Trabajadores de la compañía de energía estatal, Duke Energy, intentan restaurar la energía en una subestación eléctrica dañada tras el ataque que provocó un corte de energía masivo en Carolina del Norte. / REUTERS

Un atentado contra centrales eléctricas provoca una crisis en Carolina del Norte

El FBI se involucra en la investigación que revela las vulnerabilidades de la infraestructura crítica

MERCEDES GALLEGO Nueva York

El atentado fue deliberado, de eso no hay duda. La cancela estaba rota, la puerta reventada y los disparos certeros que inutilizaron dos subestaciones de energía eléctrica el pasado fin de semana demuestran que alguien decidió a posta dejar sin electricidad a más de 40.000 hogares de Carolina del Norte.

La guerra energética no solo se lleva a cabo a gran escala en Europa por parte de Rusia. Los vándalos, o quizás terroristas domésticos, han tomado nota del poder de la energía que calienta nuestros hogares y enciende las luces de la civilización. Por eso el FBI anunció este lunes que formará parte de la investigación que intenta aclarar quién causó el apagón del condado de Moore, a dos horas de Charlotte. «Un ataque como éste sobre infraestructura crítica es un crimen intencional y serio, por lo que hay que esperar que las autoridades estatales y federales lo investiguen concienzudamente hasta traer a los responsables ante la justicia», dijo el gobernador, Roy Cooper.

Refugios

Las consecuencias de este «terrible atentado» obligó ayer a abrir refugios para que se calentaran los habitantes que han perdido la calefacción y alojar a quienes dependan de la electricidad para máquinas vitales de salud. Hoy los colegios del condado no pudieron abrir y ni siquiera se sabía hasta cuándo estarán cerrados. La compañía de energía estatal, Duke Energy, había puesto a todo su personal a trabajar en las reparaciones y, aún así, más de 30.000 personas seguían anoche sin electricidad.

¿Pudo ser obra de un empleado rencoroso? Todo es posible, ha dicho la Policía, lo que quiere decir que no tiene pistas claras. «Ningún grupo ha salido a reivindicar este atentado o aceptar que lo hayan hecho otros», declaró el sheriff del condado, Ronnie Fields. Lo que sin duda ha dejado al descubierto es la vulnerabilidad de una sociedad que puede venirse abajo con solo dar dos patadas a una puerta y unos tiros al aire.