Una valla publicitaria con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, abrazando a su esposa, Cilia Flores. / EFE

Nicolás Maduro y su falsa Venezuela

El presidente ignora las quejas por la miseria o la opresión de su Gobierno mientras deposita en las elecciones de noviembre la esperanza de mejorar su imagen internacional

DAGOBERTO ESCORCIA

Existen dos Venezuelas. La que vende Nicolás Maduro y la que padecen los ciudadanos. Y no solo los que están en la oposición al régimen chavista sino también los que sufren las precariedades del país. Maduro se vanagloria de dar la bienvenida a 99 venezolanos que regresan tras poner fin a su aventura migratoria en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil. Dice el presidente que los compatriotas vuelven «con alegría para reencontrarse con sus familiares y demás seres queridos». Lo atribuye a un programa de su Gobierno llamado Plan de Vuelta a la Tierra. Reduce a 600.000 personas las que marcharon fuera «engañados por las redes sociales» y que luego se dieron cuenta que los países que los acogieron eran «neoliberales» y «neoesclavistas».

La ONU, no obstante, sostiene que han sido más de 5,4 millones de venezolanos los que han buscado una nueva vida fuera de su nación por culpa del régimen dictatorial de Maduro. De esos se calcula que solo unos 100.000 han aprovechado la oferta de vuelta en las que se les fleta un avión, se les prepara una gran bienvenida y son entrevistados por los canales mediáticos del Gobierno. Aparecen contentos y felices. Es el pacto. Es la Venezuela de Maduro.

Pero no vuelven todos. ¿Por qué? Porque, según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Venezuela sigue siendo un país donde las libertades no existen, continúan las desapariciones y detenciones de opositores al régimen y el sistema de abusos y torturas sigue vigente. A ello hay que sumar una pandemia que ha reflejado un sistema de salud deficiente, la escasez de gasolina y de productos básicos de alimentación, y que, en general, la población vive en un estado de pobreza extrema. «Los niños tienen hambre», dice una fuente a este diario que ha preferido el anonimato. «El programa de alimentación escolar no existe. Este país se ha convertido en la Corea del Norte tropical», añade. Es la otra Venezuela, la real. «El peor lugar del mundo», titula un interesante documental el periodista Luis Olavarrieta sobre la realidad que viven los niños con cáncer en el interior del país.

«Maduro prefiere vivir un mundo paralelo. Es la técnica del chavismo. Inventar, mentir, decir que ellos son los buenos. No habla de las torturas, ni de las desapariciones. Huye de la verdad». Las palabras corresponden a Luis Carlos Díaz, periodista que dice sentirse preso en su país desde que en marzo de 2019 fue detenido acusado de conocer los planes del gran apagón que sufrió Venezuela ese mes. Hoy no puede hablar de su injustificada detención. Cuenta con 493.957 seguidores en Twitter.

Anuncia que acabarácon los protectorados, un invento de Hugo Chávez para controlar los Estados y a sus gobernadores

En el día de la entrega del premio Simón Bolívar de periodismo (el pasado 28 de junio), Nicolás Maduro se dirigió a los comunicadores con las siguientes palabras: «Les invito a unir fuerzas por la paz, la construcción de la patria bella, próspera y grande. Defendamos la verdad. Derrotemos la manipulación y la mentira. Hagan de la palabra una trinchera para promover la paz». El premio fue repartido entre 14 periodistas, todos ellos próximos al régimen. «Ningún periodista no chavista ha recibido este premio en más de una década. La mayoría de los premiados trabajan en medios del Estado», añade Luis Carlos Díaz.

Maduro tampoco habló de los 84 medios de comunicación clausurados ni de los periodistas perseguidos desde 2014. La última amenaza pesa sobre el diario 'El Nacional', que para evitar su cierre tendrá que pagar una multa de más de 20 millones de dólares por publicar una información en la que decía que Diosdado Cabello, mano derecha del presidente, estaba siendo investigado por narcotráfico.

«La revolución fracasó solita»

Mantener el poder es el objetivo del líder chavista, que se abraza a China en el centenario del comunismo y que parece haber enterrado a su gran opositor, Juan Guaidó. De cara a eternizar su gabinete, y a obtener el perdón y el reconocimiento de la comunidad internacional, Maduro anuncia que después de las elecciones del 21 de noviembre eliminará los llamados protectorados en todos los Estados del país. La respuesta de los ciudadanos en las redes sociales es muy clara: «La revolución ha fracasado solita. Falla la luz, el agua, internet, la distribución de gas y gasolina es un negocio. No hay empleo. Elimine los protectorados antes de las elecciones. Ya».

El arquitecto de los protectorados fue Hugo Chávez. La pérdida de elecciones de su partido lo llevó a nombrar un protector del gobernador elegido por el pueblo, al que dotaba de todas las competencias. Una acción considerada antidemocrática que dejaba al gobernador como un cascarón vacío, sin dinero, ni poder sobre autopistas ni escuelas, hospitales. Todo estaba en manos del protector.

Para las elecciones del 21-N, Diosdado Cabello anunció el pasado viernes la lista de más de 300 aspirantes para 24 candidaturas todos pertenecientes a su partido, el PSUV. Algunos optan a la reelección, otros han surgido de las bases. Quieren el control total del país. «Lo que se viene es peor», señala Javier G., que acaba de instalarse definitivamente en Colombia. «Mandaran los militares sobre los civiles, y los 'milicos' son pura mafia, violan y roban», añade. Así es la Venezuela de Maduro.

El líder chavista denuncia un nuevo plan de Estados Unidos para asesinarle

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, denunció el viernes la existencia de un nuevo plan para atentar contra su vida y «contra la vida de importantes líderes políticos y militares de Venezuela», que atribuyó directamente a Estados Unidos. Según el líder chavista, el almirante Craig Faller, responsable del Comando Sur de las tropas estadounidenses, y el director de la CIA estuvieron recientemente en Colombia y Brasil con el fin de «ultimar preparativos para venir con un plan nuevamente violento». Maduró afirmó que la información procede de «nuestras fuentes en Colombia», que «son fuentes confiables que siempre nos han dicho la verdad».

El dirigente venezolano ha dicho haber sufrido una treintena de atentados en su contra en los últimos años y de todos ellos ha salido ileso «como el ave fénix». Sin embargo, sólo existen evidencias de un ataque, y todavía hoy está rodeado de dudas: la deflagración en agosto de 2018 de un dron cargado de explosivos en una calle de Caracas, cerca de donde el presidente ofrecía un discurso. Más de 45 personas fueron detenidas en el año posterior por estos hechos.

Durante la graduación de medio millar de oficiales, Maduro se preguntó el viernes si el presidente estadounidense, Joe Biden, tenía algún conocimiento de este presunto último plan para asesinarle, del que no ofreció más detalles. Y se preguntó si el inquilino de la Casa Blanca ha «ratificado las órdenes» del expresidente Donald Trump «de llevar a Venezuela a una guerra civil y de matarnos».