Zelenski, en su intervención este martes ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. / EFE

Bucha sacude los cimientos de la ONU

Confrontado con el horror de Ucrania tras escuchar al presidente Zelenski, el Consejo de Seguridad se plantea la imposible reforma del organismo creado tras la II Guerra Mundial para evitar la repetición del horror

MERCEDES GALLEGO Corresponsal en Nueva York.

Ante un cuerpo diplomático acostumbrado a oír hablar de masacres y atrocidades, las imágenes de la localidad ucraniana de Bucha trajeron este martes al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas una nueva dimensión del horror. El poder del vídeo que presentó el presidente ucraniano Volodimir Zelensky iba más allá de la sacudida emocional que sintieron los diplomáticos frente a tantos cuerpos calcinados, torturados, ejecutados y retorcidos, sin perder las uñas rojas o la bicicleta. La supervivencia de la ONU está en juego.

Desde que el Informe César confrontó al Consejo de Seguridad con los cuerpos torturados por el régimen de Bashar al Assad en Siria, los embajadores no habían tenido que contemplar colectivamente tanto horror cara a cara. Si entonces solo se podía investigar el pasado, Ucrania hoy es el presente que pesará sobre las conciencias del mundo en el futuro por no haber hecho nada para impedirlo.

Ya no era solo Zelenski, apuntando a la existencia misma de Naciones Unidas por haber fracasado en la misión fundacional de velar por la paz del mundo e impedir la repetición del holocausto nazi. «¿Cuál es el propósito de esta organización?», les cuestionó el mandatario por teleconferencia. «¿Están ustedes listos para cerrar la ONU? ¿Creen que se acabó el tiempo de la legalidad internacional? Si la respuesta es no, tienen que actuar de inmediato».

Por si alguien se preguntaba porqué Ucrania tiene pero no Siria, Somalia, Afganistán, Yemen o Libia, Zelenski se les adelantó. «Para ser sinceros, todas esas guerras tenían que haberse parado hace mucho. Si se hubiera respondido a la tiranía al menos una vez, el mundo hubiera cambiado y, tal vez no habría guerra en mi país».

Cambio de lenguaje

Más de un mes después de que su embajador conociera en directo en esa misma sala por boca de su colega ruso que su país estaba siendo invadido, ya ni siquiera este, Vasili Nebenzia, hablaba este martes de «operación especial», sino de guerra. Todo el mundo sabe que si está durando más de lo que esperado no es, como dijo, porque las tropas rusas avanzan despacio «para no causar bajas civiles», sino porque la ONU ha fracasado en «las metas que se propuso en San Francisco en 1945 para la creación de una organización internacional, imposible de mantener sin reformas», dijo Zelenski.

Su mensaje de renovarse o morir resonó con fuerza en otros miembros del Consejo de Seguridad. El embajador de Brasil, Ronaldo Costa, lamentó que el cuerpo compuesto por 15 países, de los que cinco tienen asientos permanentes con derecho a veto -EE UU, Reino Unido, Francia, Rusia y China-, no haya sido capaz de hablar con una sola voz frente a este conflicto. La propuesta de impedir que Rusia utilice ese privilegio para evitar que se le castigue por sus propios crímenes se topaba con la supuesta neutralidad china, cuyo embajador Zhang Jun pidió que nadie se apresure a dar por buena la versión de ninguna de las dos partes, que culpan a la otra de las matanzas de civiles.

Pekin no permitirá que se arrebate a Rusia el poder del que dispone en la ONU, aunque no podrá impedir que la Asamblea General, donde sí votan todos los países, decida retirarle del Consejo de Derechos Humanos como persigue EE UU. Eso sí, nadie contempla la opción de disolver la organización, que Zelenski puso en la mesa como ya hiciera Hugo Chávez en 2006 cuando el mundo rezumaba indignación por la invasión estadounidense de Irak. Pero la idea de actualizarla en Ginebra con una oficina de acción rápida para mantener la paz y prevenir frenar violaciones de derechos humanos quedó en el aire y también en la boca de varios embajadores.