El hambre se cobra una vida en el Cuerno de África cada 48 segundos

Las organizaciones Oxfam Intermón y Save the Children han publicado un informe en el que advierten de que más de 350.000 individuos podrían morir si los países ricos no actúan rápidamente

GERARDO ELORRIAGA

La peor sequía en cuarenta años y la subida sin precedentes de los precios de los alimentos, provocan que, cada 48 segundos, una persona fallezca, víctima de inanición, en Kenia, Etiopía y Somalia. Las organizaciones Oxfam Intermón y Save the Children han publicado un informe en el que advierten de que más de 350.000 individuos podrían morir si los países ricos no actúan rápidamente. «La situación es desoladora», advierte Andrés Conde, director general de la segunda entidad, que apunta el fallecimiento de de niños, mujeres embarazadas y ancianos.

El cambio climático ha agravado el panorama en África Oriental. La prolongada sequía, impulsada por el fenómeno de La Niña, ha acabado con las reservas económicas de la población y diezmado sus ganados. La salud de los afectados se ha deteriorado y generado un aumento inusitado de la mortalidad. En 2011 una hambruna fue la causante de 260.000 fallecimientos y hoy se teme que medio millón de sujetos se halle ya en condiciones cercanas. Tampoco se trata de una crisis circunscrita al Cuerno de África. El dossier alerta del riesgo de morir para un tercio de los niños menores de cinco años en el Sahel, cerca de cuatro millones.

El vertiginoso aumento del precio de cereales y fertilizantes ha agravado la crisis. Rusia y Ucrania, los países en conflicto, son dos de los grandes exportadores de estos recursos y la guerra ha encarecido los suministros e interrumpido los envíos. El resultado ha sido inmediato. Desde 2021, las personas con hambre extrema en la región han pasado de 10 millones a 23 millones. Además, el nivel de endeudamiento de los Estados afectados se ha triplicado, pasando de los 20.700 millones a 65.300, lo que obliga a detraer fondos destinados a la protección social para satisfacer los compromisos financieros y anticipa futuras bancarrotas.

Las dificultades nacionales, la pandemia y la contienda en Europa Oriental, se han convertido en prioridades para los miembros del G-7, según denuncia el informe, y ese interés ha ido en detrimento de sus promesas hacia los países pobres. Ucrania ha recibido en torno a los 16.000 millones de dólares en ayudas, mientras, que, hasta la fecha, tan sólo se ha cubierto 93,1 millones, el 2% de los 4.400 millones de dólares del llamamiento de Naciones Unidas para hacer frente al hambre en África Oriental.

Hace cinco años, Etiopía, Somalia y Kenia, obtuvieron 1.900 millones en fondos de emergencia. «A pesar de que las señales de alerta eran cada vez más claras, la respuesta de los líderes mundiales ha sido lamentable: demasiado tardía y demasiado escasa, dejando a millones de personas en una situación catastrófica. El hambre es un fracaso político», señala Franc Cortada, director general de Oxfam Intermón.

La responsabilidad de los Gobiernos locales también es puesta de manifiesto en 'Un retraso peligroso: el precio de la inacción', el informe presentado hoy en rueda de prensa. El retraso de sus acciones e, incluso, su negación de la dimensión de la crisis, han empeorado el escenario. Más allá de los factores climatológicos, la catástrofe evidencia la falta de inversión adecuada en la agricultura y los sistemas de protección social. Pero hay más agentes implicados en el desastre. El análisis apunta, asimismo, a las organizaciones humanitarias y donantes por no priorizar el apoyo a las contrapartes nativas, preparadas, en muchos casos, para una actuación inmediata y apropiada a la relevancia del fenómeno.