Xiomara Castro juró su cargo con una mano puesta en el corazón. / AFP

Xiomara Castro se convierte en la primera presidenta de Honduras

La esposa del exmandatario Zelaya, que rompe el tradicional dominio de la derecha, se enfrenta a un Estado impregnado por la corrupción y el narco

ANJE RIBERA

Xiomara Castro consiguió este jueves romper el techo de cristal en un país como Honduras, con escasa consideración hacia la figura de la mujer. Tras sortear un número incontable de barreras se convirtió en la primera mujer que dirigirá el Gobierno del pequeño Estado centroamericano. La política de izquierdas juró el cargo ante unas 29.000 personas en el Estadio Nacional de Tegucigalpa, donde también estuvieron presentes numerosos gobernantes mundiales encabezados por el Rey Felipe VI y la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, y que culminó con un discurso en el que la nueva mandataria puso como sus principales objetivos la lucha contra la pobreza que empuja a su gente a emigrar, el narcotráfico y la corrupción -los grandes males tradicionales- y la pandemia, que golpea con crudeza a sus ciudadanos aupada sobre un sistema sanitario precario e insuficiente.

Cuando todavía no se han apagado los rescoldos de la crisis parlamentaria que amenazó su liderazgo, Castro, de 62 años, anunció el inicio del «Gobierno del pueblo» después de «doce años de lucha y doce años de resistencia». La esposa del expresidente Manuel Zelaya, quien fue derrocado por un golpe de Estado el 28 de junio de 2009, pretende borrar la simple imagen de un país con islas paradisíacas para convertirlo «en un Estado moderno», basado en la conciencia social nacida de las protestas contra los sucesivos dirigentes conservadores y autárquicos. Por ello se espera que la coalición liderada por su partido, Libertad y Refundación (Libre), que puso fin a una supremacía de la derecha tenga una relación más cercana con los países de la izquierda latinoamericana, pero siempre con un ojo puesto en Estados Unidos.

Entre sus objetivos también se encuentra dar un impulso para la mejora de los derechos de las mujeres hondureñas, las grandes olvidadas durante el mandato de su antecesor, Juan Orlando Hernández, que ejerció la presidencia durante los últimos ocho años sin hacer nada por poner fin a las actitudes machistas y con altos índices de violencia contra la población femenina.

LA NUEVA PRESIDENTA:

  • Capitalina. Madre de cuatro hijos y abuela, Castro nació hace 62 años en Tegucigalpa y contrajo matrimonio a los 16.

  • Mujer de negocios. Licenciada en Administración de Empresas, dirige sus haciendas de ganadería, lechería, maderas y cultivos junto con su esposo.

  • Una persona calmada. De hablar pausado pero firme, se dirige a sus simpatizantes con un tono maternal y conciliador.

  • Aperturista. Castro se aviene a discutir el matrimonio entre personas del mismo sexo.

La legislatura de Castro se ampara en su rotunda victoria en las elecciones de noviembre -con más del 50% de los votos, quince puntos por delante del segundo, en un proceso con cerca de un 70% de participación-, pero será muy complicada porque acumula excesivos enemigos internos y deberá afrontar una precaria situación económica agravada por la violencia y el impacto de huracanes. Su desafío es tomar las riendas de un país que da claros signos de haberse convertido ya en un Estado fallido, con las estructuras del narcotráfico impregnándolo todo, después de que sus dos antecesores en el cargo hayan estado relacionados directa o indirectamente con el mercado de las drogas.

Puente hacia EE UU

La caída de Zelaya en 2009 facilitó un importante aumento del tráfico aéreo irregular desde Colombia, cuyos cárteles han utilizado Honduras como puente para trasladar su cocaína a Estados Unidos sin tener que pasar por México, donde los poderosos grupos del crimen organizado imponen sus propias reglas.

La violencia de las pandillas también parece irrefrenable. De acuerdo con Human Rights Watch (HRW), la Mara Salvatrucha y Barrio 18 son los mayores responsables del elevado índice de homicidios de Honduras.

Con la investidura de Castro llega también el final de un bipartidismo tradicional, de más de un siglo, marcado por los conservadores partidos Nacional, que ha ejercido durante los últimos doce años, y el Liberal, que desde 2013 fue relegado a segunda fuerza de oposición en el Parlamento.

Pese a un índice de pobreza del 70% de los 9,5 millones de hondureños, una deuda de alrededor de 15.000 millones de dólares y una economía que depende en gran medida del dinero enviado desde el extranjero por los emigrantes -más de 7.300 millones de dólares anuales, casi un 30% del PIB-, el pueblo ha depositado muchas esperanzas en Castro. «Ojalá que doña Xiomara haga una situación mejor para la gente más humilde. Las mujeres son nuestras madres y una madre consciente va a sacar el país adelante», aseguraba este jueves Santos Barahona, un jubilado, en el centro de Tegucigalpa.

Para desarrollar su plan, la nueva presidenta necesita del apoyo del Parlamento, donde no tiene mayoría. De hecho, dos facciones derechistas rivales de Libre decidieron elegir cada una a su propio presidente del Congreso, generando una crisis tras la inauguración accidentada hace cinco días del nuevo Legislativo.