Manifestantes montan una barricada en una calle de Teherán. / efe

Las calles de Irán mantienen el pulso al régimen en la lucha contra el velo obligatorio

Las movilizaciones por la muerte de Mahsa Amini entran en su segunda semana y suman decenas de muertos mientras el Gobierno mantiene su política de mano dura

MIKEL AYESTARAN CORRESPONSAL. ESTAMBUL

Se llamaba Hadis Najafi, tenía 22 años y murió de seis disparos en Karaj, a las afueras de Teherán, según denunció su familia. Hadis se había convertido en uno de los símbolos de la revuelta contra el uso obligatorio del hijab debido a unas imágenes que se hicieron virales de ella recogiendo su pelo rubio en una coleta antes de una protesta. Un gesto tan habitual en otras partes del mundo se convierte en un desafío cuando se trata de las calles de Irán y se tiene delante a las fuerzas de seguridad que hacen frente a la revuelta social más grave de los últimos tres años.

Irán vive su segunda semana de movilizaciones tras la muerte de la joven Mahsa Amini a manos de la Policía de la Moral. Ya son al menos 35 los muertos, según los datos oficiales, pero activistas y organizaciones de derechos humanos aseguran que contabilizan muchos más. Las autoridades han advertido de que no tolerarán más caos en las calles y consideran que las movilizaciones están «alentadas por enemigos exteriores para derrocar a la república islámica». Son más de cincuenta ciudades las que han registrado violentos choques con la Policía, desde el Kurdistán iraní, zona de donde era original Amini, hasta las principales arterias de Teherán.

Cada día que pasa es más complicado obtener información debido a los cortes de internet impuestos por el régimen para dificultar la comunicación de los manifestantes. A esto hay que sumar la detención de reporteros locales, tal y como alertó la Asociación de Periodistas de Irán, que pidió a las autoridades la inmediata liberación de los colegas arrestados mientras cubrían las protestas. «Realizaban el desempeño de sus funciones profesionales», reza el comunicado de la asociación, en el que se informa también que sus casas fueron registradas por la Policía.

Artistas y deportistas

A falta de líderes políticos en las calles capaces de liderar el enfado de miles de iraníes y ofrecer una alternativa al sistema islámico, gente del mundo de la cultura o del deporte muestran su apoyo a las manifestaciones en las redes sociales. El director de cine Asghar Farhadi, ganador de dos premios Óscar, recurrió a Twitter para pedir «a todos los artistas, cineastas, intelectuales y defensores de los derechos humanos de todo el mundo que muestren su solidaridad con el pueblo de Irán grabando vídeos o escribiendo mensajes de apoyo». Desde el mundo de la música llegó el respaldo de Kayhan Kalhor, quien denunció que la red social Instagram censuró parte de sus contenidos, en los que mostraba su respaldo a las manifestaciones y criticaba al régimen.

La leyenda del fútbol nacional Alí Karimi, con pasado en equipos como el Bayern de Munich, compartió una imagen de una serie de proveedores de VPN que los iraníes pueden usar para evitar la interrupción de internet impuesta por el Gobierno y dirigió un tuit a los militares que obtuvo más de 140.000 'likes' en el que escribió: «Una patria les espera. No dejen que se derrame sangre inocente». La Guardia Revolucionaria reclamó el arresto de Karimi por su apoyo público a las protestas, pero hace tiempo que Karimi vive fuera de la república islámica.

La Unión Europea también reaccionó después de diez días de protestas y el Jefe de Política Exterior, Josep Borrell, declaró que espera que «Irán aclare el número de muertes y arrestos, libere a todos los manifestantes no violentos y brinde el debido proceso a todos los detenidos. Además, la muerte de Mahsa Amini debe investigarse debidamente y cualquier responsable debe rendir cuentas».