Walter Mondale. / AFP

Fallece a los 93 años Walter Mondale, el vicepresidente que vendía carbón

Icono progresista, acompañó a Jimmy Carter en la Casa Blanca y marcó un hito en la política al designar por primera vez a una mujer como candidata a la vicepresidencia en 1984

M. PÉREZ

Las generaciones más jóvenes de estadounidenses quedaron fascinadas a principios de este año cuando el presidente Joe Biden nombró como vicepresidente a una mujer, Kamala Harris. La decisión hizo correr ríos de tinta y miles de mensajes en las redes como una reivindicación femenina inédita en la más alta política estadounidense. La memoria es flaca. Antes que el actual jefe del Gobierno, otro demócrata, Walter Mondale, hizo lo propio al designar a Geraldine Ferraro como su compañera de candidatura electoral en 1984 frente a Ronald Reagan, que acabaría imponiéndose en las urnas. Icono del progresismo y precursor de la integración de los desfavorecidos y el empoderamiento en tiempos en que las mujeres no podían aspirar a puestos de poder, Mondale murió la pasada madrugada en su hogar de Minneapolis a los 93 años.

Según las declaraciones de sus allegados, puede colegirse que el veterano político murió sin lamentaciones. «Estamos agradecidos de que haya tenido la oportunidad de ver el surgimiento de otra generación de ajuste de cuentas de los derechos civiles en los últimos meses», ha manifestado su familia en referencia a la llegada de Biden a la Casa Blanca. Mondale tampoco le ha tenido miedo a la muerte. «Ha llegado mi hora», dijo el domingo a sus hijos y en un mensaje personal de despedida a sus antiguos colaboradores tras agravarse su estado de salud. Aunque la familia no ha desvelado la causa de su fallecimiento, el antiguo líder demócrata arrastraba problemas de salud desde que en 2014 fuera operado de corazón. Es posible que Mondale pueda ahora reecontrarse con su esposa, Joan, fallecida ese mismo año, y su hija, Eleanor Mondale Poling, que murió en 2011 de cáncer cerebral. El exvicepresidente tenía otros dos hijos, seis nietos y un hermano, que le han acompañado hasta el final en su hogar.

Walter Frederick, 'Fritz', Mondale forma parte ya de la historia capital de Estados Unidos. Ayudó a salir al Congreso y al Ala Oeste del oscurantismo de la etapa de Richard Nixon y sus complejos. Más empeñado en favorecer el avance del país que de quedarse enrocado en la Guerra Fría y los duelos armamentísticos, sus primeros pasos firmes en la política fueron como senador en 1964. Doce años después Jimmy Carter le eligió como compañero en la carrera hacia la presidencia de Estados Unidos. Los demócratas veían en él a un hombre eficaz y progresista, perfecto para formar un tándem con Carter, aunque a la postre la legislatura de ambos se vería afectada por las discusiones con el ala del partido que les consideraba demasiado liberales.

Como vicepresidente se enfrentó entre 1977 y 1981 a otros momentos azarosos, un mandato difícil marcado por una economía fuera de control, el peso de la crisis del petróleo y la desconfianza de los ciudadanos en el Gobierno tras el 'Watergate' y la guerra de Vietnam. También hubo de emplearse a fondo en episodios estrepitosos como la crisis de los rehénes en Irán, que contribuyeron a tornar en ingratitud el respaldo primigenio que los electores habían dado a Carter. En realidad, ambos eran las mentes pensantes y complementarias del Ejecutivo; tanto, que Mondale abandonó la tradicional oficina de la vicepresidencia ubicada en un edificio anexo para instalarse dentro de la Casa Blanca y mejorar la eficacia en la gestión con su jefe.

El exvicepresidente nació el 5 de enero de 1928 en Ceilán, una población de Minnesota a la que habían llegado sus antepasados noruegos hacia 1850. Hijo de un granjero reconvertido en pastor metodista y de una profesora de música, cantaba en bodas y repartía frutas y hortalizas a domicilio para contribuir a la débil economía familiar. De aquellas experiencias y de su estricta educación noruega aprendió dos cosas: a ser honesto y discreto, y a defender la democracia y la justicia social. Así llegó al Partido Demócrata Campesino Laborista de Minnesota. Coincidencias en el tiempo, Jimmy Carter, tres años mayor que él, también debió dedicarse a cosechar cacahuetes para salir adelante en su juventud.

