Isabel II, en una imagen de 1949 / AP

Muerte de Isabel II

Bajarse del árbol

En el imaginario colectivo la reina simboliza la figura de la madre

ARANTZA FURUNDARENA

A Isabel II la noticia de su inminente coronación le llegó cuando estaba de vacaciones y subida a un árbol. Humildemente podría decir que a mí la noticia de su muerte me ha pillado de vacaciones y subida a una palmera... La distancia en todo caso siempre ayuda a ver las cosas con perspectiva. Y el ambiente que ahora mismo se respira en Londres me recuerda, desde fuera, al que me tocó vivir desde dentro en el interminable duelo callejero que precedió al funeral de Lady Di.

Aquella catarsis colectiva alcanzó una temperatura emocional de tal calibre que el duque de Edimburgo (así lo recoge la película 'The Queen') llegó a exclamar indignado ante el televisor: «Lloran como si se les hubiera muerto una hija o una hermana cuando en realidad no la conocían de nada». No sé si ahora diría lo mismo ante las lágrimas vertidas por la muerte de su esposa. Supongo que no, que en este caso el desgarro del pueblo británico le parecería justificado porque la que acaba de morir es su reina. ¿Pero realmente la conocían?

Isabel crió fama de mujer fría y hermética, más dada a repartir caricias entre sus perros que entre sus hijos. Sin embargo en el imaginario colectivo la reina simboliza la figura de la madre y tal vez la verdadera función de la monarquía británica (y lo que la mantiene en pie) sea su capacidad para liberar, de tanto en tanto, las emociones de una sociedad educada en reprimirlas.

Muerta Isabel, y una vez disipado el duelo folclórico y mediático, el culebrón se trasladará de las calles al interior del palacio, y ahí Carlos III de Inglaterra, el hombre que pudo 'no' reinar (llega al trono con casi 74 años), se enfrenta a un panorama familiar peliagudo. De sus dos hijos, el heredero es mucho más popular que él. Y el segundo, eternamente agraviado, se ha declarado en rebeldía. Pero la auténtica piedra en el zapato es Meghan Markle, la nuera díscola, una especie de Lady Di racializada y empeñada en convertirse en la nueva princesa del pueblo por la vía de dinamitar el prestigio de los Windsor. Aficionado a la jardinería, Carlos va a tener que regar y podar, pero también bajarse del árbol si de verdad quiere tocar tierra y que el pueblo británico le desee larga vida como rey.