Una mujer discute con un talibán durante una manifestación. / EFE/Vídeo: Atlas

La vieja guardia talibán monopoliza el Gobierno del Emirato Islámico de Afganistán

El nuevo Gabinete estará encabezado por el histórico mulá Akhund, que figura en la lista negra de Naciones Unidas

MIKEL AYESTARAN Islamabad (Enviado especial)

Después de semanas de hablar de la formación de un «Gobierno integrador», los talibanes presentaron este martes un Gabinete interino sin concesiones de ningún tipo. El núcleo duro del movimiento integrista ocupa los puestos clave de una nueva administración que estará encabezada por el mulá Hasan Akhund, histórico del grupo, muy cercano al mulá Omar y exviceministro de Exteriores durante el primer emirato.

Nombres que durante dos décadas han estado en la clandestinidad, bajo la amenaza constante de los drones estadounidenses y en las listas de terroristas más buscados, salen a la luz para dirigir el Emirato Islámico de Afganistán, la nueva denominación para el país centroasiático adoptada por los talibanes. El Ejecutivo tiene que ponerse a trabajar sin perder un minuto porque hay un importante descontento en la sociedad y las protestas antitalibanes se han extendido a varias ciudades del país con las mujeres en primera línea.

El mulá Akhund figura en la lista negra de Naciones Unidas y con su designación se recurre a una persona de consenso en el movimiento y que en los últimos años ha jugado un papel clave en la shura de Quetta, consejo situado en Pakistán en el que los radicales tomaban sus decisiones importantes. Su número dos será el mulá Abdul Ghani Baradar, jefe negociador en Doha y uno de los rostros más populares desde sus encuentros con el exsecretario de Estado, Mike Pompeo. Baradar será el verdadero responsable político a la sombra del mulá Akhund.

El Ministerio de Defensa es para el mulá Yaqub, hijo del mulá Omar, y tendrá como número dos al mulá Mohammad Fazil Maz¬loom, que pasa de la celda de Guantánamo a tener un despacho en Kabul. La cartera de Interior estará en manos de una de las figuras más respetadas y temidas del grupo, Sirajuddin Haqqani, por quien Estados Unidos ofrece una recompensa por su labor al frente de la Red Haqqani. Mientras que los talibanes no están en la lista de grupos terroristas, esta red, anterior a la creación del propio movimiento y con enorme peso, lo está y se le acusa de algunos de los atentados más brutales de las últimas décadas.

Mensaje del Líder Supremo

El anuncio del Gobierno lo realizó el portavoz Zabiullah Muyahid y al poco de hacerse públicos los nombres se difundió un comunicado del mulá Ajunzadá, líder de los talibanes y ahora también Líder Supremo del Emirato. Por primera vez desde la victoria militar, Ajunzadá se dirigió a la nación y garantizó que «todos estos hombres trabajarán para imponer la sharia en el país». El Líder Supremo, figura parecida a la que tiene Irán con Alí Jamenéi, aseguró que «el Emirato no tiene problemas con ningún país» y pidió a los afganos que quieren irse al extranjero que se queden porque «todos somos necesarios en la reconstrucción de un territorio que sale de la guerra.

Ante el carácter profundamente sectario del Ejecutivo, Muyahid recordó que es «interino» y aseguró que en el futuro el movimiento «tratará de coger gente de todas las partes del país». Los pastunes forman la etnia mayoritaria, pero Afganistán es un crisol de etnias y tayikos, uzbecos, hazaras o baluchis también tienen un peso clave en la sociedad que no está representado en este equipo de la línea dura talibán. «Esperamos que todos los países del mundo reconozcan la legitimidad de nuestro Gabinete y de nuestro régimen islámico», reclamó el portavoz en un mensaje a la comunidad internacional, que ya puede juzgar a los talibanes por sus hechos y no por sus palabras tras desvelarse el perfil del gobierno.

Tras la conquista del Panjshir los islamistas esperaban recuperar la tranquilidad, pero una oleada de protestas lideradas por mujeres sacude el país y al menos dos manifestantes han perdido la vida en Herat por disparos talibanes. En Kabul fueron las marchas más numerosas, pero en la capital las nuevas fuerzas de seguridad dispararon al aire y practicaron numerosas detenciones. Se escucharon eslóganes contra los talibanes y contra Pakistán, país al que los afganos acusan de ser el gran apoyo de los islamistas, y también consignas a favor de la resistencia en el Panjshir.

«Estas manifestaciones son ilegales hasta que las oficinas del Gobierno no estén abiertas y se hayan proclamado las leyes», comentó Mujahid, que pidió «a los medios que no cubran» esos eventos. Varios periodistas fueron apresados por informar sobre las movilizaciones. Consultado por los gritos contra el vecino Pakistán, el portavoz talibán negó cualquier vínculo y aseguró que «decir que Pakistán ayuda a los talibanes es propaganda porque no permitiremos que ningún país interfiera». Estas palabras llegaron pocos días después de la visita del jefe de los todopoderosos servicios de inteligencia del país vecino a Kabul. Faiz Hameed se reunió durante el fin de semana con la cúpula talibán.