Agentes recuperan pruebas en el lugar del tiroteo en Highland Park. / Efe

El detenido por la matanza del 4 de Julio es un rapero aficionado afín a Trump

El presunto autor deltiroteo que costó la vida asiete personas en Illinoisera conocido en las redessociales por sus cancionesy vídeos violentos

MERCEDES GALLEGO Nueva York

Durante 90 años Highland Park era conocido por ser la residencia de verano de la Filarmónica de Chicago, pero desde el lunes es el lugar de la matanza del 4 de julio. Igualmente, a sus 21 años 'Bobby' Crimo III era conocido en las redes sociales como 'Awake the Rapper' (Despierta al Rapero), donde algunas de sus canciones habían sido descargadas casi dos millones de veces. Desde que la Policía le detuviese ocho horas después de la masacre que conmocionó al país en el Día de su Independencia al dejar siete muertos de entre 8 y 84 años y cerca de cuarenta heridos, Spotify y YouTube han suspendido sus cuentas. Ahora solo es el presunto autor de la matanza de Highland Park.

Podía haber sido el hijo del alcalde, porque su padre quedó segundo en las elecciones locales, pero en lugar de eso solo fue el 'cachorro explorador' (Cub Scout) del que se ocupaba la actual alcaldesa, Nancy Rotering, cuando era pequeño. «Es una de esas cosas ante las que das un paso atrás y te preguntas: ¿Cómo es posible que ese niño se transformara en un ser tan enfadado y lleno de odio, capaz de quitarle la vida a gente inocente que solo estaba pasando un día en familia?», se preguntó la alcaldesa en la cadena NBC. «¿Cómo pudo ocurrir algo así? Era solo un niño».

Un niño lleno de tatuajes que grababa vídeos violentos y se ponía la bandera de Donald Trump como capa después de acudir a sus mítines. Había pistas escalofriantes, y no solo las esvásticas que imprimía en sus vídeos, sino las sangrientas imágenes animadas en las que llegó a aparecer él mismo con un rifle en una clase vacía. O su obsesión con las limusinas presidenciales y un periódico de hace casi 60 años que colgó en su habitación: «Lee Oswald asesinado durante el cambio de prisión», recordaba la portada sobre el asesino de John F Kennedy. Aún así, su familia dice no haber notado «ninguna señal» de que pudiera estar trastornado o tener intenciones violentas, dijo su tío a la cadena de televisión local. Crimo III era el mediano de tres hermanos y vivía con su padre y su tío, de origen italiano.

Nada hacía pensar que la tranquila ciudad de 30.000 habitantes que fundaran inmigrantes alemanes a mitad del siglo XIX, 40 kilómetros al norte de Chicago, pudiera convertirse en la escena de otro tiroteo sinsentido, salvo precisamente eso: los tiroteos masivos suelen ocurrir en los lugares más plácidos y tranquilos del país. El inquietante recordatorio de que podía haber ocurrido en cualquier sitio significaba eso: nadie está a salvo. Los tiroteos masivos son, a estas alturas, tan americanos como las barbacoas del 4 de julio. En esta zona de Illinois donde el lunes por la mañana cerca de 40 familias estaban en el hospital o en la funeraria, a muchas se quedó el carbón sin encender.

Los habitantes de Highland Park son abrumadoramente blancos y tienen un sueldo medio de 150.000 dólares anuales, que dobla la media nacional. Se ha descrito al pueblo como una de esas bonitas urbanizaciones acaudaladas con fuentes y césped, pero sin cancelas ni barreras que prohíban la entrada. Entre las celebridades que han vivido en sus plácidas calles, donde nadie teme salir a pasear solo de noche, destaca el entonces jugador de baloncesto Michael Jordan. Hay, con todo, algunos inmigrantes hispanos, como la familia de Nicolás Toledo, un abuelo mexicano de 76 años que vino hace dos meses a disfrutar de sus nietos. El lunes se resistía a ir con ellos al desfile, tuvieron que obligarle. Con su andador y sus problemas de salud no creía tener suficiente movilidad para manejarse entre la multitud, pero su familia no estaba dispuesta a dejarlo solo en casa. Para el pistolero que apuntaba su rifle desde la azotea de una tienda fue la mejor diana posible. Le cayeron cuatro disparos mortales. A su hijo, que intentó protegerlo, uno en el brazo. Y al novio de su nieta, otro por la espalda mientras corría para ponerse a salvo.

«¡Son tiros!»

En la Avenida Central por donde desfilaba la orquesta, en el momento en el que los disparos del rifle automático empezaron a sonar como una ametralladora, quedaron tiradas las banderas americanas, los sombreros del 4 de julio y hasta las bicicletas y los carritos de los niños. Al principio nadie se movió. Son días en los que suenan los petardos en cada esquina, anticipo de los fuegos artificiales con los que acaba la celebración de independencia en todas las ciudades. Hasta que alguien gritó: «¡Son tiros!», muchos seguían tranquilamente sentados en los bordillos grabando con los teléfonos a la orquesta que, repentinamente, había acelerado el paso y corría trombón en mano.

«¿Qué pasa?», se oye preguntar en uno de esos vídeos a una mujer con acento hispano. Podía ser parte de la familia Toledo, que tenía tanta ilusión en el desfile que colocó sus sillas en primera fila a medianoche. No hay nada sagrado en EE UU, salvo el sacrosanto derecho a las armas.