la cantera que desveló la isleta

CANARIAS7

Cuando se empezó a excavar Roque Ceniciento, los mineros no sabían que estaban desvelando el misterio geológico de la formación de La Isleta. La islita, algo más pequeña que Alegranza, revelaba en la cantera una historia de 760.000 años que los geólogos quieren ahora proteger.

La cantera es un corte abierto en las entrañas de la montaña, un tajo de unos 75 metros de altura que se hizo el pasado siglo para obtener del suelo los bloques de escollera y áridos de construcción que requería el necesario hormigón para la ampliación de los diques.

"La actividad minera dejó un corte geológico de libro", explica la licenciada en Ciencias de Mar de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), Itahisa Déniz-González, autora de un trabajo de acreditación de la etapa de investigación que propone Roque Ceniciento como un Lugar de Interés Geológico, con lo que ello conlleva de obligación de conservación y difusión de su valor patrimonial.

"Es un libro abierto de erupciones estrombolianas", añade el catedrático de Geología, quien también es miembro del Instituto de Oceanografía y Cambio Global de la ULPGC y del grupo de investigación de Geología Aplicada y Regional. Fue hace 760.000 años cuando emergió la base del cantil. Aquí hay flujos lávicos formados por dos tipos de lavas: pahoehoe (llamadas lisas) y aa (malpaís). Los expertos aseguran que este tipo de material es propio de un vulcanismo estromboliano en el que los magmas basálticos se emiten al exterior a temperaturas de entre 1.200 y 1.300 grados centígrados de forma tranquila (o efusiva, como lo designan los científicos). Probablemente esta capa procedía de la etapa de actividad de los volcanes Montaña Las Coloradas, Lomas Coloradas y Cruz del Confital.

Justo encima quedan restos de un depósito marino que se corresponde con un aumento del nivel del mar que se produjo hace unos 480.000 años. "Es un nivel fosilífero con abundantes moluscos marinos que también aparece en la Punta de Arucas y en el barranco de Cardones", explica Mangas.

Si seguimos elevando la vista, luego nos encontramos con decenas de metros de flujos lávicos de los tipos pahoehoe y aa, si bien aparece un nivel de piroclastos de caída o dispersión, lo que indica que esta erupción estuvo caracterizada por una ligera explosividad.

El cantil se corona con dos lavas, una de 152.000 años, y otra más reciente, de unos 60.000 años, que proviene del volcán llamado Montaña del Faro.

Déniz propone acondicionar este espacio y aprovechar el corte para dejar visibles los diferentes estratos geológicos. "Se podría hacer un centro de interpretación de los volcanes de La Isleta o de la geología de Gran Canaria", asegura la autora de la investigación.