Una vendimia en familia

Carlos Sixto De Inza Serrano
CARLOS SIXTO DE INZA SERRANO

La vendimia de este año y su baja producción han vuelto a poner sobre la mesa lo frágil que es el sector del vino de la isla, que se mantiene gracias al gran esfuerzo, sin apenas beneficio, de muchos viticultores y sus familias, sin los cuales el paisaje de zonas como La Geria habría ya desaparecido.

La familia de Juan Fajardo, de Tinajo, es un buen ejemplo para entender cómo funciona el mundo de la viticultura en Lanzarote, donde apenas sale rentable mantener una parcela, pero «por tradición», porque lo hacían sus padres y abuelos y «por no perder esta costumbre ancestral se sigue haciendo a pesar de todo el esfuerzo».

Como cada agosto, Juan, con la ayuda de su mujer, su hija que es estudiante y otros miembros de la familia, acuden a sus tierras, en las inmediaciones de Los Dolores, en Mancha Blanca, a recoger la uva. Este año se han dado cuenta de que la cosecha es muy escasa. «Cuando un año normal podíamos recoger 10.000 kilos, este sólo podremos sacar 1.000», afirma Juan Fajardo. Lo que toca. «De nuevo la climatología y la falta de agua han hecho mella sobre la parra y la producción no alcanzará ni para cubrir los costes de los abonos, los productos fitosanitarios y mucho menos el continuo trabajo que a lo largo del año conlleva el mantenimiento de la viña, pero pese a todo», explica el viticultor, «seguimos manteniendo la tradición y como cada año venimos toda la familia a vendimiar, que es lo que toca».

Sin embargo, el propio es consciente de que esta situación no durará mucho y de que las generaciones sucesivas con casi total seguridad no querrán seguir con esta carga, sobre todo si, como cada año, no se cubren los costes, y apenas se les dan incentivos para continuar. De hecho cada día se abandonan más las tierras por estas causas.