Fernando Letang: "Gracias al 15M no hubo un estallido violento en España"

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A través de las redes reunió al primer grupo de ciudadanos que decidieron apostarse en San Telmo.

— ¿Cinco años después del 15M cómo ve las cosas?
— Todos sabíamos que no iban a pasar cosas drásticas, que iba a ir para largo. De hecho, después de las elecciones de 2011 salió el lema de vamos lentos porque vamos lejos. Después surgió Podemos, como algo natural. Se decía que el 15M se tenía que convertir en un partido, pero muchos de los que estábamos allí no pensábamos en eso. Sí me extrañó que cuando nació Podemos esperaba ver caras que me sonaran de verlos allí, pero Meri Pita o Noemí Santana no estuvieron. Aunque ellos han sido siempre bastante comedidos y nunca han dicho directamente que provengan de allí. Éramos un colectivo muy heterogéneo, y eso ha servido para cambiar algunas cosas. Los medios de comunicación o los fiscales saben desde ese momento que pueden denunciar corruptelas y va a haber gente que los apoye.
— ¿Valió la pena acampar en San Telmo?
— El 15M era un ambiente, no un camino hacia ningún lado ni nada por el estilo. Era un despertar, una forma de decir que estábamos allí; es muy difícil organizar una manifestación y que sea multitudinaria, pero en ese momento se demostró que llegados a un punto se estaba colmando el vaso. He leído a muchos sociólogos agradecer al 15M, porque sus formas de protesta pacífica evitaron que hubiera un estallido violento en España. Hubiera sido todo mucho peor si no se hubiera canalizado de esa forma.
— ¿Qué te motivó en aquel momento a lanzarte a la calle como uno de los precursores en Gran Canaria?.
— Yo usaba mucho Twitter en aquellos días y veía lo que pasaba en toda España. Por la noche empecé a leer que cinco personas se habían quedado a acampar en Sol, y que durante el paso de los días se fueron creando movilizaciones en otras ciudades. Entonces, sobre el 17, hice un grupo en Facebook contando lo que iba pasando en otras ciudades y proponiendo hacer algo en Las Palmas de Gran Canaria. Creamos una cadena, que fue lentita, pero esa tarde decidimos ir a San Telmo y allí pasamos la primera noche unas cinco o seis personas. Luego fueron llegando muchas personas. Recuerdo irme a Fuerteventura unos días y al regresar encontrarme con que había el doble de personas de las que había dejado.
— ¿Temió que se perdiera la esencia al dimensionarse tanto en tan poco tiempo?
— Había una asamblea que decidía las cosas. Se escribió un manifiesto muy largo, en el que yo no estaba de acuerdo en algunos puntos, y lo tuve que leer yo porque se desmayó el portavoz. Y si uno está dentro de un grupo heterogéneo entiende que el mensaje no puede ser único. Y ese es uno de los problemas de la izquierda, como uno quiere tener un partido exactamente a su medida acaba fundando otro. Eso pasaba un poco en el 15M, pero hubo que inculcar que había que alcanzar consensos de mínimos porque si no se pierde la fuerza. Hubo discusiones, y muchas votaciones, pero hubo unidad. Tener en cuenta que era imposible que estuviéramos de acuerdo, por lo que teníamos claro que los temas que eran secundarios tenían que quedar a un lado.
—Muchos partidos, que ahora elaboran sus listas en teoría por primarias, presumen haber entendido el mensaje asambleario, ¿crees que es una herencia real del 15M?
— Ahora se habla de nueva política, y yo creo que eso que vienen a llamar como regeneración vino de intentar calar en este ambiente. Luego llegó Podemos y demostró que las cuentas de los partidos pueden ser transparentes. Se vio que se pueden hacer las cosas de otra manera y avanzar. Y se han subido al carro. Creo que sí que viene de aquello, aunque luego los partidos de toda la vida no lo lleven a cabo realmente.