Fútbol: UD Las Palmas

La cosecha de Juan Manuel

26/06/2015

Fue un espectador más en el domingo de gloria que vivió la UD con su remontada y triunfo ante el Zaragoza. En su butaca habitual de Tribuna, se dejó la garganta, como todos los presentes, en las celebraciones de los goles de Roque y Araujo. Y vivió con su gente los festejos por el regreso a la máxima categoría.  Sin estar en nómina, siempre ha sido un hombre de la casa, con hilo directo con Miguel Ángel Ramírez o Nicolás Ortega, y mantiene una amistad casi fraternal con varios jugadores.

Muchos de los héroes que ahora son venerados están donde están porque un día Juan Manuel Rodríguez les dio la alternativa. A David García lo fichó del Vecindario cuando competía en Tercera División. Por Nauzet Alemán se la jugó cuando apenas tenía 18 años. Y los hermanos Castellano y Roque, en etapas más recientes, también le deben su bautizo en categoría profesional. Juan Manuel ha vivido cuatro etapas diferentes en el banquillo de la UD. Ejerció de segundo con Pacuco Rosales en la recordada campaña 1995-96, coronada con el ascenso a Segunda División. Y ya en la categoría de plata, fue el jefe en la banda en las temporadas 2003-04 hasta su despido, bajo la presidencia de Manuel García Navarro, y con Miguel Ángel Ramírez, regresó en el curso en noviembre de 2007 hasta diciembre de 2008, y volvió a ser reclamado en febrero de 2011 para quedarse hasta junio de 2012. En todos estos ciclos cumplió con su máxima de   capitalizar la cantera apostando por jóvenes valores que no dejaban de ser meritorios con ficha amateur. Fiel a su máxima de «apostar siempre por el jugador de la tierra», en Pío XII reconocen el legado que dejó por encima de las estadísticas y logros colectivos. De hecho, la dirigencia no ha dudado en contar con su asesoramiento en numerosas ocasiones atendiendo a su ojo clínico en la captación de nuevos talentos.

Tres años después de su salida en el banquillo, esta UD, la que ha regresado a la cima,  sigue teniendo como exponentes a varios futbolistas en los que Juan Manuel Rodríguez ha sido artífice indiscutible. El tiempo, juez inexorable, coloca al entrenador grancanario en el sitio que se merece y que, definitivamente, le distingue por encima de otros predecesores. Porque el valor añadido de su trabajo y herencia tiene nombres y apellidos que, hoy, cotizan como pocos y van a lucir la amarilla en los grandes estadios.