Las cuatro parejas presidenciales que acudieron al World Trade Center. /afp

Las cuatro parejas presidenciales que acudieron al World Trade Center. / afp

EE UU invoca el espíritu del 11-S para unir a su sociedad

Las heridas de Afganistán amenazan con perpetuar las dos Américas desveladas durante el convulso mandato de Trump

MERCEDES GALLEGO Nueva York

No era momento de discursos presidenciales en un cruce irónico de la historia que ha vuelto a poner Afganistán y el 11-S en la misma página. Joe Biden llegó este sábado en silencio junto al resto de los dignatarios y se marchó sin bajarse la mascarilla, antes incluso de que las campanas marcasen la caída de la segunda torre gemela. Tocaba dejar el micrófono a los familiares de las casi 3.000 personas que murieron hace veinte años en ese camposanto en que los terroristas convirtieron el World Trade Center.

Muchos de los que subieron al escenario durante las cuatro horas que se tardaron en leer sus nombres nunca los conocieron. Eran sus nietos, sobrinos y hasta los hijos que aún se engendraban en el vientre de sus madres el día en que se quedaron viudas. Han nacido y crecido bajo la sombra de esas figuras congeladas que siempre les sonríen desde las fotografías. «Pese a que nunca tuve la oportunidad de conocerte siempre serás mi héroe. He oído tantas historias sobre ti…», confesaba Ashley Marina, fascinada para siempre por el mito de su abuelo.

Su generación les ha olvidado, pero sus familias no lo harán. «Jack tenía seis meses y Michael tres años. Todo lo que hacemos ahora es hablarles de ti y de tus días de gloria pasados. ¡Están tan orgullosos de su padre!», contaba la hermana de uno de los 343 bomberos fallecidos ese día.

Vídeo. Una joven, visiblemente emocionada, los nombres de todas las víctimas en los atentados del 11-S. / e. p.

El memorial de Michael Arad sobre las huellas de los dos colosos, inaugurado hace diez años, fue el sobrio escenario en el que se juntaron en silencio quienes aceptaron el suplicio de llegar de madrugada para atravesar los controles de seguridad. Lo demandaba la diana terrorista y la presencia de todos los presidentes de las últimas dos décadas, menos Donald Trump, que prefirió reunirse con policías neoyorquinos para reforzar su mensaje de ley y orden. Acompañaron a los dolientes Biden, Barack Obama y Bill Clinton, junto a las primeras damas, los líderes del Congreso, las autoridades de la ciudad y, por supuesto, el ex'alcalde de América', Rudy Giuliani.

La noche antes Manhattan era una fiesta. En uno de los últimos viernes del verano, la generación que no vivió el trauma del 11-S desbordaba las calles del Bajo Manhattan derrochando risas y alcohol, ajena a la pesadumbre de cuantos tienen ese día grabado a fuego en la memoria y lo han revivido esta semana con la sobredosis mediática.

La edad de la inocencia

Cualquiera de estos últimos caminaba este sábado melancólico, incapaz de disfrutar de otro día luminoso de septiembre sin la sombra de los atentados en la cabeza. Añoraban la edad de la inocencia que se perdió ese día, pero también el espíritu del 11-S que ayer se atrevió a recordar George W. Bush, porque «cuando se trata de la unidad del pueblo estadounidense, esos días parecen muy distantes de los nuestros».

No lo dijo desde el World Trade Center, donde el ceremonioso ritual de la lectura de los nombres no dejaba lugar más que a serenatas como la de Bruce Springsteen, sino desde Shanksville, el lugar de Pensilvania donde cayó el vuelo 93 de United Airlines. La rebelión de los pasajeros contra los secuestradores, que a esas alturas ya gobernaban el avión, simboliza el heroísmo que luego quiso continuar una generación de militares desplegados en Irak y Afganistán bajo la propaganda de Bush, que no dejó entrever el menor resquicio de arrepentimiento.

Sólo un grupo reducido de víctimas y familiares pudieron acceder al memorial. / e.Jones / afp

El expresidente que los mandó al infierno de ultramar agradeció el servicio de esos 800.000 hombres y mujeres que cruzaron el mundo para luchar a un país lejano, al igual que algunos de los familiares que ayer tomaron el micrófono, sin que ninguno se atreviera a decir que su esfuerzo se había desintegrado como los cuerpos de 1.200 personas de las que no se encontró ni un hueso.

Orgulloso del pueblo

«En las semanas y meses que siguieron a los atentados, me sentí orgulloso de liderar a un pueblo increíble, unido y resiliente», evocó Bush. Ahora, sin embargo, «hay fuerzas malignas que operan en nuestra vida cotidiana para convertir cada desacuerdo en una pelea y cada argumento en un choque de culturas». Era el caso de Trump, que hizo público un vídeo criticando «la ineptitud del gobierno de Biden», cuya mala planificación de la salida de Afganistán, que él mismo pactó, ha dejado 'humillado' al país en lo que «debería haber sido un año de honor, victoria y fuerza», criticó. «Por desgracia, tardaremos mucho en recuperarnos de esa vergüenza, pero no temáis, América será Grande de Nuevo».

Más que palabras de consuelo, sonaban a amenaza. El expresidente trama su vuelta al poder para las elecciones de 2024 y, sin mencionarlo, las palabras de Bush recogían el sentir de muchos. «Tanto de nuestra política se ha vuelto una descarada llamada a la rabia, al miedo y al resentimiento, que nos deja preocupados sobre nuestra nación y nuestro futuro juntos».

Bruce Springsteen interpretó una canción melancólica en recuerdo de las miles de víctimas. / e. jones / afp

Biden dejó la respuesta a su vicepresidenta, Kamala Harris, la mujer que hipotéticamente tendrá que enfrentarse con Trump o con uno de sus seguidores en las próximas elecciones. Con su mezcla de orígenes jamaicanos, asiáticos y afroamericanos, la primera mujer en ocupar ese cargo cree que si algo enseñó el 11-S «es que la unidad es posible en un mundo dividido». Sonaba a Obama apelando a «los mejores ángeles» de los estadounidenses a través de la guitarra de Springsteen durante la campaña que perdió Hillary Clinton, también presente ayer.

Pero si algo faltaba a todos los políticos era esa mirada interior y un 'mea culpa' que Joe Biden no tuvo. En respuesta a la pregunta sobre la debacle de Afganistán y la amenaza terrorista que le lanzó uno de los periodistas que le acompañaban, el presidente se reafirmó en sus trece. «Es difícil explicar de qué otra manera podíamos habernos marchado», replicó. «¿Puede regresar Al-Qaeda? Sí, ¿pero sabes qué? Que ya está de vuelta en otros lugares».