La Candelaria no era una virgen negra

Los historiadores no tienen dudas. La imagen de la Candelaria que encontraron los guanches en la costa de Güímar, y que adoraron como su señora no era una virgen negra. Por la época, unos 100 años antes de la Conquista, se trataría de una virgen gótica: blanca y de pelo rubio, como la virgen del Pino. El tiempo, el aceite de nuez con el que limpiaban la figura y el humo de las velas con el que los dominicos rodearon la imagen hizo que la talla fuera oscureciéndose hasta parecer negra.

CONCHA DE GANZO

Y así la vio el artista Fernando Estévez, el escultor tinerfeño que en el año 1827, un año después de que el mar decidiera tragarse la auténtica, hace la talla que hoy se puede ver en la basílica de Candelaria. Una imagen que el artista reproduce tal y como recuerda, no como en realidad había sido, no como en realidad llegó del mar y cautivo a los pobladores de aquella costa y de toda la isla. Tanto para los sacerdotes responsables de la iglesia de Santa Úrsula mártir, en Adeje, como para historiadores de la Universidad de La Laguna, como Gerardo Fuentes o María Jesús Riquelme, la virgen, la señora que llegó del mar por la costa de Güimar, más concretamente por la playa del Socorro, era una talla blanca. Una virgen gótica, con un niño en brazos y una pequeña vela, una candela, de ahí el nombre de Candelaria y que los antiguos pobladores de Tenerife mantuvieron a cubierto, y hasta medio en secreto, en la conocida como cueva de San Blas. Después con la llegada de los españoles y las primeras comunidades de religiosos, los dominicos se apoderan de la imagen, a la que cuidan con devoción, untando la talla con aceite de nuez, para evitar que se deteriore, y que además mantienen, día y noche, rodeada de velas. Precisamente el humo de los velones y el aceite van recubriendo a la virgen de un color moreno. El tiempo, el folclore y sus canciones van transformando a aquella imagen en la famosa virgen bonita, la más morena, la que tiende su manto desde la ermita hasta la arena, y finalmente la patrona de la diócesis nivariense pasa a ser una de las vírgenes negras con más devoción.

Cautela.

En el pueblo de Adeje creen firmemente que la imagen que ellos guardan con grandes dosis de cautela en la iglesia de Santa Úrsula mártir es la auténtica virgen de Candelaria. Dicen que el marqués de Adeje y Conde de la Gomera pidió que le dejaran la talla para hacer una copia y poder llevársela con él. En lugar de devolver la original, entregó la copia, y la virgen de Candelaria se trasladó a lomos de un burro hasta la Casa Fuerte de Adeje y después pasó a una pequeña capilla de su iglesia. Si esto llega a ser cierto, la imagen que se llevó el mar, en el temporal de 1826, hubiera sido una copia y no la auténtica. Sin embargo, según el vicedecano de la Facultad de Geografía e Historia de La Laguna, que cita al historiador Jesús Hernández Pérez, en aquellos años, siglos XVII y XVIII se harían muchas copias de la virgen. Es verdad que una de ellas, tal vez una de las primeras, sea la que está en la iglesia de Adeje. Eso también lo afirma uno de los párrocos de la ermita, Agustín Sanabria, «esta es la primera copia que se hizo de la que se llevó el mar». De ahí su importancia: se conserva como en realidad era la virgen que vieron los guanches, y no como la imagen que años después ve el escultor Fernando Estévez. Es una Candelaria oscurecida, morena, y así es como reproduce la talla que la gente tanto adora en la basílica de Candelaria.

Es la primera copia de la que hay noticias

Para los sacerdotes que ofician la misa en la pequeña iglesia de Adeje no existe ningún secreto. Esta es la primera copia de la virgen de La Candelaria de la que se tiene noticia, aunque reconocen que la gente, en general, siente especial devoción por la morenita.

Para Agustín Sanabria esto ha sido una cuestión de folclore, de música, de tiempo y del humo de las velas que ennegrecía las figuras. Poco que ver con ésta figura La talla de Adeje, propiedad del marqués de la zona, vivió durante bastante tiempo a buen recaudo. Por eso su existencia se había mantenido más o menos oculta, y sobre todo se ha salvado de posibles hurtos. No hay que olvidar que el marqués y conde de La Gomera, un señor con gran poder en aquella época, finales del XVIII y XIX, guardó la virgen en la Casa Fuerte de Adeje. Para él, como para otros muchos, la fuerza de aquella imagen era muy importante y por eso hizo tanto por mantener en un buen lugar esta Candelaria.

Recuerdos.

Precisamente antes de que un temporal se llevara la imagen de la Candelaria, Fernando Estévez (1788) pudo acudir en varias ocasiones hasta la iglesia de los Dominicos, la zona del convento que hoy se encuentra en un lateral de la basílica. Allí ve la talla de la virgen, y después recibe el encargo de hacer una reproducción. Sostiene Gerardo Fuentes, que el escultor nunca había a la virgen sin ropajes, por eso la imagen que él hace es una virgen tapada, una virgen recubierta y sobre todo una virgen morena. No hay que olvidar que los guanches encontraron a la imagen antes de la Conquista. Por eso cuando la ve y la estudia Estévez ha pasado mucho tiempo.

Las primeras imágenes elaboradas por Fernando Estévez ponen de manifiesto, como indica Ana Quesada, «su excesivo interés en conseguir un perfecto modelado, así como un estudio minucioso de las formas anatómicas». También se ha dicho que su escultura es más fría que la de Luján, bien por el carácter sereno del artista o por la influencia clasicista de la época que le tocó vivir, aunque algunos la consideran más exaltada que la del maestro. Mantendría esta actividad escultórica hasta 1854, año de su fallecimiento. Entre sus obras más destacadas: Nuestra Señora de Candelaria, Patrona de Canarias y que se encuentra en la Basílica de Candelaria, San Plácido en la iglesia de San Juan Bautista de La Laguna, el rostro de San José de la iglesia de la Concepción (Santa Cruz de Tenerife), Santa Rita de Santo Domingo de La Orotava, la Inmaculada Concepción titular de su parroquia de La Laguna, y así un largo etcétera.