El tesoro japonés de Canarias

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

Un pedazo del país del sol naciente se esconde en los depósitos de la Casa de Colón. Se trata de la colección de estampas japonesas de Daniel Montesdeoca. Con los años, el historiador del arte ha ido acopiando, no sin esfuerzo, una de las colecciones europeas más importantes de grabado nipón.

Japón vivió su mayor esplendor en el periodo Edo (1695-1868), que quedó reflejado en estampas e ilustraciones de libros realizadas por los artistas de la escuela Ukiyo- e. Paseos por los idílicos y delicados jardines, espectáculos de teatro tradicional y visitas a las casas del placer ocupaban el tiempo libre de la burguesía nipona. Todas estas estampas populares quedaron retratadas en xilografías que aún fascinan a amantes del arte de todo el mundo. Uno de ellos, el canario Daniel Montesdeoca, posee una de las colecciones más importantes de Europa de este tipo de grabado.

El director del Museo Néstor comparte esta querencia por el arte oriental con el bioquímico Severo Ochoa, el historiador del arte Federico Torralba o el pintor Joan Abelló, relata la investigadora Esther Martínez en su tesis Cruce de miradas, relaciones e intercambios en el que habla de las colecciones españolas especializadas en la estampa japonesa. La estudiosa subraya el hecho de que el canario sea uno de los pocos coleccionistas españoles de este tipo de arte en activo.

Su colección incluye 55 grabados ukiyo-e, la mitad de los cuales están depositados en la Casa de Colón. «El museo puede usarla cuando quiera», afirma Montesdeoca, quien, además, guarda en la pinacoteca de Vegueta piezas de arte precolombino y algunas pinturas españolas datadas desde el siglo XVI en adelante. «Mi casa no reúne condiciones para la conservación de las obras. Se quedaron en el museo después de que expusiera la colección. Se lo agradezco a Elena Acosta. Tenerlas me planteaba un problema», indica el coleccionista que inició su colección en 1995. «Cuando hacía la carrera, una amiga me dijo que fuera a una tienda de antigüedades de Madrid. Allí vi una colección de Londres de diez estampas. La fui comprando poco a poco», comenta Montesdeoca.

Luego, con el paso de los años, ha ido cazando los grabados que le interesaban y que estaban a su alcance en subastas celebradas en Estados Unidos, Londres, Suiza o Barcelona. Un empeño que le ha costado, según confiesa, «disgustos familiares y problemas económicos. Los coleccionistas somos raros y algo enfermos. Nos podemos volver locos por conseguir una pieza», recalca Montesdeoca que se declara meticuloso en extremo.

La estampa más costosa de la colección es una ilustración del maestro grabador Utamaro realizada en 1782 y valorada en unos 20.000 euros. Pero entre las piezas preferidas de Montesdeoca están las bellezas (Bijin-ga), retratos que pretendían atrapar toda la hermosura de cortesanas, mujeres públicas y damas de la burguesía.

La colección de Montesdeoca incluye una decena de grabados sobre el teatro tradicional Kabuki, que atrapan el histrionismo de los personajes, representados únicamente por hombres.

Momentos de solaz en los jardines, los preparativos de la ceremonia del té, excursiones a la montaña en palanquín o damas cogiendo el fresco en plataformas flotantes en la ribera de un río quedan inmortalizados en su tesoro nipón.