La bandera de Libia ondea en el mastil del Parlamento, en la ciudad de Tobruk. / EP

Manifestantes queman el Parlamento de Libia

El bloqueo político y las duras condiciones de vida han provocado una violenta respuesta de la población

GERARDO ELORRIAGA

El Parlamento libio ha sido destruido por decenas de manifestantes que irrumpieron en su interior esta mañana con una excavadora y prendieron fuego a las instalaciones. El incidente es el más grave tras una jornada de protestas en las principales ciudades del país africano. El bloqueo político y las duras condiciones de vida han provocado una inusual respuesta de la población, cansada de soportar once años de inestabilidad.

La destrucción de la Cámara de Representantes, situada en la ciudad oriental de Tobruk, estuvo precedida por la lectura previa de un manifiesto en el que los manifestantes solicitan su disolución y la celebración de elecciones antes de final de año. La ira popular se vincula a la decisión de la institución legislativa de dar por finalizado el mandato de Abdul Hamid Dbeiba como primer ministro del Gobierno de Unidad Nacional tras no convocar las elecciones ejecutivas, previstas para el pasado diciembre. Los diputados ya habían elegido Fazi Bashaga como su sustituto, medida que arruina, una vez más, los intentos de acuerdo.

La destitución del dirigente, legal pero no realmente efectiva, vuelve a descarrilar el proceso de transición hacia un Estado reunificado y agudiza las diferencias entre el gobierno de Trípoli, al oeste, y el régimen que controla el este del territorio. Pero las concentraciones también se han producido en la capital. Allí, los convocados portaban chalecos amarillos, como los insurrectos franceses, y han clamado, asimismo, contra las dificultades cotidianas, que incluyen aumento de los precios de alimentos básicos y la falta de un suministro regular de energía.

Hartazgo

El hartazgo explica una iniciativa extraordinaria en las difíciles condiciones de seguridad de Libia. El país se halla dividido en verdaderos reinos de taifas, controlado por milicias políticas, de clan o religiosas, que sustituyen al Estado. Tras la caída de la brutal dictadura del general Muamar el-Gadafi en 2011, se celebraron comicios que no fueron respetados por los grupos armados. El resultado ha sido la anarquía y una larga contienda civil, con dos grandes centros de poder situados en Trípoli y Tobruk, y redes paralelas de alianzas con facciones locales.

Las hojas de ruta hacia la reintegración han fracasado por la oposición de cientos de milicias que controlan, de facto, uno de los países más ricos del continente gracias a sus inmensos recursos petrolíferos. Naciones Unidas ha impulsado el proceso de diálogo a través de citas con ambos bandos en la ciudad de Ginebra, pero todas sus iniciativas se han frustrado y la desconfianza mutua prevalece.