Esclavas y sometidas por la mafia y el vudú

Dejaron Nigeria en busca de su sueño, pero el potente clan mafioso que traficó con ellas y las trajo a Gran Canaria les ofreció prostitución, golpes y vudú. El trabajo de los once agentes de la Unidad Contra las Redes de Inmigración Ilegal y Falsedad Documental (UCRIF), Grupo III, África, de Las Palmas logró liberarlas de su martirio.

Compartían la ilusión que alberga la mayor parte de la población africana: salir de su país y volar a Europa en busca de su futuro. Pero ellas corrieron la peor de las suertes, al caer en las redes de un clan mafioso nigeriano que las engatusó con ese deseado trabajo en la tierra prometida. Por esa ilusión accedieron a participar en una ceremonia en la que no faltó un brujo, el sacrifico de animales, restos de difuntos y la invocación a sus dioses para sellar un pacto de lealtad inquebrantable a sus salvadores. Los mismos que, ya en tierra europea, las convirtieron en prostitutas en las calles grancanaria, las hicieron víctimas de palizas y vejaciones diarias, y sometieron su voluntad con vudú.

Sólo el deseo de salir de ese infierno les abrió al puerta hacia una libertad que lograron, paradójicamente, al ser detenidas durante la Operación Fortuna por los agentes de la Unidad Contra Redes de Inmigración Ilegal y Falsedad Documental, Grupo III, África, de la Jefatura Superior de Policía de Canarias. La selección. Pero la historia de estas jóvenes comienza cuando son elegidas por los miembros del clan encargados de captarlas, que buscan a chicas con un perfil muy concreto: guapas, pobres y con ganas de salir de Nigeria.

El primer paso es convencer a la familia y fijar la deuda que la joven deberá pagar por asegurarse un futuro en Europa. Una cantidad que oscila entre los 40.000 euros, si se hace el viaje en patera, y los 70.000 si se hace en avión y con documentos falsos.

Una vez ultimados los detalles, se celebra un ritual en el que están presentes la joven, su familia, un brujo, un miembro del clan y, por teléfono, la mami que la protegerá y guiará en su aventura europea, o lo que es lo mismo: su futura madam. Todo un montaje que persigue y logra que la joven jure fidelidad y obediencia a su mami. Al término de toda esa parafernalia, la muchacha ya ha quedado atrapada.

Un mes de viaje hacia la violación. Cuando la organización mafiosa lo necesita, organiza el viaje de la víctima a la costa marroquí, desde donde saldrá la patera que la traerá a Motril, en Granada.

Con ese destino, parten por carretera desde Nigeria, atraviesan el desierto del Sáhara, llegan a Argelia y recalan en alguna ciudad de Marruecos en la que el clan posee casas donde se alojan hasta que el cayuco parta. Ese viaje por tierra puede durar un mes y la espera para embarcar se puede demorar hasta un año. «Es entonces cuando para muchas de ellas empieza la tortura, porque en ese tiempo son violadas y algunas se quedan embarazadas o enferman de sida», señala Teresa Riera, inspectora de la Unidad de Extranjería del Cuerpo Nacional de Policía en Las Palmas. «Y aún embarazadas o tras dar a luz las embarcan rumbo a la Península. Las mafias saben que a una mujer en cinta no se la expulsa. Lo mismo ocurre cuando vienen con niños. Se dan casos de chicas sin hijos para las que han comprado un bebé para asegurarse de que se quedan en España».

Por ese motivo, cuando suben a la patera, casi todas llevan un pequeño, dentro de ellas o en sus brazos. «A las que envían en avión no les hace falta el niño. Además, es más costoso para el clan obtener papeles falsos para él». Pero el destino de esos bebés no está al lado de sus madres. Los niños se quedan en su primera parada en España: la localidad madrileña de Alcorcón. El clan posee allí su base de operaciones y todas las mujeres permanecen en una casa de la organización mientras se tramitan los papeles del asilo, y cuando cuentan con esos documentos, ya vuelan sin sus hijos a su destino definitivo: Gran Canaria en invierno y Mallorca en verano. Una vez allí, las muchachas que se niegan a ejercer de prostitutas son convencidas a base de palizas hasta que un día salen a la calle a trabajar.

