Donald Trump, en un mitin el pasado mes de enero. / EFE

La venganza de Donald Trump

El expresidente pasa factura a los republicanos que no le son leales e impulsa a otros candidatos en las primarias de su partido

MERCEDES GALLEGO Corresponsal en Nueva Yorkl

El día antes de que la Cámara de Representantes votase la ley de infraestructura en noviembre pasado, David McKinley, expresidente del Partido Republicano en Virginia Occidental y representante de ese Estado en el Congreso durante más de una década, recibió una llamada de parte del expresidente estadounidense, Donald Trump, según contó él mismo ese día. El «exfuncionario del Gobierno», cuyo nombre no quiso revelar, le advirtió que si votaba en favor de la ley que proporcionaría a Joe Biden el mayor éxito de su presidencia, Trump apoyaría a otro candidato que le arrebatase su cargo en las primarias del Partido Republicano. «Yo apoyo a Virginia Occidental», le respondió McKinley desafiante.

El martes pasado perdió su escaño. «Donald Trump ama a Virginia Occidental y Virginia Occidental ama a Donald Trump», declaró triunfante su rival, Alex Mooney. Fue, quizás, la mayor prueba de fuerza que diera la jornada al expresidente. McKinley no era precisamente un antiTrump. Votó en contra de su 'impeachment' las dos ocasiones y le apoyó incluso más que su rival. «Y si vuelve a presentarse voto por él», dijo a 'The Atlantic'.

Tras revalidar su escaño siete veces, McKinley contaba con el apoyo de las grandes fortunas del estado en el que tiene raíces profundas, a diferencia de su rival, nacido en Maryland. Con todo, Trump le colgó la etiqueta de RINO (Republicans In Name) con la que abochorna a sus enemigos dentro del partido y le criticó por haber aprobado una ley que «derrochará millones en el New Green Deal» del ala progresista del Partido Demócrata. Incluso hizo creer que apoyaría el 'Build Back Better' de Biden.

Tan flagrantes eran las mentiras que el senador demócrata Joe Manchin, que disfruta de apoyo bipartidista y es quien ha boicoteado esa ley de Biden, le desmintió por televisión. Mike Pompeo, exsecretario de Estado y exdirector de la CIA de Trump, salió también en su ayuda. McKinley, un ingeniero civil de 75 años, agendó sus actos de campaña en plantas de saneamiento y minas abandonadas que se limpiarían con los 6.000 millones de dólares que su Estado se llevará de la ley de infraestructuras gracias a su negociación. Virginia Occidental es, de hecho, el séptimo Estado de la Unión que más se beneficiará en millones 'per cápita', pero el congresista predicaba para los creyentes. La mayor parte de los republicanos estaban de acuerdo con esa ley que promete devolver la vida a acuíferos en los que ya no se puede pescar.

Con todo, la derrota de McKinley no fue por la mínima, sino por cerca de 20 puntos. Por el contrario, el favorito de Trump para el Gobierno de Nebraska perdió en esa misma jornada de primarias del pasado martes. Charles Herbster no pudo superar las acusaciones de ataques sexuales que presentaron contra él ocho mujeres, porque para eso hay que ser Donald Trump.

35 en el punto de mira

Año y medio después de dejar el poder, la influencia de Trump sobre el partido conservador es mayor que nunca. El pecado capital de McKinley había sido votar en favor de la creación de una comisión bipartidista que investigase la toma del Capitolio el 6 de enero de 2021.

Trump se la tiene jurada a los 35 republicanos que se sumaron a los demócratas para una inversión multimillonaria que actualizará la infraestructura del país pero, sobre todo, a los diez que votaron a favor de su segundo 'impeachment' por haber incitado a la insurrección del 6 de enero. Faltaba solo una semana para que dejase el cargo, argumento que utilizaron los más de 200 congresistas republicanos que, pese a haber visto de cerca la cara más salvaje de sus seguidores, decidieron dejarlo correr.

Esa fue la oportunidad de impedir que vuelva a presentarse a las elecciones en 2024. La prueba de que el expresidente tiene la vista puesta en regresar a la Casa Blanca es que no ha destinado ni un céntimo de los más de 140 millones de dólares recaudados desde entonces a ninguno de los candidatos que usa para vengarse de los legisladores desleales, con una sola excepción: David Perdue, el exsenador que intenta desbancar al gobernador de Georgia, Brian Kemp, al que Trump culpa directamente de haberle hecho perder las elecciones. Con los 11.780 votos que el presidente le pidió al secretario de Estado de Georgia en una llamada telefónica que «le encontrase», el resultado hubiera sido muy distinto. Brad Raffensperger, un republicano de toda la vida que apoyó a Trump en las elecciones, se negó a cometer fraude y, además, hizo pública la grabación. Esa es la base de la investigación sobre fraude electoral que lleva a cabo la fiscal general de ese Estado. Una de las pocas vías que quedan para frenar el intento de Trump de volver al poder.

Apoyo a todos los «patriotas» contra los enemigos internos

En noviembre pasado Trump prometió en un comunicado su apoyo a todos los «patriotas» que estuvieran dispuestos a retar a sus enemigos en las primarias del Partido Republicano, empezando por los siete que votaron por su 'impeachment', con nombre y apellido. «¡Otros tres se han retirado ya!», señaló desafiante en el anuncio. Y por supuesto, «El Desastre de Alaska», como califica a la senadora Lisa Murkowski, «se tiene que ir», ordenó. «¡Casi no hay nadie peor que ella!», exclamó.

Lo mismo había dicho ella del expresidente tras la insurrección que tomó el Capitolio el 6 de enero de 2021. «Tiene que marcharse, ya ha hecho suficiente daño». De los siete senadores republicanos que se sumaron a los demócratas para inhabilitar a Trump, Murkowski es la única que tendrá que refrendar su cargo en las urnas el próximo 8 de noviembre. «Puede que yo sea la última persona que quede de pie, puede que no me reelijan», dijo al 'New York Times' antes de votar a favor de la primera jueza norteamericana del Supremo, Ketanki Brown. «Puede que la gente de Alaska prefiera a un republicano que se limite a estampar su firma en lo que le digan, y si ese es el caso, que así sea, pero yo les voy a dar una alternativa», aseguró Murkowski.

Su hora de la verdad llegará el 16 de agosto y todavía quedarán otras primarias hasta el 13 de septiembre. En cada una de ellas Trump medirá su fuerza y el control que tiene sobre el partido de sus predecesores Reagan y Bush.

Esta semana, Pensilvania le ofrecerá otra oportunidad con el doctor Mehmet Oz, una estrella de televisión a la que ha apoyado para que se quede con el asiento que ha dejado libre Pat Toomey, en otro Estado cuyos resultados electorales disputó hasta el final. «Y no os equivoquéis, esto va de Trump, porque si pierdo los medios dirán que está acabado», dijo a sus seguidores el candidato al Senado de Ohio antes de salir triunfante de las urnas. Y si ganan sus candidatos, Trump puede estar seguro de que en las próximas elecciones tendrá a sus leales en todos los puestos de poder.