tradicionalmente industrial y minera, que fue considerada hasta hace poco el «corazón» de la socialdemocracia alemana, y los segundos al perder más de la mitad de su electorado, pero también su papel como socio menor en la coalición que gobernaba hasta ahora liderada por los cristianodemócratas (CDU), los grandes triunfadores de los comicios.

Todo un desastre para el canciller federal, el socialdemócrata Olaf Scholz, que ha sido objeto de críticas durante semanas por su dubitativa e indecisa postura en la guerra invasora de Rusia a la hora de apoyar a Ucrania en todas sus demandas de ayuda. El asunto ha conducido a una apreciable pérdida de popularidad de Scholz y el SPD, que en las encuestas periódicas sobre la intención de voto a nivel nacional llevan ya más de dos meses seguidos viéndose superados por la oposición conservadora. «No asumiría la tesis de que el resultado de las elecciones regionales suponga una confirmación o rechazo de la política del gobierno federal», afirmaba este lunes pese a todo el secretario general del SPD, Kevin Künert, aunque reconoció que los temas de interés nacional e internacional habían dominado la campaña.

Tan doloroso o más es el batacazo de los liberales, que, debido a sus pérdidas, ya no tienen suficientes escaños en la cámara regional de Düsseldorf para dar mayoría parlamentaria a los cristianodemócratas y repetir como socio menor de la coalición gobernante. Al igual que hace una semana en Schleswig-Holstein, donde también triunfó la CDU, el FDP queda prácticamente fuera del nuevo ejecutivo y se verá resignado a ser el partido menor de la oposición. «Las lágrimas se han secado, ahora el partido asume la responsabilidad de esta derrota», declaró hoy el presidente de los liberales y ministro federal de Finanzas, Christian Lindner, que anunció una «fase de reflexión» y en lo que se refiere a las críticas por su papel en el ejecutivo de Berlín aseguró que la coalición tripartita en la que participan «nunca fue nuestro sueño y si gobernamos es por responsabilidad de estado».

Motivos de júbilo

Los únicos de la coalición que tienen motivos de júbilo son Los Verdes. En Schleswig-Holstein duplicaron sus votos de cinco años antes y en Renania del Norte-Westfalia casi los triplican. Y en ambas regiones son tercera fuerza decisiva con casi el 20% de voto e inevitable socio para formar los nuevos gobiernos regionales si los dos grandes quieren evitar una gran coalición. Los ecologistas ya no son un partido menor, se codean con los grandes y forman parte ya de una buena parte de los gobiernos regionales, así como del federal. Su gran pragmatismo, que les ha llevado a renunciar al pacifismo fundamentalista para convertirse en los primeros que defienden el envío de armas pesadas a Ucrania para «defender la democracia y la libertad», a la vez que a impulsan inteligentemente el cambio energético en este país, los convierte en una alternativa política atractiva. Prueba de su popularidad es que sus ministros federales de Economía y Exteriores, los expresidentes de Los Verdes Robert Habeck y Annalena Baerbock encabezan con diferencia la lista de los políticos preferidos de los alemanes. El primero por su capacidad para transmitir información sincera a los ciudadanos y la segunda por su política decidida en los parqués internacionales.

Los cristianodemócratas tienen también motivos de celebración. Tras la derrota sufrida en las elecciones generales de septiembre pasado y la pérdida del poder en Berlín después de 16 años de gobierno de Angela Merkel, los triunfos en Renania del Norte-Westfalia y Schleswig-Holstein de la mano de jóvenes y prometedores políticos han sido un bálsamo reparador. Pero también una confirmación para el nuevo presidente de la CDU, el veterano Friedrich Merz que asumió el cargo en enero pasado. En el estado más poblado de Alemania con unos 18 millones de habitantes podrá continuar gobernando Henrik Wüst, el gran ganador de los comicios de este domingo. El secretario general de los cristianodemócratas, Mario Czaja, espera que su partido alcance un acuerdo con los ecologistas para gobernar juntos. «La CDU y Los Verdes han sido los claros ganadores de estas elecciones y en esa dirección van a ir ahora las negociaciones para la formación de un nuevo gobierno», dijo Czaja.

Los que han vuelto a registrar una catástrofe electoral este domingo han sido los populistas y ultranacionalistas de Alternativa para Alemania (AfD) que sufren una sangría de popularidad. En los comicios renanos superaron por los pelos la barrera electoral del 5% de votos para conseguir una anodina representación parlamentaria. Hace una semana no rebasaron ese límite en el estado más septentrional de Alemania y quedaron fuera de la cámara regional. El aislamiento al que se ven sometidos por el resto de las fuerzas políticas, que les niegan toda posibilidad, no ya de alianza, sino incluso de diálogo, los mantiene en el ángulo muerto de la política. La radicalización de sus posiciones hacia el neonazismo y sus simpatías por el régimen del presidente ruso, Vladímir Putin, han contribuido a hacerles perder seguidores en el occidente del país, aunque siguen alcanzando resultados relevantes en el este de Alemania.