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Vigías de la cumbre preparados contra el fuego

Se respiraba tensión e intranquilidad en el ambiente. «Hoy va a ser un día largo y como prenda algo, vamos a tener un duro trabajo por delante», decía mirando a la cumbre grancanaria el operario Manuel Sánchez el pasado viernes, cuando se activaba la alerta Delta-2 por altas temperaturas en Gran Canaria. Manuel era uno más de los quince efectivos que estaban ese día por la mañana en el helipuerto de Artenara, la base desde donde operan los dos helicópteros y sus respectivas cuadrillas contraincendios forestales en Gran Canaria.

Esta moderna infraestructura es desde donde parten todos los operativos aéreos para luchar contra uno de los grandes males del verano y que cada año arrasa numerosas hectáreas de la rica vegetación de la Isla. En Artenara, actualmente hay dos helicópteros Eurocopter AS-350B3, de lo mejor para este tipo de actividades por operatividad y facilidad de manejo en una orografía complicada como la de Canarias. En este caso, los dos pilotos que estaban de guardia eran Carlos Cifuentes y Luis Molano, viejos guerreros en la lucha contra el fuego y que han dedicado muchísimas horas de vuelo en sus vidas para pelearse con las llamas. «Nosotros estamos siempre a la espera de una llamada de alerta para ir volando al lugar del incendio. Allí el técnico valora el fuego y la manera de atacarlo y es entonces cuando dejamos en tierra a la unidad y nosotros comenzamos a recoger agua y apoyarlos desde el aire», comentaba Cifuentes en un día en el que el mercurio en Artenara marcaba los 38 grados centígrados.

Se trata de un trabajo de riesgo pero vital para el ecosistema del Archipiélago, que sufre sobremanera cuando las llamas lo castigan. «Este año están todos los embalses y depósitos llenos por si hay algún fuego y coger agua para extinguirlo, eso es positivo, aunque creo que vamos a vivir una estación con temperaturas muy altas», se lamentaba el piloto. Su compañero Luis Molano añadía que «los dueños de los depósitos y embalses de agua tienen que ser conscientes de que es necesaria para la extinción y si se coge de ahí, el Cabildo la repone de inmediato».

Equipo humano.

Este es uno de los eslabones de la cadena, pero como ellos mismos dicen, el principal son las cuadrillas que los acompañan en la aeronave y que luchan desde primera línea de fuego. Juan, José Antonio, Agustina, Gregorio, Samuel, Juana, Rayco, Pepe, Sánchez, Ramón, Alberto, Jorge y Juan Elías pasaban las horas a la espera de que no sonase la radio con alguna alerta. Son operarios de Medio Ambiente del Cabildo especializados en extinción forestal. Los primeros que llegan a las llamas y los últimos que se marchan.

«¿El helicóptero? Al principio es bonito, pero luego le coges respeto porque te puedes ir al suelo», se reía uno de ellos mientras suspiraba junto a sus compañeros de aventuras para que pase el verano y el monte de la isla no vuelva a sufrir el azote de las llamas.

Con el recuerdo presente.

Todos, tanto pilotos como operarios, siguen teniendo en mente el duro incendio del año 2007 que arrasó miles de hectáreas en la isla de Gran Canaria. «Fueron días muy duros y con unas condiciones climatológicas tan adversas que sólo se conoce otro caso en Australia», comentaba Carlos Cifuentes. «Allí pasamos horas y horas luchando contra el fuego. Recuerdo que pasamos una tarde en una carretera parando como porteros de fútbol las piñas que iban cayendo ardiendo desde el risco para que el fuego no continuase. Tras muchas horas, no pudimos evitar que cayese una y en minutos salimos corriendo porque las llamas nos rodeaban. Fue muy duro», relataba el capataz del grupo Presa-2, Pepe Medina.