MARIA PICASSÓ I PIQUER

Teodorín Obiang, el derrochador heredero de Guinea

El hijo mayor del decano de los presidentes africanos exhibe en el extranjero coches y pisos de lujo. Jueces de Estados Unidos, Suiza, Brasil, Francia y Reino Unido le han requisado numerosas propiedades

PAULA URIZAR

Los atardeceres refulgentes sobre las playas californianas y los desayunos con brioches y cruasanes deben nutrir la nostalgia de Teodoro Obiang Mangue. El vicepresidente primero de Guinea Ecuatorial siempre supo que había un mundo fascinante más allá de su país, uno de los más pequeños de África, con una superficie similar a la de Galicia, y cruzó el Océano Atlántico, tal vez fascinado por Hollywood, el glamour parisino y la neblina londinense. Estudió en California y, entre clase y clase en la Universidad Pepperdin, compró una mansión en Malibú. Luego llegaron otras residencias en las capitales de Francia y Sudáfrica y también vehículos de alta gama, yates, joyas y obras de arte.

La adquisición de tantos bienes suntuarios atrajo, asimismo, la atención de la Justicia. Primero fue la estadounidense, luego la suiza y la brasileña. El pasado verano, el Tribunal de Casación de París confirmó una sentencia de prisión de tres años, exentos de cumplimiento, por malversación de fondos y blanqueo de capitales; y el gobierno inglés impuso la congelación de activos aduciendo, igualmente, delitos de malversación y la práctica de sobornos.

La añoranza del político, que ya cuenta 53 años, debe remitir a la belleza aerodinámica de sus dos Bugatti Veyron, valorados en más de 2 millones de euros. Porque el hijo del presidente Obiang, el decano de los dirigentes del continente, es un apasionado de los automóviles más exclusivos. Hace dos años, las autoridades helvéticas subastaron once Ferraris, Bentleys, Rolls Royce y, por supuesto Bugattis, que había confiscado al dirigente. Pero hay más, mucho más. En 2017, los tribunales galos requisaron todo un inmueble en la exclusiva Avenida Foch, un edificio con 101 habitaciones que albergaba otra flota de coches.

No hay manera de explicar racionalmente cómo aquel asesor presidencial, luego ministro de Agricultura y, actualmente, vicepresidente primero, pudo hacerse con un patrimonio que, aún hoy, no puede ser valorado en su totalidad. Pero los hechos extraños no son raros en la antigua colonia española. El territorio débilmente estructurado y económicamente inviable que se independizó en 1968, se convirtió en el país con mayor renta per cápita de África en la década de los noventa, tras el descubrimiento de ricos depósitos de hidrocarburos en su plataforma marítima.

La realidad mágica de Guinea Ecuatorial no se queda en este súbito enriquecimiento. El misterio sigue impregnando su historia reciente y es que, aunque sus ciudadanos deberían contar con unos ingresos similares a los de los franceses, dos tercios subsisten en condiciones de extrema pobreza.

Quizá otros sucesos expliquen esta aparente contradicción. En 2004, un informe del Senado de Washington reveló que el Banco Riggs, con el que trabajaba el Tesoro del país, albergaba depósitos vinculados al clan Obiang por valor de 700 millones de dólares, fondos desviados desde la cuenta de titularidad pública.

Pero el flujo clandestino puede recurrir a diversas artimañas. El empresario ruso Vladimir Kokorev está acusado de actuar como testaferro del Jefe de Gobierno en una gigantesca operación de compra de armamento para el Ejército local que incluía sobreprecios y comisiones.

La reputación de la elite ecuatoguineana se halla en valores ínfimos, pero hasta ahora la magnanimidad ha sido la tónica de Madrid y demás cancillerías occidentales con el sexto exportador africano de petróleo. Teodorín, o Teddy en Instagram, constituye la excepción a esa tónica. Su condición de 'bon vivant' es indisimulable y, por tanto, susceptible de atraer los focos mediáticos. La última medida del gobierno inglés ha suscitado la retirada del embajador, pero los esfuerzos diplomáticos se antojan vanos ante la magnitud de los excesos.

La impunidad parece asegurada. Otra cuestión es si el hijo mayor de Teodoro Obiang podrá sucederlo con estos antecedentes. Resulta una cuestión más estética que práctica. No hay realmente constancia de bandos dentro de las huestes del oficialismo, aunque algunas fuentes aseguran que existe un sector más proclive a su hermanastro Gabriel Mbega Obiang, nacido del segundo matrimonio con Celestina Lima. En cualquier caso, el gobierno de Malabo, o de Oyala, su nueva capital administrativa, realiza una defensa férrea de quien está considerado el delfín del presidente. Su control de la oposición política, débil y atomizada, hace más viable un golpe de Estado dirigido desde el exterior, como el frustrado de 2004 o el de 2017, cuya naturaleza aún sigue siendo una incógnita.

El origen de la fortuna

Los problemas para Teddy pueden proceder, curiosamente, del origen de su fortuna, de esos yacimientos submarinos que proporcionan el 95% del Producto Interior Bruto. La situación financiera se ha degradado por la crisis del petróleo, que ha influido en la disminución de la inversión extranjera, y la reducción de los niveles de extracción. Ante un futuro incierto sin su monocultivo, Guinea Ecuatorial trata de diversificar la economía con ayuda de créditos del Fondo Monetario Internacional.

La penuria podría generar inestabilidad en esa estructura clientelista que sostiene el poder, fracturarla y establecer facciones, sobre todo ante la hipótesis de que el presunto heredero, con capacidades cuestionadas, suceda al padre; o, como ha ocurrido en otras dictaduras, que el relevo se acompañe de una ola de represión puertas adentro. Teodoro Obiang Mangue, el dirigente sofisticado y cosmopolita, tiene un reto ante sí. Tal vez lo supere y siga fortaleciendo una dinastía en el Golfo de Guinea que, hasta ahora, va sobre ruedas de lujo.