Las reacciones tras las urnas

Rafael Álvarez Gil
RAFAEL ÁLVAREZ GIL

Ayer ya se precipitaron algunas reacciones cuando, en realidad, lo que se antoja necesario es ostentar suficiente calma. Y, como era de esperar, ocurrió entre los dos partidos más votados (PP y PSOE) que observan la llegada con fuerza de Podemos y Ciudadanos. Tiempo habrá para tomar decisiones. Vayamos por partes.

Por un lado, es previsible que el PP aspire a liderar la negociación. Para eso es la lista más votada. No obstante, este escenario no tiene recorrido porque necesita en todo caso del PSOE bien para sumarse a una gran coalición a la alemana o, al menos, para facilitar la investidura. Mariano Rajoy lo intentará. Pero tampoco creo que vaya a forzar nada. La vicepresidenta estará preparada para la primavera. Rajoy se puede ir con la aparente tranquilidad de haber ganado, por lo menos, las elecciones. Por supuesto, de manera pírrica. Pero ya es algo después de todo lo sucedido. A mi juicio, durante la campaña electoral obtuvo algunos réditos. Ojalá, pensará ahora, hubiera salido antes del plasma. A mostrarse más accesible, mejor le fue. Pero ya era tarde.

Por su parte, la disyuntiva del PSOE es delicada. Está entre la espada y la pared. Es decir, si se entiende con los populares la factura a pagar será alta para el electorado socialdemócrata que no lo entendería. Será por falta de madurez democrática o lo que quieran. Pero es lo que hay. Y va de suyo que las presiones en aras de un acuerdo entre Ferraz y Génova aumentarán en las siguientes semanas. La otra opción es suscribir una alianza con Podemos y otras fuerzas nacionalistas que abogan claramente por el referéndum de la dichosa independencia. Aquí, sin duda, el precio a saldar es todavía mucho más alto. Vamos, que tiene que buscar otra dimensión que le haga escapar de esta encrucijada. ¿La líder andaluza? Puede ser. No sería de extrañar que hubiera primarias en 2016 para esos potenciales comicios generales. Eso sí, si pierde Susana Díaz queda desacredita en su tierra. Es un panorama complejo, muy complejo.

En fin, que las quinielas se quedan cortas ante este país supuestamente ingobernable por ahora que obliga a la búsqueda del consenso. Tarea quijotesca. Es normal que existan temores. Pero no se asusten. Por circunstancias del ajetreo diario me he visto obligado a escribir esta columna desde una tableta en una cafetería. En las mesas de alrededor sólo hay jóvenes y personas de mediana edad desenfadadas que se ríen del mundo. Viven relajados más allá de alguna preocupación seguramente menor. Todo sigue. La vida continúa al margen de los caprichos políticos. Aunque a veces se nos olvide.