Fútbol: UD Las Palmas

El descubridor de Lemos: "Tabárez lo llamará para la selección absoluta"

14/03/2017

Un viejo antecedente encarnado por el actual capitán del Atlético de Madrid y la selección uruguaya, Diego Godín, sigue influenciando la toma de decisiones en el complejo juvenil de Defensor Sporting, donde escrutaron qué resolución tomar con un adolescente Paolo Mauricio Lemos. El club violeta había dejado marchar unos años antes a un Faraón que por aquel entonces arrancaba en las antípodas de donde ha terminado dejando huella con y sin balón, ya que jugaba en el vértice superior del mediocampo, en una posición tan en desuso como la de diez.

Entre los 15 y los 17 años, el futuro lugarteniente celeste era un mediocampista habilidoso que luchaba por destacarse en Montevideo. «Godín jugaba de enganche en una figura de 4-3-1-2, y no corría. Metía un pase y se quedaba quieto, hasta que llegó un momento en que lo dejaron libre y se fue a Club Atlético Cerro, un equipo de barrio y gente muy trabajadora», recuerda el técnico juvenil de Defensor Sporting Ricardo Meroni, a quien telefoneó Williams Lemus, entonces su par en Cerro, para saber de qué madera estaba hecho  antes de ficharle (inscribirle costó 37 dólares). «Entrena bien, es buen pibe, lo que pasa es que aquí no tenía su chance. Juega bien y es buen lanzador, pero está tapado porque hay muchos mediocampistas de creación que andan bien. Al otro lado de la línea, la respuesta de Lemus, pero yo le puse de zaguero, y no sabes cómo anda», extrañó a su interlocutor.

En cuestión de meses Godín regresó con otros colores a las instalaciones del club que le había dejado libre. «Era otro», recuerda Meroni, «defendía, corría, luchaba, metía, saltaba, no perdía una pelota. Hoy, por esa situación de Godín, cada vez que tenemos que tomar una determinación de con quien no vamos a contar, lo pensamos más de una vez. Llegó un momento en que la gerencia del club indagó quién lo había dejado libre, pero se fue porque no jugaba».

El caso de Lemos puede verse como una secuela de la partida de Godín, ya que antes de su meteórico debut en la primera división de Uruguay con 18 años, Mauricio se planteó seriamente plantar al club que lo había captado con 16, como la mayoría de las promesas charrúas, como un valor transplantado del pasto del interior a los terrenos de juego de la metrópoli. Una institución cuyo nombre predestinaba per se la posición en la que iba a terminar asentándose el entonces mediocampista que hoy viste el dorsal número tres de la UD Las Palmas. El rocoso joven nacido en la frontera con Brasil no terminaba de amoldarse a su etapa formativa en la capital del país y estaba a un solo paso de recorrer de vuelta los 500 kilómetros que separan Montevideo del departamento de Rivera. Fue Ricardo Meroni, su entrenador de entonces, quien estimó oportuno retrasarle veinte metros, un cambio de posición que propulsó a Mau 15.000 kilómetros hacia el hemisferio norte en apenas año y medio. Dejó el paisito por la liga rusa y más tarde, aterrizó en Gran Canaria con escalas en el Mundial Sub-20 de Nueva Zelanda y los Juegos Panamericanos de Toronto (ambos torneos del calendario 2015).

«Él jugaba de mediocampista central y un día, hablando con el que era nuestro coordinador cuando vino Mauricio en 2011, Juan Auchaín (hoy ex director general de Peñarol) le dije que no le veía de volante central, de número cinco, como decimos acá. Tenía buen manejo, pero le faltaba velocidad para lo que es el fútbol de hoy en día. Lo sigo viendo mejor como defensa central para el ritmo del fútbol español, pero el tiempo lo dirá (si vuelve a jugar de cinco)».

Lemos había apuntado maneras como central durante su niñez en Rivera, donde la frontera de régimen abierto con Brasil resultó permeable a su técnica. En su adolescencia llegó a Montevideo siguiendo los pasos de su hermano mayor, Maxi, hoy «volante con llegada y muy buena pegada» en Juventud de Las Piedras. «Empezamos haciendo trabajos de dos contra uno, como esas jugadas que normalmente se dan, para que el defensa pueda mostrar que está bien perfilado. Y de a poco empezó a agarrarle la maña. Tanto que llegó a Primera División y enseguida lo venden, ayudado por su participación en la selección (Uruguay ganó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos Sub-23 de Toronto en 2015)», cuenta su mentor en la adolescencia Ricardo Meroni, que se cruzó con Lemos hace dos años cuando el defensa central albergaba dudas sobre su convocatoria en el preámbulo de la cita mundialista, incógnita que se despejó a su favor. El técnico de inferiores de Defensor charló con Fabián Coito, quien continúa dirigiendo a la selección Sub-20 de Uruguay (hoy campeón de Sudamerica), después de que éste le contase lo bien que veía a Lemos: «Dale oportunidades, que no te va a defraudar». Uruguay llegó a cuartos de final en Nueva Zelanda y Lemos, más allá de una expulsión a los diez minutos contra Brasil por una entrada a destiempo, firmó un próspero campeonato. «Mauricio tiene muy buena técnica. Pasa con los jugadores que vienen de la frontera con Brasil, a pesar de que ahora no vemos los zagueros brasileños con la técnica que tenían antes».

