Lima vive tranquila el golpe de estado más extraño en la historia de la ciudad

Las caras de preocupación y los nervios eran, en cambio, una constante entre los turistas alojados en los hoteles de la ciudad

IGNACIO MEDINA

Nada en la calle hacía pensar en un levantamiento como los que el país ha vivido en otras ocasiones. En 200 años de independencia, el país ha tenido 130 presidentes, 131 si se cuenta a Dina Boluarte, que ha cogido las riendas del país tras la destitución de Pedro Castillo.

La reacción en general de la ciudadanía ha sido tranquila. El Museo Larco, en el distrito de Pueblo Libre, destino habitual del turismo que visita la ciudad cerró rápidamente sus puertas. Una empleada explicaba la situación. A poca distancia, Queirolo, la tradicional taberna criolla limeña, seguía con sus butifarras, sus sánguches de jamón y las primeras raciones y cervezas del día. La televisión prendida daba cuenta a los clientes del desarrollo de los acontecimientos.

La normalidad era la tónica dominante en la calle, salvo por el incremento del tráfico. Muchos padres abandonaron el trabajo para recoger a sus hijos en los centros escolares y trasladarlos a casa, mientras en las redes corrían las primeras convocatorias a la marcha de protesta que debía comenzar a las 15 horas en la Plaza San Martín, una de las tres grandes plazas el centro histórico de la ciudad. Las radios de los taxis, con el volumen alto y las ventanillas bajadas, servían para poner al transeúnte al día. Muchos se reunían alrededor de los televisores de bares y galerías comerciales para seguir los acontecimientos.

La calle reaccionó con tranquilidad a esta suerte de golpe de estado a la peruana. Algunos comentaban con sorna ese golpe dado por un Presidente a través de un mensaje en televisión, pero sin el apoyo del ejército, de la policía o de sus propios ministros, que lo abandonaron nada más conocerse el contenido de su intervención. Los acontecimientos les dieron la razón antes de la hora del almuerzo.

Las caras de preocupación y los nervios eran, en cambio, una constante entre los turistas alojados en los hoteles de la ciudad. En el lobby del glamouroso Hotel B, en Barranco, se cruzaban comentarios y consejos sobre trámites para intentar acelerar la salida del país.

Algunos negocios cerraron, como el Compucenter de Petit Thouars con Dos de Mayo, en Miraflores. El conglomerado, que acoge más de un centenar de negocios informáticos bajaba las persianas de sus dos entradas coincidiendo con el anuncio de la detención de Pedro Castillo. Poco antes, la comitiva de Pedro Castillo y su equipo de seguridad abandonaba el Palacio, siendo increpada e insultada a su paso por las calles del centro de la ciudad, en las que ya empezaban a reunirse los ciudadanos que atendían a las primeras convocatorias de concentraciones y marchas.

Eso fue prácticamente todo en los distritos residenciales, salvo en San Isidro, tal vez el distrito más conservador y elitista de la ciudad, cuyos vecinos bloquearon los accesos a la embajada de México en respuesta a la difusión de la noticia del abandono del Palacio Presidencial por una comitiva de coches que trasladaba a la mujer y los hijos de Pedro Castillo, al propio Pedro Castillo y al ya cesado premier, Aníbal Torres. El bloqueo se fue levantando conforme se supo que Pedro castillo y Aníbal Torres se había entregado en la Prefectura de Policía.

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