Pedro Castillo / AFP

La mínima diferencia entre Castillo y Fujimori centra la atención en Perú

El izquierdista, con una ligera ventaja, se proclama vencedor pese a que quizá no haya un resultado oficial esta semana

ANJE RIBERA

Ya se conoce el sentido del voto del 99,79% de los peruanos que acudieron a las urnas en la segunda vuelta de las presidenciales del domingo. Sin embargo, aún está por determinarse el nombre del hombre o la mujer que dirigirá los destinos del país los próximos cinco años. La contienda entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori sigue abierta, según la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). Lo más probable es que se deba esperar incluso más allá de esta semana para finalizar el recuento. Hasta la última papeleta puede ser determinante en el resultado final a tenor del empate técnico actual.

Las sacas con sufragios que faltan por llegar son las que proceden de las zonas más rurales y selváticas –en principio favorables a Castillo– y las que deben enviar las distintas embajadas en el mundo con las preferencias de los emigrantes –todo apunta a que apoyarían a Fujimori–.

El izquierdista Castillo llevaba este miércoles ligera ventaja sobre la derechista Fujimori (50,20% frente a 49,7%, en total poco más de 70.000 votos) y ello le llevó a presentarse como ganador con el objetivo de generar optimismo entre sus seguidores, pese a que es sabedor de que el escrutinio tardará en arrojar un vencedor oficial. Desde la sede de su partido Perú Libre, en el centro de Lima, el profesor rural quiso también así desactivar la táctica de su rival, cada vez más partidaria de jugarse sus últimas cartas a las teorías de un fraude que niegan todas las instituciones y la comisión de verificación internacional enviada por la Organización de Estados Americanos (OEA).

Ante las posturas enconadas de ambos rivales los analistas independientes alertan sobre el riesgo de una explosión de violencia en el seno del bando perdedor, sea el que sea. Un gran número de simpatizantes de los partidos de ambos candidatos rodearon este miércoles de forma pacífica las inmediaciones de la sede central de la ONPE. Exigen revisar todas las actas y sufragios sospechosos –se han impugnado unos 300.000 votos– para determinar algún tipo de irregularidad. La Policía ya ha reforzado la seguridad en el perímetro de la sede del órgano electoral al comprobar que la tensión aumenta porque el ritmo del recuento se ha ralentizado.

La incertidumbre y la ligera ventaja de Castillo han generado dudas en los mercados financieros y la caída del sol al tiempo que un alza del dólar. Para tranquilizar la situación, el candidato izquierdista, que durante la campaña hizo gala de las propuestas más radicales, aseguró durante su intervención de la noche del martes –madrugada de ayer en España– que si gobierna no llevará a cabo expropiaciones ni nacionalizaciones. También se comprometió a respetar la autonomía del Banco Central. Hijo de agricultores analfabetos, su posible triunfo sacudiría a la élite política de la nación andina.

Mientras Fujimori, la candidata de Fuerza Popular que afronta en su tercer intento de convertirse en presidente, guarda silencio; Castillo pide «no mancillar» la voluntad del pueblo peruano y garantiza que su Ejecutivo será «respetuoso con la democracia y la Constitución actual» así con la «estabilidad financiera y económica». «Debo decirles que acabo de tener conversaciones con el empresariado nacional, que está mostrando su respaldo al pueblo», señaló. De cualquier forma, cuestionó «zancadillas como la subida del dólar, el coste del pan, del pollo, de la canasta familiar...».

Entre los analistas, David Sulmont, profesor de Sociología en la Pontificia Universidad Católica de Perú y exjefe de su unidad de votación, estima que «es poco probable que Fujimori supere a Castillo». «El margen puede seguir variando, pero creo que el izquierdista será el ganador» dijo sobre «una de las elecciones más ajustadas del país». Otros expertos consideran que «el triunfo de Castillo marcaría un gran avance para la izquierda latinoamericana en medio del creciente descontento por la pobreza y la desigualdad que se ha agudizado por la pandemia».

Un país polarizado

Las elecciones presidenciales son un simple reflejo de la polarización que sufre Perú en las últimas décadas por las crisis económica y política, a lo que ahora se une la pandemia. «Estamos divididos por dos visiones muy diferentes de lo que se quiere para el futuro», manifestó el lunes en la televisión nacional el presidente ejecutivo de la encuestadora Ipsos Perú, Alfredo Torres.

En su opinión, mientras Castillo, maestro y líder sindical, aboga por una profunda reforma que incluya una nueva Constitución y considera que el progreso económico sólo ha beneficiado a las clases más acomodadas y no ha resuelto las profundas brechas sociales; Fujimori defiende continuar con el sistema implantado por su padre, el expresidente Alberto Fujimori, hace treinta años, con un mercado abierto y promotor de la inversión privada.

El país andino también se encuentra fragmentado geográficamente. Por un lado está el «sur antisistema» favorable a Castillo y por otro las ciudades que votaron por Fujimori. Por ello, el escrutinio pone de manifiesto el fuerte contraste entre la capital y el norte frente al interior del país, que impulsó el ascenso de Castillo cuando se fueron contabilizando los votos de las áreas rurales y selváticas.

Con el voto del exterior sucede lo contrario, se decanta a favor de Fujimori, como recuerda el politólogo y experto en temas electorales Fernando Tuesta. Los emigrantes, que cuentan con un mayor poder económico y quieren ascender de clase al volver a Perú, son más conservadores