Jaula y arco iris

Los zombis de ATI

29/01/2017

Algunos pudieron pensar, con mayor  o menor ingenuidad que, tras la efervescencia inicial de los años noventa reclamando la hora de Tenerife, encabezada por Manuel Hermoso, el paso del tiempo y la asunción de responsabilidades políticas en el conjunto de Canarias había atemperado las apetencias de ATI y su voraz hegemonismo. Que superadas las AIC, en CC se sumergían todas las veleidades isloteñeras y que surgía, imparable, una conciencia global, de pueblo unido, de nacionalidad.

Nada de eso. Aunque en el período reciente tuvieron un líder, Paulino Rivero, en la organización y en el Ejecutivo, que, con aciertos y errores, pensaba y actuaba en clave  canaria, lo que nunca le perdonaron; y, además, estaba mucho menos entregado a los poderes económicos que quien hoy redacta leyes que parecen planificadas en el despacho de algún empresarial lobby. Unas buenas razones para guillotinarlo en plaza pública y boicotearle incluso, la mezquindad no tiene límites, sus legítimas aspiraciones directivo-futbolísticas.

Consideremos la etapa paulinista como un paréntesis. Como un período excepcional, con luces y sombras, de una personalidad, el expresidente Rivero, que evolucionó del insularista proyecto del que fue fundador tras el derrumbe de la UCD hacia posiciones nacionalistas. Capaz de enfrentarse a Soria y al Gobierno de España en el tema de las prospecciones petrolíferas, recogiendo el sentir de la inmensa mayoría de los hombres y mujeres de Canarias, y de romper con el clasismo burgués y señoritil de la cúpula de su partido.

Pero el paréntesis saltó por los aires con la nueva camada dirigente. Con un Carlos Alonso criado en las filas del conservadurismo pepero, que pasó sin traumas del nacionalismo español al nacionainsularismo atico y que reclama hoy las bases, los fundamentos y el espíritu más esencialista de la ATI profunda para estupor de Melchior y la vieja guardia.

Sus reiterados ataques a consejeras y consejeros del Gobierno de Canarias no solo eran agresiones a los socialistas, que lo eran, ante la actitud indolente de un presidente incapaz de defender lo más mínimo a sus socios, a sus entonces compañeros de gabinete.

También suponían demostrar sin tapujos su visión política de unas islas en las que, a su juicio, hay que debilitar a la Comunidad Canaria, a su Parlamento y a su Gobierno. Algo que podría entenderse, y lo dudo, en un presidente de cabildo, pero que, en ningún caso, podía contar con la complacencia del presidente de la Comunidad Canaria. Y la tuvo y la tiene.

todo el poder. Recordando este año en que se cumple el centenario de la revolución rusa, en vez de Todo el poder a los soviet, Alonso levanta la consigna de Todo el poder a las Islas o, sin eufemismos, Todo el poder a Tenerife. Pero para ello necesita la imprescindible complicidad del titular del Ejecutivo canario. Y la ha tenido con creces en asuntos como las competencias sobre las carreteras insulares o las partidas económicas destinadas a los planes de empleo. A la carta.

Para los planes de Carlos Alonso resulta imprescindible contar con un presidente del Ejecutivo situado en la misma onda. Dispuesto a desnudar la Comunidad Canaria para vestir, incluso de lujo, a los santos de las islas. De sacralizar la triple paridad y de pensar que entre personas y territorios no cabe el justo equilibrio: hay que apostar por los territorios que, a fin de cuentas, son los que permiten que el tercer partido en votos sea el primero en escaños y que, encima, gobierne.

Aunque ello suponga que Ciudadanos con más de 54.000 votos no tenga escaños en el Parlamento de Canarias y que ASG con 5.000, diez veces menos que los naranjas, tenga tres actas de diputado, que pueden ser claves para la gobernabilidad de Canarias; que a CC cada parlamentario le cueste 12.000 votos y a Podemos y NC, unos 19.000.

Pero llegó el presidente y mandó a parar; a parar la construcción nacional de esta tierra que ha avanzado con el proceso autonómico, con instituciones más allá de lo insular, con gobiernos y Parlamento, con leyes y decisiones políticas –educativas, sanitarias, en infraestructuras…- pensadas y ejecutadas, con mejor o peor fortuna pero en clave archipielágica, buscando resolver los problemas de las personas se hallen donde se hallen.

,mendicante y extractivo. Vuelve a abrirse paso el viejo insularismo, el más feroz y desestructurante, en manos de un nacionalismo que no va más allá de regionalismo mendicante y extractivo. Que mira a las tradiciones, al folclore, a la cultura popular, para fosilizarlas; que se llena la boca de apoyo al sector primario mientras colabora en que se coloque en poco más del 1% del PIB, camino de la irrelevancia y, además, ahora en riesgo con una ley del Suelo que posibilita un amplio tipo de actuaciones en suelo rústico; que divide en vez de unir a los canarios, que, en su propio partido, convierte en franquicias de ATI al resto de organizaciones locales de CC.

Un insularismo que, con o sin respiración asistida por parte del PP, intentará llegar hasta 2019 gobernando con escaso apoyo parlamentario y social. Pero que cuenta, eso sí, con una tropa mediática entregada, claudicante, justificadora de los más variados desmanes. Una parte, convencida del modelo en marcha que responde a sus planteamientos de siempre; a fin de cuentas, coherente. Otra, sobrevenida, atraída por intereses de todo tipo, por prebendas y regalías, reina del ocultamiento, de la filtración y del aplauso fácil. Sin el menor espíritu crítico. Sin dudas. Ni pudor alguno. Unidos estrechamente a los zombis de ATI. Los más vivos entre los vivos.