Un pago de 3.000 euros cada mes. Una noche cualquiera de trabajo para estas mujeres comienza a las doce de la madrugada y se alarga hasta las siete de la mañana, tanto en las casas de la calle Molino de Viento, en la capital grancanaria, como en las zonas cercanas a los centros comerciales de Playa del Inglés, en el sur de la isla. Y así, un día tras otro, salvo los lunes, que es su jornada de descanso y siempre se trasladan a una vivienda de Vecindario propiedad del clan. Pero, trabajen o descansen, las chicas están continuamente controladas por miembros de la organización, e incluso por otras prostitutas que se han integrado en el clan y se encargan de vigilar.

Además, las jóvenes deben rendir cuentas a su mami cada lunes, para ir saldando su deuda. La cantidad a pagar varía según el éxito que tenga y el sitio en el que trabaje cada una, pero la media es de entre 2.500 y 3.000 euros al mes, limpios para la madam. Ellas apenas se quedan con diez o veinte euros y ni siquiera pueden enviar dinero a su familia. Y así pueden estar de dos a tres años, hasta completar el pago. Y cuando lo consiguen, aún deben cumplir dos requisitos: comprar un buen regalo a su mami y, en Nigeria, su familia tiene que celebrar una ceremonia para deshacer el juramento. Sólo así se ven definitivamente libres. Cuando eso ocurre, la mayoría de ellas va en busca de sus hijos que quedaron en Madrid, y o se dedican a la prostitución o buscan algún otro trabajo para sobrevivir en Europa.

El testimonio de una víctima abrió el camino policial. Fue el incremento del número de jóvenes nigerianas en las zonas habituales de prostitución de la capital grancanaria lo que puso en alerta a los agentes de la Unidad Contra Redes de Inmigración Ilegal y Falsedad Documental (UCRIF), Grupo III, África. «En cada prostíbulo suele haber una nigeriana y, de pronto, se veían tres o cuatro. El aumento fue notable en la zona de Molino de Viento y eso nos hizo sospechar», relata el jefe del grupo, el inspector Moisés González.

A partir de ese momento, los agentes comenzaron a tirar del hilo y comprobaron que, efectivamente, había cerca de una decena de nuevas prostitutas a las que se debía identificar y averiguar quién las controlaba. Tras conseguir esos dos objetivos, el paso posterior y más difícil fue buscar un testimonio que les pusiera sobre la pista decisiva. «En este caso, se trabajó conjuntamente con los compañeros de Madrid y Mallorca, y una de las chicas habló en al Península. Al investigar su relato, descubrimos que en una casa en Vecindario se controlaba a 20 muchachas. Su dueña, conocida como La reina de Vecindario, era la mami.

«La denuncia de las víctimas se produce por desviaciones de conducta», indica González. «Llega un momento en que las chicas empiezan a fallar. Algunas se quedan embarazadas y son enviadas a abortar a Alcorcón y todos esos gastos incrementan su deuda. Eso, unido a las palizas y las amenazas hacen que se harten, superen su miedo al vudú y hablen».

Tras culminar todas las pesquisas, la Unidad reunió las pruebas suficientes para que el juez y la fiscal de Extranjeros autorizaran la operación policial, que se realizó de forma coordinada entre las tres comisarías. En la actuación en Gran Canaria se arrestó a la mami de Vecindario y a una chica. Era verano y la macrorredada se realizó en Mallorca, donde se localizó e identificó a una buena parte de las víctimas y a los cabecillas del clan.

La 'Operación Fortuna' culminó con la desarticulación del clan de proxenetas nigerianos de mayor relevancia de la isla de Gran Canaria durante los últimos cuatro años. Una ardua tarea realizada por los once miembros de la UCRIF III (África) de la Jefatura Superior de Policía de Canarias que, sin embargo, todavía continúan con las investigaciones, con el fin de identificar plenamente a todas las mujeres traficadas por esta organización mafiosa. Y es que hasta el momento se ha detenido a 14 miembros de la organización en la Isla, Madrid y Mallorca , pero de la veintena de víctimas, por el momento se ha localizado a 12, así que aún queda trabajo por hacer.