Cubanos en EE UU asisten a una manifestación contra el régimen de Díaz-Canel / EFE

El exilio cubano pide a Biden que apriete las tuercas al régimen

Las sanciones anunciadas por el gobierno estadounidense contra los altos cargos involucrados en la represión les parecen insuficientes

MERCEDES GALLEGO Nueva York

Ayer era día feriado en Cuba, pero la fiesta estaba en Washington. Mucho antes de que miles de personas salieran a las calles el pasado 11 de julio, al grito de «¡abajo la dictadura!», los cubanos del exilio habían contratado autobuses para manifestarse ante la embajada cubana de Washington el 26 de julio, aniversario del «Día de la Rebeldía Nacional», en palabras del diario Granma, órgano oficial del gobierno cubano.

El 68 aniversario del fallido asalto a los Cuarteles Moncada celebra el primer cañonazo de Fidel Castro al régimen de Batista, en la misma línea que muchos ven las protestas del 11-J contra el régimen que surgió de la revolución de 1959. Como entonces, los cubanos creen que los cimientos del sistema se han agrietado y, lejos de rendirse por la represión que siguió a esas protestas, creen que es hora de golpear más fuerte.

Los miles de exiliados que hicieron ayer vigilia frente a la Casa Blanca demandan al gobierno de Joe Biden que le apriete las tuercas al régimen. Las sanciones que anunció el miércoles contra los altos cargos involucrados en la represión les parecen insuficientes y exigen que el gobierno estadounidense reconozca a los grupos de la oposición recientemente surgidos, como el Movimiento San Isidro, y les de un papel de interlocutores internacionales. Algunos llegan aún más lejos y piden «una intervención humanitaria» en forma de flotilla que lleve a la isla un cargamento de medicinas y alimentos para paliar el desabastecimiento que prolonga las colas en los establecimientos estatales.

El gobierno cubano no quiere ni oír hablar de «intervención humanitaria», expresión que considera la frase en clave de la Doctrina Blair para una invasión militar, como los bombardeos de la OTAN en Kosovo de 1999. Incluso si solo se trata de introducir medicamentos al país, la sombra del «convoy humanitario» con el que Juan Guaidó intentó cruzar el puente de Tienditas desde la frontera colombiana en 2019 planea sobre la conciencia internacional. La propia Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) reconoció en un informe interno de abril que el envío, ordenado por el gobierno de Trump, «no se alineaba con los principios de neutralidad e independencia» necesarios para ser considerados ayuda internacional, porque ni siquiera se basó en una evaluación de las necesidades del país. De las 368 toneladas enviadas, solo ocho llegaron a Venezuela. El resto se quedaron en Colombia o se enviaron a Somalia, pero el intento provocó un violento choque con el Ejército venezolano que dejó dos muertos y más de 300 heridos.

Con todo, el exilio cubano en Miami anhela que Biden siga los pasos de Trump y repita la acción con una flotilla de cubanos. Al menos 18 autocares llegaron el domingo a Washington desde Miami, además de otros procedentes de Texas y New Jersey. El exilio tiene cogido al gobierno estadounidense por Florida, un estado que votó a Trump dos veces y que resulta clave para ganar la Casa Blanca. La última vez que un demócrata fue elegido gobernador de Florida fue en 1994 y todo indica que al partido de Biden no le irá mejor en las elecciones legislativas del año que viene, salvo que se sume firmemente a la lucha de los cubanos contra el régimen comunista. «Las protestas han sido una gran oportunidad para poner a prueba (el compromiso de los demócratas con el exilio)», publicó este fin de semana en su editorial el Miami Herald. «En lugar de pedir el fin de un régimen comunista represivo, algunos demócratas le echaron la culpa al embargo, copiando una página del guión de Castro y poniéndoselo muy fácil a los republicanos que les tachan de comunistas».

Eso es lo que llevaba en la cabeza gente como Lázaro Veida, un cubano americano de 56 años que, como tantos otros, voló desde distintas partes del país hasta Washington para asegurarse «de que Biden le pone más presión al gobierno cubano», dijo a las cámaras. «Por algún motivo no quiere hacerlo», se quejó. Los recientes testimonios de músicos cubanos como Silvio Rodríguez, que el miércoles pidió libertad para los detenidos que no hayan participado en actos de violencia, o los Van Van, otro símbolo del compromiso de la cultura con el Estado, avivan las esperanzas de quienes montaron ayer la fiesta de cláxones y banderas alrededor de la Casa Blanca y la embajada cubana.