Orville Freeman es un nombre clave en la biografía de Mondale. Éste le ayudó en sus campañas a la Fiscalía General de Minnesota y a gobernador del Estado en 1950 y 1958. A cambio, Freeman introdujo a su joven colaborador, licenciado en Derecho, en el ámbito de la judicatura. A los 32 años, Mondale ocupó el cargo de fiscal general. Sus colegas le consideraban tan reservado que rechazaban la posibilidad de que aprovechara esa posición para saltar más adelante a la política. Al igual que Joe Biden, participaba escasamente en las reuniones sociales donde se forjaban relaciones y era considerado un individuo aburrido que prefería entrar por una puerta secundaria para no encontrarse con el personal de la Fiscalía.

Pero quienes pensaban que el hijo del pastor de Minnesota nunca llegaría a la alta política se equivocaron. El Partido Demócrata le designó senador en 1964 en sustitución de otro progresista elegido para ser vicepresidente de Johnson, Hubert Humphrey. La cúpula de la formación se había quedado fascinada con algunos de sus logros como fiscal, entre ellos, el derecho a asistencia letrada gratuita de los indigentes y la regulación legal de las donaciones a organizaciones benéficas. El propio Humphrey le definió como un «político limpio, culto y nada abrasivo». En 1976 se produjo la llamada de Carter. «Durante nuestra Administración, Fritz usó su habilidad política e integridad personal para transformar la vicepresidencia en una fuerza impulsora de políticas dinámicas que nunca antes se habían visto y que todavía existen hoy», ha dicho el expresidente de 96 años sobre su «querido amigo» y el «mejor vicepresidente que ha tenido el país».

Mondale aprovechó la legislatura para activar varias leyes de carácter social: el acceso a la vivienda de la población negra (fuertemente impresionado por el asesinato de Martin Luther King), la integración escolar y los derechos de los trabajadores del medio rural, un pilar fundamental de la economía estadounidense pero sometido a una brutal precariedad. Sin embargo, la estrella del tándem de la Casa Blanca había declinado paulatinamente de modo que Carter y Mondale perdieron las elecciones ante el equipo formado por Ronald Reagan y George W. Bush. Mondale regresó a la abogacía.

En 1984 quiso reconquistar de nuevo la Casa Blanca postulándose como cabeza de lista y con Geraldine Ferraro nominada como la primera candidata para la vicepresidencia por parte de los demócratas en la historia estadounidense. Pero los tiempos habían cambiado. Nada más iniciarse la campaña, Mondale ofreció una entrevista donde anunció su intención de elevar los impuestos para reducir el fuerte déficit del país. «Reagan también lo hará, solo que él no lo dice pero yo sí», subrayó el político que no sabía engañar. Sus palabras pesaron como una losa durante toda la campaña. El electorado ignoró incluso el gran avance que suponía situar a una mujer en el segundo puesto más poderoso de la nación. La mayoría de las mujeres votaron por Reagan. A Mondale también le traicionó su anterior experiencia electoral. Ocho años antes la televisión no era un medio fundamental en una campaña ni tampoco resultaban clave los discursos propios de vendedores de crecepelo o el marketing gestual bien conocido por el actor con pretensiones de estadista. «Yo vendo carbón y Reagan petalos de rosa», dijo Mondale ttras la derrota en las urnas, donde se quedó con el 40,6% de votos frente al apabullante 58,8% de su rival conservador.

Carter y Mondale, en la convención demócrata de 1976. / REUTERS

Al exvicepresidente le quedarían aún otras dos intervenciones en la vida pública. En 1993, cuando el presidente Bill Clinton lo nombró embajador en Japón. Y en 2002, cuando se postuló para un puesto en el Congreso. Pero la política ya estaba en plena transformación y a Mondale se le achicó el espacio entre las rencillas internas de los demócratas y las ambiciones de los nuevos perfiles tecnócratas del partido. Eso sí, pasa ahora a la Historia como un discreto icono político cuya prolija biografía él mismo resumió poco antes de fallecer con una única frase: «Hice lo que pude».

El expresidente Barack Obama ha elogiado su figura como un defensor «de las causas progresistas que cambió el papel del vicepresidente para que líderes como Joe Biden pudieran ser los últimos en la sala cuando se tomaran las decisiones. Y al seleccionar a Geraldine Ferraro, también allanó el camino para que la vicepresidenta Kamala Harris hiciera historia». El domingo, horas antes de su fallecimiento, Mondale se despidió por teléfono de Joe Biden, Jimmy Carter y Bill Clinton. Luego envió un correo electrónico a todos sus antiguos colaboradores. «Solo quería decirles cuanto significan para mí», les confió.