El candidato a la Presidencia de Perú Pedro Castillo, del partido de extrema izquierda Perú Libre, preside un evento de cierre de campaña. / EFE

Votos para salvar Latinoamérica

Ecuador, Perú y Bolivia celebran hoy elecciones en medio de un fuerte castigo por la pandemia ante la urgencia de sacar adelante agendas políticas para la recuperación

IVIA UGALDE

Con una sensación de máxima incertidumbre al situarse ya a las puertas de la tercera ola pandémica, Latinoamérica celebra hoy un 'superdomingo' electoral. La segunda vuelta de las presidenciales en Ecuador, la primera ronda de los comicios peruanos para designar un nuevo jefe de Estado y la convocatoria para nombrar a los gobernadores de cuatro departamentos de Bolivia serán, sin duda, la gran cita con las urnas en la región.

Pero también supondrá un enorme y doble desafío: evitar que la megajornada se convierta en el caldo de cultivo para una avalancha de infecciones mientras se abre cauce a la democracia en un territorio devastado social y económicamente por el coronavirus y necesitado de una acción política urgente para iniciar la recuperación económica.

A las fuertes medidas sanitarias que estarán presentes para poner coto a los contagios, se le suma un ambiente enrarecido y crispado que tiene en Ecuador su mayor exponente. Las acusaciones de fraude siguen enturbiando la candidatura del conservador Guillermo Lasso tras recabar en primera vuelta un 19,74% de los votos, solo un 0,35% más que el ambientalista Yaku Pérez.

El ajustado resultado y la negativa del Consejo Nacional Electoral a realizar otro recuento ha fragmentado y desmotivado al voto indígena, clave para inclinar la balanza. Se perfila como favorito Andrés Arauz, el delfín del expresidente Rafael Correa que en la cita del 7 de febrero logró un 32,72% de apoyos.

El duelo de Lasso y Arauz será el choque de dos visiones antagónicas. El primero, un exbanquero de 65 años que intenta por tercera vez llegar a la jefatura del Estado y lidera el centroderechista Creando Oportunidades (CREO), es un incondicional del neoliberalismo que busca «promover una economía de libre mercado y abierta al mundo» para lograr un «crecimiento sostenible y generar empleo». También ha prometido reforzar la Justicia para investigar mejor la corrupción en el sector público.

Su rival, de la izquierdista Unión por la Esperanza, es el candidato más joven de Ecuador al tener 36 años. Fiel defensor del socialismo del siglo XXI de Correa, promete a sus simpatizantes «el buen vivir: trabajo digno para todos, salud y educación gratuitas, universales y de calidad».

La grandilocuencia de los mensajes no parece, sin embargo, calar en el sentir de una población que acudirá a votar entre la apatía, el desánimo y la indiferencia tras ver cómo sus condiciones de vida se han desplomado a raíz de la pandemia. El coronavirus ha sido la puntilla en un país que desde hace más de una década arrastra una desconfianza crónica hacia la política por la galopante corrupción. Buena parte de los 13 millones de ciudadanos convocados a las urnas confiesa que si no fuera por la multa que arrastra el absentismo ni siquiera acudirían.

Escenario de tensión

En la vecina Bolivia, el Gobierno confía en que sea Arauz el ganador de las urnas en Ecuador mientras él centra la atención en los comicios que hoy celebrarán los departamentos de Chuquisaca, La Paz, Tarija y Pando. Ahí, el partido de Morales, Movimiento Al Socialismo (MAS), buscará el control de las principales ciudades tras hacerse el pasado 7 de marzo con 240 alcaldías. La segunda vuelta electoral en estas regiones se celebra debido a que los candidatos no alcanzaron el 51% de los votos, o el 40% y una ventaja de 10 puntos porcentuales respecto al segundo aspirante para ser proclamados.

El voto se desarrollará en un escenario de tensión tras el arresto hace un mes de la expresidenta interina, Jeanine Áñez, acusada de delitos de «terrorismo, sedición y conspiración» en el denominado 'caso golpe de Estado', que precipitó la huida al exilio de Morales en noviembre de 2019 entre fuertes protestas populares y acusaciones de fraude electoral. Aunque entre rejas, la influencia de la exgobernante estará muy presente ya que el que fuera su ministro de Obras Públicas, Iván Arias, lleva la delantera al MAS en La Paz, uno de los principales fortines en la política boliviana al igual que El Alto, del mismo departamento, donde el partido gobernante perdió las elecciones en la primera vuelta ante la expresidenta del Senado, Eva Copa, una antigua militante a la que echaron del movimiento.

«Hay algo muy curioso porque en tres de los cuatro departamentos, la disputa será entre candidatos del MAS contra disidentes del partido. En el caso de Tarija es distinto, porque sí están compitiendo contra la oposición», señaló Marcelo Arequipa, doctor en Ciencias Políticas y profesor universitario en La Paz. Mientras tanto, la politóloga e internacionalista colombo-uruguaya Laura Gil señala que lo verdaderamente curioso de estos comicios es ver «si se logra consolidar una oposición al MAS que venga desde lo comunitario, que no sea una oposición desde la derecha».

La ventaja del izquierdismo en las elecciones de Ecuador y Bolivia contrasta con la sobreoferta de opciones a la derecha en Perú, que busca presidente en el bicentenario de su independencia. De los 18 candidatos, siete son claramente conservadores o muy conservadores. Otros tres podrían considerarse de centroderecha, y dos serían postulantes «antisistema» ultranacionalistas, militaristas, antifeministas, xenófobos y poco amigos de la comunidad LGTB.

La hija de Fujimori

En esa reñida batalla en la que compiten por los mismos caladeros de votos, Yonhy Lescano, del centroderechista Acción Popular, suma los mayores respaldos. Eso sí, su intención de voto no supera el 15%. De ahí la certeza de que el 6 de junio deberá disputarse una segunda vuelta electoral entre los dos aspirantes más apoyados.

Suena también con fuerza el nombre de Keiko Fujimori, la hija del expresidente Alberto Fujimori, que en 2009 fue condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad. Será su nuevo intento de llegar a la presidencia después de que en 2016 quedara a un puñado de votos de la jefatura del Estado. La irrupción del empresario millonario Rafael López Aliaga ha avivado la pelea, con su mensaje ultraderechista sin complejos que conecta con el ala más dura del fujimorismo.

Los ciudadanos, entretanto, miran con hartazgo la cita electoral, resignados a elegir al «menos peor», como subraya el politólogo Sandro Venturo. Perú, cuyo PIB ha caído un 11% y perdió dos millones de empleos en 2020 por la pandemia, tiene muy presente que sus últimos cinco expresidentes (Fujimori, Toledo, Humala, Kuczynski y Vizcarra) han sido condenados o son investigados por presunta corrupción.

Así, con la creciente percepción de que el país es un «Estado fallido» se ha convocado a más de 25,2 millones de votantes para elegir a un presidente, dos vicepresidentes, 130 congresistas y 5 representantes en el Parlamento Andino. Pero todo apunta a que no habrá una presidencia sólida, ni un Parlamento estable. «El Congreso estará altamente fragmentado, como el actual o más aún», resume Venturo.