Se va pudiendo

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

Se acuerdan de aquel que se acerca a la puerta del excusado y a la vez que toca pregunta, ‘¿se puede?’, y una voz forzada le contesta, ‘se va pudiendo’. Aunque un poco almibarado, para no resultar soez, perdonen el tono escatológico, pero así va el país, de deposición en deposición.

Qué es si no, que un pequeño Nicolás y sus delirantes andanzas se conviertan en centro del debate nacional, con las principales instituciones del Estado apurándose a declarar que nada han tenido que ver con ese ultrapijo de banderita, en ácida descripción de Raúl del Pozo.

O la tardía dimisión de una ministra, hecha realidad sólo después de que un juez pusiese negro sobre blanco lo que le señaló desde el minuto uno, ser beneficiaria de la trama Gürtel, aunque para su pecunio queda, también, su nefasta gestión en el sinfín de crisis que han salpicado en estos años a la Sanidad pública. Y aún así, todavía los hay, entre su gremio, que se atreven a presentar su gesto como honorable, cuando sólo fue una exigencia del guión para no empañarle la sesión al presidente Rajoy en el Congreso, donde comparecía, horas después, para presumir de una cruzada anticorrupción, aunque, así pase el tiempo, no haya concretado medida alguna de las muchas prometidas y vuelva al suma y sigue de obviedades, como, por ejemplo, son más los honestos que los corruptos, pese a que éstos se cuenten por miles y sean graves los asuntos. ¡Oiga, qué alivio!

Por no hablar de toda una consejera de Cultura, ¡de Cultura!, del Gobierno de Canarias que se atreve a proclamar en el Parlamento que estaba en negociaciones con el doctor Gregorio Chil y Naranjo, fallecido en 1901, para resolver las miserias económicas que arrastra El Museo Canario, custodio, como ninguno o casi ninguno, de la historia insular y que, paradójicamente, agoniza por falta de apoyo institucional. Sólo el Cabildo de Gran Canaria se retrata. Así que, aquí también, mojones varios. La consejera, ignorancia alarmante aparte, mintiendo, porque difícil resulta parlotear con un más que centenario difunto y dejando claro que, al margen de que si de una vez El Museo ha de ser entidad pública, hasta tanto se resuelva el asunto, que tampoco parece que tengan demasiadas prisas para ello, poco les importa que languidezca su impresionante legado y lo mucho que todavía puede hacer. Y comparseros, todos los parlamentarios que oyeron la intervención de la responsable autonómica de Cultura y que no la corrigieron. De lo que se colige que o no le estaban haciendo ni caso, grave; o tampoco tienen ni idea de quién era el doctor Chil, egregio patricio de la cultura insular, muy grave, también.

Y como en este país de pudiendos casi todo pasa por los juzgados, viene uno a decirnos que aquello que nos vendieron desde el Ayuntamiento de Las Palmas de que El Confital ya era nuestro no es así porque los responsables públicos incumplieron el contrato de compra.

Pícaros, obviedades, medias verdades, ignorancia, mentiras. Y así, entre pudiendo y pudiendo, Podemos, para unos el redentor que redimirá todos los males, para otros el Satán que nos precipitará a un infierno aún más quemante que el actual, convirtiéndose en todo un fenómeno social. ¿A alguien le extraña?