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Trump expande su fuerza paramilitar

Trump expande su fuerza paramilitar

Chicago y Alburquerque se suman a Portland, con la amenaza de continuar en Detroit, Philadelphia, Baltimore y Nueva York

mercedes gallego

Nueva York

Jueves, 23 de julio 2020, 19:53

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Portland fue el experimento, pero a esa ciudad progresista de Oregón le siguió Chicago, la capital del crimen en Illinois, y ahora Alburquerque, en Nuevo México, según anunció Donald Trump el miércoles, con el aviso de que después irá a por Nueva York, Baltimore, Detroit, Filadelfia y todas las ciudades demócratas en las que pueda justificar el uso de la fuerza debido al aumento de la criminalidad que ha traído el coronavirus y las protestas de Black Lives Matter.

«Llegará un momento en el que tengamos que entrar con una fuerza explosiva», advirtió, «pero de momento estamos enviando más agentes para ayudar. Estamos arrestando a mucha gente que ha sido muy mala», dijo al hablar del operativo en Chicago.

La fuerza paramilitar que ha formado se compone de efectivos de la agencia de aduanas y patrullas fronterizas, inmigración, antidisturbios, guardia costera y otras agencias federales. No son muchos, pero tienen pocos miramientos. Se agarran a una ley aprobada tras el 11-S para proteger edificios federales y llevan acabo detenciones sumarías sin causa probable en vehículos sin identificar. Los detenidos pasan horas sin saber siquiera si están en manos de fuerzas del orden o milicias de ultraderecha. Los agentes de Trump no miden la fuerza. Descargan con furia gases lacrimógenos y pelotas de goma indiscriminadamente, hasta el punto de que el miércoles por la noche gasearon al alcalde de Portland, Ted Wheeler, sin que esté claro que supieran a quién apuntaban.

«Quiero dar las gracias a todos los que han salido a la calle para oponerse a la ocupación del gobierno de Trump de esta ciudad», dijo Wheeler a los manifestantes. «La razón por la que es importante es porque esto no está ocurriendo solo en Portland, sino que aquí estamos en primera línea». Así es como las protestas raciales que se iniciaron con el asesinato policial de George Floyd hace casi dos meses se están recrudeciendo, avivadas por él embate paramilitar del presidente.

Si el despliegue de Portland se encuadraba dentro de la 'Operación Valor Diligente', la de Chicago forma parte de la 'Operación Legend', que dijo haber inaugurada el mes pasado en Kansas en honor del niño de cuatro años Legend Taliferro, asesinado en esa ciudad. Según el presidente y su fiscal general William Barr, el cuerpo de federales arrestó inmediatamente a 200 personas para restablecer la orden, aunque luego Barr ha tenido que admitir que el dato corresponde a todos los detenidos por agencias federales desde el año pasado.

«En Chicago sólo ayer fueron asesinadas 14 personas», dijo el mandatario exagerando un dato que, en realidad, corresponde a todo el fin de semana pasado. «Chicago es un desastre y la alcaldesa está diciendo que no vayamos. En algún punto podremos anularla y puede que tengamos que hacerlo, porque aquello está fuera de control», explicó. «Asumo que lo dice por razones políticas. Es una demócrata, está cometiendo un gran error. Nosotros podemos resolver el problema, tenemos el mejor equipo y los mejores hombres. Chicago debería estar llamándonos, como Detroit y Filadelfia y muchos otros para que entremos a ayudarles, pero no lo están haciendo».

De aquí a las elecciones de noviembre sólo se puede esperar que el mandatario suba la apuesta para movilizar el voto del miedo del que se alimenta su candidatura, que tiene como gancho la elección de un hombre fuerte capaz de controlar el caos apocalíptico que él mismo crea. La estrategia funcionó en 2016 con la frontera y los terroristas musulmanes, y volverá hacerlo esta vez con la violencia en las calles de las principales ciudades estadounidenses, a veces real y otras provocada y exagerada por el mandatario con declaraciones que se hacen más reales sólo con desmentirlas. En los casinos políticos de Trump, la casa siempre gana.

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