El presidente chino, Xi Jinping, asiste a una reunión virtual con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden. / foto: reuters. Vídeo: ep

Joe Biden y Xi Jinping se reparten las responsabilidades del mundo

Los mandatarios de EE UU y China destensan sus relaciones en su primer cara a cara, virtual, en medio de una grave crisis por Taiwán

MERCEDES GALLEGO Corresponsal en Nueva York

No era un encuentro entre viejos amigos, había aclarado la portavoz de la Casa Blanca Jen Psaki, sino entre viejos conocidos que, por primera vez desde que gobiernan las dos grandes potencias económicas del mundo, se veían cara a cara, aunque fuera a través de dos grandes pantallas. Xi Jinping debía saberlo, y tan pronto como se abrió el micrófono dijo estar muy contento de ver «a su viejo amigo», a lo que Joe Biden no tuvo más remedio que asentir.

En el maratoniano encuentro de más de tres horas, que tuvo hasta un intermedio para recuperar el aliento, Biden se permitió recordarle a Xi la responsabilidad que ambos tienen en sus manos, tal vez para darle su papel en la mesa y en el mundo. «Me parece que la evolución de nuestra relación tendrá un profundo impacto no solo en nuestros países sino, francamente, en el resto del mundo», le dijo.

Se habían conocido hace más de una década cuando ambos eran vicepresidentes y ya entonces su primer encuentro cerca de la plaza de Tiananmen duró cinco horas y media. Pasaron «una horrible cantidad de tiempo hablando el uno con el otro» mientras recorrían juntos China, rememoró Biden la noche del lunes (madrugada del martes en España). Pese a que hablan a través de traductores, el mandatario estadounidense cree que nunca fueron «muy formales» y confiaba en que este último encuentro propiciara la misma franqueza entre ellos, por el bien del mundo. «Tenemos que asegurarnos de que la competencia entre nuestros países no vira hacia un conflicto, intencionado o no», le advirtió.

Para eso propuso establecer «barreras de protección de sentido común» que les permitan ser «claros y honestos» en los desacuerdos, pero a la vez trabajar juntos en aquellas áreas en las que sus intereses se encuentren, «especialmente en temas vitales para el mundo como el cambio climático».

Xi ha sabido navegar entre los intereses personales de su antecesor, Donald Trump, al que prometió comprar 200 millones de dólares en bienes agrícolas y ganaderos que favorecieron su campaña en Estados como Iowa, y el multilateralismo de Biden, que fue presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Senado. «Si el pasado sirve de prólogo», le adelantó Biden en los diez primeros minutos que abrieron a la prensa, «discutiremos los derechos humanos, la economía y la necesidad de asegurar un Indo-Pacífico libre y abierto».

La fuerza del partido

En la mesa le acompañaban los pesos pesados de su gabinete, desde el secretario de Estado, Antony Blinken, hasta la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, pasando por el asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan. La Casa Blanca pensaba que Biden llegaba al encuentro virtual en posición de fuerza gracias a la ley de infraestructura que acababa de firmar, porque por primera vez en dos décadas EE UU invierte más que China en la modernización de su propio país. Sin embargo, Biden llega con un bajo índice de popularidad y la perspectiva de perder el Congreso en las elecciones de medio mandato, mientras que Xi acaba de recibir el espaldarazo del Partido Comunista para un tercer turno en el poder.

El pulso estaba altamente coreografiado, no solo en las pantallas de la sala por las que aparecía Xi, con su taza de té, sino hasta en el intermedio que tomaron las partes. El resultado, más allá de los comunicados de buenas intenciones, tendrá que trasladarse en los próximos meses a áreas de cooperación tan conflictivas como Taiwán, que se ha convertido en el eje estratégico de EE UU para influir en la región de Asia Pacífico y en un grave punto de fricción entre Washington, abierto aliado de Taipéi, y Pekín, que no permite bromas sobre su dominio sobre este territorio.