Protestas en Cuba / AFP

Las protestas arrancan concesiones económicas al gobierno cubano

Internet vuelve a los móviles tras enfriarse las manifestaciones

MERCEDES GALLEGO Nueva York

Las históricas protestas del 11-J han tenido una respuesta inmediata del gobierno cubano, aparte de la ola de detenciones que le ha seguido. El presidente Miguel Díaz-Canel anunció el miércoles que su gobierno suspenderá temporalmente hasta el 31 de diciembre los aranceles aduaneros que impone a los productos que compran los cubanos en el extranjero, por lo que a partir del lunes podrán traer alimentos, medicinas y productos de aseo «sin límite de peso».

El ministro de economía, Alejandro Gil reconoció en el programa Mesa Redonda que era «una demanda hecha por muchos viajeros». Hasta ahora sólo podían introducir diez kilos sin pagar impuestos, pero el flujo de turistas les proporcionaba muchas maneras de sortear esas limitaciones. Con la pandemia la isla recibió el año pasado un 90% menos de visitantes y todo indica que este año será aún peor.

El desabastecimiento sólo es comparable al que sufriese el país en los años 90 por la caída de la Unión Soviética. Fue precisamente durante ese «período especial» cuando se dio el único precedente de protestas masivas contra el régimen que pueda compararse al del domingo. El gobierno respondió esta vez con una violenta carga policial que convirtió al fotógrafo español Ramón Espinosa, de la agencia Associated Press, en la cara sangrante de la represión. Al día siguiente la policía visitó en su domicilio a periodistas, escritores, artistas y activistas que participaron en las protestas para detenerles, amenazarles y confiscar sus equipos, entre ellas Camila Acosta, que escribía para ABC. Unas 150 personas siguen detenidas, de las cuales en muchos casos no hay noticias. En el caso de Enix Berrio, vicepresidente del Partido Demócrata Cristiano, desapareció al día siguiente de ser amenazado por las fuerzas de seguridad del Estado durante un interrogatorio de dos horas, según contó su familia a Human Rights Watch.

Con todo, la normalidad ha vuelto rápidamente a las calles de La Habana, en calma tensa, pero con relativo servicio de internet, servicio eléctrico y perspectivas de recibir mayor flujo de bienes esenciales. «Este gobierno está vivo y estamos buscándole soluciones al pueblo», dijo el ministro Manuel Marrero, que dio un parte detallado de las reparaciones en las centrales termoeléctricas. Desde el día 21 de junio los apagones planificados para seis horas se prolongaban casi todo el día, lo que agotó la paciencia de la población.

»Aquí los problemas los arreglamos entre cubanos», prometió conciliador el presidente Díaz-Canel. No opinan lo mismo en Miami, donde las imágenes de las protestas al grito de «¡abajo la dictadura!» han supuesto una inyección de optimismo para el exilio, que espera la caída del régimen comunista desde hace 60 años. La impresión es que el fin se acerca, porque nadie cree que Díaz-Canel tenga la fuerza de los Castro.

Frente al clamor mundial para que la Casa Blanca de Joe Biden elimine las draconianas medidas para endurecer el embargo que impuso Donald Trump en plena pandemia, el exilio de Miami busca apretar más las tuercas y demanda que Biden lo encare con un duro discurso. «Te han servido en bandeja de plata lo que le faltó a todas las administraciones anteriores: una revuelta popular masiva», le sermoneo desde las páginas del Miami Herald la columnista Fabiola Santiago. «Si lo echas a perder los demócratas pueden despedirse de nuestro voto para siempre», amenazó.