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El sospechoso del asalto en Lewiston entra armado en una bolera. Policía de Maine
Hallado muerto el sospechoso de los tiroteos que mataron a 18 personas en Maine

Hallado muerto el sospechoso de los tiroteos que mataron a 18 personas en Maine

Tras dos días de intensa búsqueda, la Policía ha localizado el cuerpo de Robert Card en una zona boscosa próxima al centro de reciclaje en el que había trabajado

Mercedes Gallego

Corresponsal. Nueva York

Sábado, 28 de octubre 2023, 06:38

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Robert Card está muerto. «Nuestra comunidad ya puede respirar tranquila», anunció a última hora del viernes -madrugada de este sábado en España- el jefe de Policía de Lewiston, David Pierde Maine. Era una extraña celebración para quien no conociera la angustiosa búsqueda que había tenido en vilo al pequeño estado de Nueva Inglaterra, donde hasta el miércoles por la noche no se conocían las masacres. El hombre de 40 años que tuvo en jaque a las autoridades durante 48 horas había dejado 18 muertos y 13 heridos en una bolera y un restaurante, en la que es la peor masacre del año.

A partir de ahí se le buscó por cielo, mar y tierra y aunque aún no se sabe cuándo decidió quitarse la vida, su muerte explica que, por muchos recursos que el estado y el FBI hubieran puesto a disposición de la Policía local, no se le encontrara hasta que apareció su cadáver. Fue en una zona boscosa cercana al centro de reciclaje donde trabajaba hasta el verano pasado, cuando fue ingresado durante dos semanas para evaluación psiquiátrica a petición de su comandante. Card, un militar en la reserva, oía voces. Por desgracia los psiquiatras que lo trataron no lo consideraron peligroso y le dejaron salir con derecho a seguir poseyendo armas de fuego.

De todo eso tendrán que responder en la investigación con la que la Policía no quiere interferir. De ahí la parquedad de la rueda de prensa. Por eso este sábado se desconocía el contenido de la carta hallada en su casa, al parecer una nota suicida que habría dejado a su hijo, según fuentes de Associated Press. Más de la mitad de los autores de tiroteos masivos en Estados Unidos acaban quitándose la vida, en línea con la estadística de que el 54% de las muertes con armas de fuego que se producen en el país son suicidios, según un estudio del Pew Research. Por eso se dice que una campaña para prevenirlos aliviaría la pesada carga de las masacres que se repiten cada vez con más frecuencia.

Como casi todos los que le precedieron en el macabro panteón de los tiroteos masivos, Card no pretendía salir con vida. La mayoría cuentan con pegarse un tiro en la cabeza antes de que lo haga la Policía. Ese pudo haber sido su caso, porque la zona en la que se ha hallado su cadáver estuvo acordonada el jueves. A solo un kilómetro y medio de donde dejó aparcado el coche, y relativamente cerca del Centro de Reciclaje en el que trabajaba, los agentes habían inspeccionado pronto ese paraje boscoso. Las fuentes de AP aseguran que en la nota dijo a su hijo que no dejaría que lo cogieran con vida.

Adiestrado e inteligente

Tras 48 horas de persecución, quedaba claro que Card era un tipo inteligente, adiestrado en dar esquinazo a sus perseguidores o estaba muerto. Resultaron ser las dos cosas. Si lo que pretendía era vengarse de su novia, con la que había cortado recientemente, no consiguió llevársela por delante. Algunas fuentes dicen que la bolera Just-In-Time Recreation, en la que dejó 7 muertos, y el restaurante Schemengees Bar & Grille, donde mató a otras 8 personas, eran lugares que frecuentaba con ella. Si la buscaba, no la encontró, pero por el camino mató a padres e hijos, como Bill y Aaron Young, este último de 14 años, que jugaban a los bolos; miembros de la comunidad de sordomudos, como Joshua Seal, un intérprete de signos, o Tricia Asselin, que estaba en la bolera con buena parte de su familia cuando Card la puso en la mira de su rifle.

Era un buen tirador, instructor de tiro en el Ejército, amante de la naturaleza y de la supervivencia, que conocía bien los alrededores y era capaz de esconderse en esa zona boscosa «durante mucho tiempo», advirtieron los vecinos, que recordaban que conocía aquellos parajes como la palma de su mano. Para evitar que nadie se lo tropezara antes que la Policía, las autoridades habían declarado el estado de sitio en la región desde hace dos días y prohibido la caza este fin de semana. No hizo falta. Quien quiera desahogar la rabia a tiros ya puede hacerlo, porque Card no volverá a apretar el gatillo.

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