Se va el caimán

David Ojeda
DAVID OJEDA

Podemos se puso canalla y eligió un bar de Vegueta para ir actualizando durante la tarde la aplicación del Ministerio del Interior. A pesar de la barra y los grifos de cerveza internacional, el ambiente fue contenido durante toda la noche. Ellos, erigidos por sí mismos como artífices de un nuevo orden político en esta España tan poco machadiana, eran conscientes de antemano de sus opciones en las urnas. Y se cumplió el pronóstico.

Javier Doreste, teniente de alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, leal meripitiense y fundador del partido en Canarias, fue uno de los que más claro lo veía. En la hoja política de Doreste hay cicatrices. Las que cuenta de sus años de comunismo activo cuando esta era una actividad prohibida, y las de un sinfín de historias en la orilla izquierda de la política isleña. Por eso, la tonadilla del colombiano José María Peñaranda se iba cayendo de sus labios a cada suspiro. "Se va el caimán, se va el caimán...".

Esta fue una canción prohibida en una España en blanco y negro, militares y obispos. Se entendía que era una cínica alusión a las constantes amagues de Franco por abandonar el poder. Algo que solo acabó haciendo a su muerte. Por lo tanto, tiene su simbolismo.

Para Podemos su caimán es el PP. Y en las Islas, la descripción encaja, con calceta de abuela, en José Manuel Soria. Pues Podemos no ha echado al caimán, pero ha barrido su liderazgo de un soplo. En poco más de un año, desde la movilización social, el ministro, poderoso imán del electorado canario, se diluye. Soria ha puesto mucho de su parte para ser despreciado por más de la mitad de sus votantes en la Isla. Pero nadie podrá negar a Podemos su desafío y victoria sobre la oligarquía política y empresarial asociada al PP; ni la retórica del miedo ha detenido su imparable ascenso en la Isla.