Día negro con doble atentado en Kabul

05/09/2018

La minoría chií y la prensa vivieron este miércoles un día negro en Afganistán debido a un doble atentado en un barrio de este grupo religioso que causó al menos 20 muertos, dos de ellos periodistas, y alrededor de 70 heridos.

El ataque inicial se produjo a primera hora de la tarde local en el barrio de Dasht-e-Barchi, en el oeste de la capital, cuando un insurgente detonó los explosivos que portaba entre un grupo de atletas que se habían reunido en un club deportivo.

Apenas dos horas después se produjo el segundo atentado con un coche cargado de explosivos, una táctica habitual de los insurgentes, que buscan elevar las bajas al atacar a los equipos de emergencia y periodistas que acuden al lugar de los hechos.

Entre los 20 muertos y 70 heridos en el doble atentado, según un comunicado del portavoz adjunto del Ministerio de Interior afgano, Nasrat Rahimi, se encontraban varios periodistas.

"Hemos perdido a dos de nuestros mejores periodistas en el ataque de hoy en Kabul. Ninguna palabra puede explicar nuestro dolor", anunció en su cuenta de la red social Twitter Lotfullah Najafizada, director del canal de televisión privado afgano Tolo.

Mujeeb Khilwatgar, director de la organización en apoyo a la libertad de prensa en Afganistán NAI, confirmó en un comunicado la muerte de los dos periodistas de Tolo y añadió que otros cuatro resultaron heridos, todos ellos miembros de televisiones locales.

Los fallecidos son el reportero Samin Faramarz, de 28 años, y el camarógrafo Ramiz Ahmadi, de 23.

Además tres de los heridos pertenecen al canal Khurshid TV y el cuarto a 1TV.

Pocos minutos después de la primera explosión, Faramarz había comenzado a informar en directo desde el lugar del atentado, uniformado como de costumbre con un chaleco antibalas con el lema «Prensa».

Ataques a periodistas

A finales del pasado abril, en el peor ataque contra la prensa en Afganistán desde la caída de los talibanes en 2001, nueve periodistas murieron en un doble atentado suicida reivindicado por el grupo yihadista Estado Islámico (EI) en el centro de Kabul.

La organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) calificó ese doble atentado como el más mortífero en Afganistán desde 2001, por encima del ocurrido en 2016, cuando una acción suicida con un coche bomba causó la muerte de siete colaboradores también de la cadena Tolo.

Hasta el pasado 30 de abril, RSF había contabilizado el fallecimiento de once periodistas en territorio afgano en lo que iba de año, lo que convertía ya a Afganistán en el país más mortífero para los informadores en 2018.

Afganistán ocupa el puesto 118 de la lista mundial de la libertad de prensa de RSF, de un total de 180 países.

Condena de los talibanes

"Los ataques contra civiles y periodistas son un ataque contra la libertad de expresión y un crimen contra la humanidad", sentenció el presidente afgano, Ashraf Gani, según un comunicado del Palacio Presidencial, en el que calificó a los terroristas de "cobardes".

Los talibanes, como en anteriores ocasiones, se desvincularon del atentado.

En un mensaje en su cuenta de la red social Viber, el portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, aseguró que "los ataques de hoy en Kabul no tienen nada que ver" con ellos.

"El Emirato Islámico (como se autodenominan los talibanes) condena de manera enérgica los ataques contra civiles", subrayó Mujahid.

Dasht-e-Barchi, el barrio donde ocurrieron las explosiones, fue a mediados de agosto pasado objeto de otro atentado contra un centro educativo en el que murieron 34 estudiantes y más de medio centenar sufrieron heridas.

Esta no fue la primera vez que los insurgentes atacaban un centro chií, ya que ha habido casos de atentados contra edificios culturales y religiosos, especialmente de la minoría étnica hazara.

También a principios de agosto tuvo lugar otra acción contra la comunidad chií en la provincia de Paktia, en el este de Afganistán, donde 30 personas murieron y 81 resultaron heridas en un ataque suicida a una mezquita de esta minoría.

Los ataques contra esta comunidad suelen ser reivindicados por el grupo yihadista Estado Islámico.