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Alegría de los ciudadanos al conocer la sentencia del caso Floyd., precisamente en la plaza dedicada a la víctima en la ciudad de Minneapolis.

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Alegría de los ciudadanos al conocer la sentencia del caso Floyd., precisamente en la plaza dedicada a la víctima en la ciudad de Minneapolis. foto: Reuters | vídeo: atlas

Estados Unidos respira tras declarar culpable al policía que mató a Floyd

El jurado considera a Dereck Chauvin responsable de los cargos de homicidio en segundo grado, homicidio en tercer grado y homicidio involuntario

Mercedes Gallego

Nueva York

Martes, 20 de abril 2021

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«¡No puedo respirar!», suplicaba una y otra vez George Floyd en el vídeo que de su muerte que dio la vuelta al mundo». A la defensa del policía que no levantó la rodilla de su cuello hasta tres minutos después de que tomase su último aliento le llevó tres horas exponer los motivos por los que Derek Chauvin no podía ser responsable de su muerte, pero a esas alturas lo único que importaba eran los 9 minutos y 29 segundos grabados en vídeo que se desgranaron lentamente a lo largo de tres semanas de juicio.

«Y lo que han descubierto ustedes en este tiempo es que la muerte de George Floyd fue exactamente lo que vieron: un homicidio», dijo el fiscal al jurado multirracial durante el cierre de argumentos. «Hacedle caso a vuestros propios ojos».

Los doce hombres y mujeres justos de Minneapolis que tenían al país en vilo debían tenerlo ya muy claro, porque tardaron menos de diez horas en ponerse de acuerdo sobre los tres cargos: homicidio en segundo grado, homicidio en tercer grado y homicidio involuntario. Incluso la difícil pregunta de si fue intencional queda resuelta con su veredicto. Dos jornadas de deliberación de cuatro horas y media cada una para decidir lo que millones de personas que aguardaban en las calles tenían ya muy claro: que lo que mató a Floyd el pasado 25 de mayo no fue una actuación policial, sino un abuso de poder, con total indiferencia hacia la vida humana.

Para eso tuvieron que convencerse de que Floyd no murió por hipertensión, ni por los problemas de corazón que sufría, ni por las drogas ingeridas, ni mucho menos por el anhídrido carbónico que pudo inhalar atrapado junto a la rueda de un coche. Hubo alivio en las calles, pero no por eso se desinfló la presión. Todos sabían que lo que se dirimía dentro de aquel tribunal, rodeado de vallas tan altas como las que protegieron a la Casa Blanca durante los disturbios, no era solo la suerte de un policía, sino el alma del país.

Celebraciones

«No, no estoy contento», se resistía a celebrar Gary Johnson, que esperaba en una calle de Nueva York con su pancarta. «¿Es que un negro tiene que morir horriblemente en directo para que condenen a un policía?».

Era la familia de Floyd la que más celebraba. «Sé que somos una de las pocas afortunadas», admitió su hermano Rodney Floyd. En las calles, en vez de violencia hubo lágrimas y abrazos de cuantos se habían acostumbrado a esperar lo peor. Hasta el presidente Joe Biden se había preparado para calmar al país una vez que se conociera el veredicto, pese a que es costumbre de los presidentes de su clase no opinar sobre sentencias judiciales para preservar la independencia de poderes.

El juez tardará ocho semanas en dictar sentencia, pero Chauvin ya es parte de un club muy exclusivo: apenas el 1% de los policías que matan a alguien durante sus horas de servicio enfrentan cargos, la mayoría menores. Según un estudio de la Universidad de Bowling Green State University, desde el 2005 solo siete de los 139 policías acusados de asesinato u homicidio involuntario han sido condenados, aunque hay 43 casos pendientes. Uno de esos ocurrió también en Minneapolis, cuando en 2019 el agente Mohamed Noor fue hallado culpable de la muerte involuntaria de Justine Damon, una mujer australiana de 40 años que se acerco a su coche patrulla para denunciar una violación.

Entonces se entendió esa rareza por tratarse de una mujer blanca y extranjera. Floyd era un negro grandullón que tomaba drogas y se le acusaba de falsificar un billete de 20 dólares. Fue el trabajo de los que grabaron toda la crudeza de su muerte y declararon en el juicio lo que generalizó la indignación. Desde entonces, muchos policías de todo el país han vuelto la cara a los delitos que se cometen frente a sus narices al sentir que es la actuación de todos la que está en el banquillo.

Paradójicamente, en las encuestas los blancos demostraban tener más fe en el sistema. Los afroamericanos que vieron quedar impune las muertes de Eric Garner, Michael Brown, Tamir Rice, Breonna Taylor, Philando Castile, Sandra Bland, Trayvon Martir y tantos otros nombres que han pasado al panteón de los mártires de Black Lives Matter creían que este sería otro asesinato impune. «Ahora puedo respirar», lloraba una chica de color frente al tribunal de Minneapolis. Estados Unidos respira.

Veredicto unánime

El jurado de doce miembros -siete mujeres y cinco hombres que representan la diversidad racial de Minneapolis- deliberó a puerta cerrada. En sus instrucciones finales, el juez Peter Cahill destacó la gravedad del caso, que se produce en medio de una mayor tensión alimentada por otras muertes de personas negras a manos de policías blancos.

«No deben permitir que los prejuicios, la pasión, la simpatía o la opinión pública influyan en su decisión», dijo Cahill. «No deben considerar las consecuencias o sanciones que pudieran derivarse de su veredicto».

Se requería un veredicto unánime para la condena por cualquiera de los tres cargos: asesinato en segundo grado, asesinato en tercer grado u homicidio involuntario. Chauvin, un veterano de 19 años del Departamento de Policía de Minneapolis, enfrenta un máximo de 40 años de prisión si es declarado culpable de asesinato en segundo grado, el cargo más grave.

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