Lo mejor de Lemos para Meroni es la anticipación: «Sale muy confiado, tiene buena zancada. El físico le retrasaba para jugar en el medio, pero en defensa le ayuda. Es muy inteligente para jugar a la espalda del compañero. Yo a veces le decía que tuviera cuidado con hacer una pisada al salir jugando, porque como último hombre no tiene a nadie atrás para suplir un error. Le decía que no arriesgase, que buscara el apoyo.

A veces el rival le saca ventaja porque él llega con demasiada confianza, pero ha madurado mucho y recién va a cumplir 21 años. Aún no ha tocado techo y primero tiene que consolidarse en la UD Las Palmas, donde está demostrando, como ya hizo aquí en Defensor, que tiene muy buena pegada. Ojalá también tenga su chance en la selección absoluta. Mauricio se parece más a Godín que a José María Giménez (por la técnica), pero le falta el temperamento de Diego, que es más hombre, y eso lo da la resistencia, la experiencia, la confianza, el jugar y competir a nivel europeo».

Volviendo la vista a los campos de entrenamiento que Defensor Sporting tiene en Camino Pichincha, a las afueras de Montevideo, de momento Meroni solo detecta proyectos no consolidados: «Increíblemente, lo que Uruguay siempre tenía, que era la abundancia de defensas, es lo que ahora más cuesta conseguir. Se está consiguiendo más del medio hacia delante». Y prosigue su análisis: «En Francia pude ver los campos de entrenamiento de la selección y me quedé sorprendido porque trabajan permanentemente lo técnico. Por momentos aquí se pasó a trabajar más lo físico. Y el que es inteligente afuera lo es adentro de la cancha. De ahí el estudio y la preparación, porque ayuda al futbolista a desarrollarse más rápido. En América Latina no lo entendemos, porque los padres están preocupados de que los hijos los salven económicamente. ¿Cuántos Suárez hay que se quedaron en el camino por no recibir ayuda? Ni si quiera en Argentina, donde he visitado los entrenamientos de las inferiores de Newell’s y Central en Rosario, he percibido el apuro que se da acá con los jóvenes por ganar dinero, no por llegar al siguiente nivel. En enero hicimos una prueba antes de empezar la competencia de juveniles, mirando del día a la noche a las promesas que vienen de todas partes.

Y vamos seleccionando de un día para otro, haciendo un colador. La última vez, de 158 se quedó uno solo, que sigue jugando y fue figura en el campeonato sub-19 que logramos en la primera parte del año pasado. La expectativa de las familias en Uruguay es que sus chicos sean todos Suárez o Cavani, y es mucha presión. Tanta exigencia y estrés hace que los chicos terminen lesionándose. Los padres, los representantes y los intermediaros quieren que todos sean fenómenos. En el interior, de repente, con mayor amplitud y más campo para expandirse, surgen mejores jugadores que en la capital, donde muchos chicos hablan de jugar en el extranjero antes de haber llegado a Primera División».

A fines del año pasado la revista France Football entregó a Cristiano Ronaldo su cuarto Balón de Oro en una ceremonia íntima en el estadio Santiago Bernabéu. Solo cuatro defensas en la historia ganaron la pugna por este premio. De los treinta candidatos del pasado año, solo Sergio Ramos, Pepe y Godín siguieron la estela, aunque fuera testimonial, de Franz Bekenbahuer, Lothar Mathaus, Matthias Sammer y Fabio Cannavaro.

Mientras que los históricos alemanes fueron retrasando su posición durante su carrera profesional, el capitán de la Celeste (mejor defensa de La Liga el curso pasado) lo hizo desde su etapa formativa. Mientras avanza hacia su plenitud, el defensor más joven de la UD Las Palmas sueña con que le llamen de su país. «No me extrañaría nada que el Maestro (Óscar Washington Tabárez), que lo  conoce, lo seleccionará. Creo que le va a llegar el momento, porque las eliminatorias sudamericanas al mundial son muy largas, el tema es que juegue, porque eso hace sentir al entrenador que el jugador está con confianza», explica Meroni.

Entre los próximos compromisos ligueros que le restan a los amarillos hay dos partidos contra los equipos de cabeza, las recepciones que la UD hará al Atlético y al Barcelona en los jornadas 35 y 37 donde Mau (que suma 4 goles en 7 fechas) volverá a desempolvar su pegada ante el mundo. Su reencuentro con Godín y José María Giménez y el escaparate contra el equipo de Luis Enrique, quien ya le pretendió el verano pasado, hará que aún le sigan más cerca en Uruguay. «Se comenta que cambiará de aires en el próximo mercado de pases», dicen en el complejo juvenil Eduardo Arsuaga. Siempre que marca, Meroni exclama: «Te dije que le pegaba bien».