Un joven deposita su papeleta en Santiago acompañado de su perro. / Pablo Sanhueza/reuters

Boric garantiza que el proceso constituyente seguirá al margen del resultado de la consulta

Los chilenos participan en masa y sin disturbios en el plebiscito sobre la Carta Magna que debe sustituir a la promulgada durante la dictadura de Pinochet

ANJE RIBERA

El plebiscito para aprobar o rechazar el proyecto de nueva Constitución de Chile se caracterizó por la presencia, sobre todo en las primeras horas, de grandes colas, tanto en los colegios electorales abiertos en todo el territorio del país austral como en las comisarías de policía. Más de quince millones de chilenos fueron convocados el domingo a dar su opinión de forma obligatoria desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde –seis horas menos que en España–. Solo estaban excusados quienes durante esa jornada se encontraban a más de doscientos kilómetros de su domicilio habitual.

Los que no ejercieran su deber electoral se exponían a una multa. Por ello, muchos ciudadanos buscaban que los agentes les expidieran certificados que justificaran que no pudieron votar por problemas de salud, por no encontrarse en sus hogares o por impedimentos graves. Allí pasaban a formar parte de una lista que finalmente llegará a manos de los juzgados, que exigirán las oportunas pruebas.

Los políticos fueron quienes más madrugaron para mostrar su opinión. El presidente, Gabriel Boric, aseguró en su colegio electoral que hoy pretende convocar a una amplia unidad nacional con todos los sectores para seguir adelante con este proceso constituyente, sea cual sea el resultado que salga de las urnas. «Continuará porque tanto quienes rechazan la propuesta como quienes la apoyan se comprometieron a realizar reformas al texto o a iniciar un nuevo debate», señaló.

«Seguir adelante»

Al votar en su ciudad natal, la austral Punta Arenas, añadió que podía «garantizar la voluntad y acción de las organizaciones sociales, de la sociedad civil, de los partidos políticos para escuchar todas las voces para poder seguir adelante». «Ya sea para implementar el texto de la nueva Constitución, para lo cual hemos ya convocado a varios constitucionalistas y a diferentes personalidades de la sociedad civil, o para darle continuidad al proceso constituyente en caso de ganar la otra opción», precisó.

En los últimos días el mandatario sostuvo una serie de reuniones con dirigentes oficialistas preparando el escenario a partir de este lunes, cuando, según trascendió, Boric convocará a un consejo asesor que facilite la implementación de la nueva Carta Magna, de ser aprobada, así como la promoción de una nueva convención constituyente de imponerse el hipotético rechazo.

De cualquier forma, voces del oficialismo mantenían hasta última hora su esperanza de que los chilenos apoyaran el texto. La importante concurrencia de jóvenes a las urnas permitía aventurarlo. También alentaba la ilusión que el proceso se había desarrollado con tranquilidad y orden en todo el país, exceptuando algunos hechos de violencia en la macrozona del sur de origen mapuche.

Aunque las encuestas durante meses dieron como ganadora la opción del rechazo –y por tanto la continuidad de la Constitución establecida en 1980 bajo la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990)–, en las últimas horas circularon sondeos por redes sociales que daban un empate técnico entre ambas posturas.

Apoyo de los expresidentes

Al concurrir a las urnas, el expresidente Sebastián Piñera, si bien nunca explicó su voto, señaló que había «un compromiso por una nueva y buena Constitución». «Estoy convencido de que la ciudadanía chilena va a elegir con sabiduría el mejor camino para el país, porque digamos las cosas como son, llevamos demasiado tiempo de divisiones, de confrontación, de violencia, de inseguridad, y lo que Chile necesita es más paz, más unidad, porque solo de esa manera vamos a poder construir la casa de todos», dijo.

La expresidenta y actual directora de la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, votó desde Ginebra, donde invitó a «dialogar» una vez conocido el resultado. «Seamos capaces de sentarnos a conversar. Chile merece tener paz para progresar».