En su sitio

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

La premisa. El de hoy no va a ser un día fácil. A saber: es bastante previsible que la Bolsa abra con una notable caída porque el dinero siempre es conservador y si algo está claro con el resultado de ayer es que la sociedad se ha apuntado a soluciones que están en las antípodas del conservadurismo; luego, seguro que desde alguna cancillería europea muy próxima ideológicamente al PP, como es el caso de Berlín, se advertirá con el riesgo de que España acabe convertida en otra Grecia... En fin, que nos espera una jornada de nervios, de histeria y de sensación de que España es ingobernable. Pero conviene bajar al suelo y poner las cosas en su justo sitio. Para empezar, quizás debamos recordar algo que es de perogrullo pero que a veces se olvida: la España que sale de las urnas es la que han decidido los españoles, y en democracia eso siempre hay que aceptarlo. Si alguien prefiere un Gobierno elegido por Berlín, la Comisión Europea o el Fondo Monetario Internacional, entonces ya no estamos hablando de un país soberano ni de un sistema de libertades basado en la decisión de sus ciudadanos.

Los ganadores. No habiendo mucho donde elegir, creo que claramente es Podemos. Algunos esperaban que superase en votos al PSOE y si no ha sido así es porque la implantación del Partido Socialista en toda la geografía y, sobre todo, el voto rural lo han salvado de acabar como tercera fuerza. Los de Iglesias logran algo que hasta hace dos años parecía impensable y ahora ya pueden tutear al PSOE y a Sánchez de cara a un hipotético Gobierno conjunto. Y en el bando de los ganadores, también incluyo a los partidos nacionalistas catalanes y el PNV, unas fuerzas que en esta campaña apenas han hecho ruido a nivel nacional pero que ahora pueden tener la llave de ese pacto de izquierdas que convierta a Rajoy en un recuerdo del pasado.

Los perdedores. Pierde el bipartidismo pero de manera menos severa de lo que temían muchos analistas, y si es así no es tanto por méritos propios como por el hecho de que en esa ecuación ha fallado Ciudadanos. El partido de Rivera entra con PP y PSOE en el bando de los perdedores porque sus resultados están muy por debajo de lo que decían las quinielas y los sondeos. Rivera fue al final el suflé que se suponía que iba a ser Podemos, pero en su descargo hay que tener presente que el sistema electoral lo penaliza de manera notable -para la reflexión queda la conveniencia de revisar el modelo de distribución de escaños en España-.

Y ya en clave canaria no se puede cerrar el memorando de perdedores sin mencionar al PP de José Manuel Soria, el hombre que lo tuvo y que lo dilapidó todo. Se puede consolar repitiendo hasta la saciedad que su partido ha sido el ganador en Canarias pero hasta él sabe que con unos resultados la mitad de malos otros dimitieron antaño en la presidencia regional. Y se puede consolar con sus edecanes -los pocos que van quedando- pero las urnas son contundentes: Soria descalabró al PP y ayudó a apuntalar el buen resultado de Rosell. A ver cómo se lo explica a Mariano Rajoy.