De Ugán a Garcey: valores naturales y culturales del campo de tiro

Antes que campo de tiro de Pájara, estas 4.026 hectáreas de la costa de barlovento formaban parte del mancomún donde se iba a pescar y a soltar el ganado para que comiera en años de sequía. De Ugán a Garcey, desde mucho antes del uso militar que ahora el consejo de ministros consolida, sus valores naturales son únicos.

Catalina García
CATALINA GARCÍA

El campo de tiro de Pájara es algo más que el uso militar que ahora, a golpe de Real Decreto, el consejo de ministros consolida sin posibilidad de cierre al catalogarlo como de interés para la defensa nacional. Desde hace más de 2.000 años, esta franja de terreno de la costa de barlovento se utilizó para pescar y para soltar el ganado de forma estacional. Este uso ancestral dejó su huella, convirtiéndolo en mancomún que luego Defensa expropió junto con terrenos particulares.

Además de tradicional zona de pesca y ganadería, las majadas, laderas, barrancos, acantilados, playas y jable del campo de tiro atesoran un valor natural más allá de la primera impresión de aridez y hostilidad. Rubén Barone Tosco (naturalista), Stephan Scholz (doctor en Botánica y director del Jardín Botánico de Fuerteventura) y César-Javier Palacios Palomar (geógrafo y naturalista) son los expertos que han realizado sobre estas 4.026 hectáreas de suelo militar un trabajo exhaustivo encargado precisamente por el Ministerio de Defensa.

Entre los valores naturales, estos expertos destacan la vegetación costera integrada por plantas adaptadas al fuerte viento marino y a la elevada salinidad (tomillo marino, uva de mar, siempreviva zigzag y moqueguirre). De entre la vegetación de las zonas arenosas, es especialmente sobresaliente la presencia del chaparro canario, un endemismo de Fuerteventura y Gran Canaria que tiene dentro de los límites del campo militar su mayor población conocida a nivel mundial, afirma Scholz. «El chaparro es un auténtico erizo vegetal compacto y redondeado, adaptado a los rigores del clima árido con su fuerte insolación y vientos casi constantes. Tiene una potente raíz que lo ancla firmemente en el terreno arenoso o en grietas rocosas».

En los barrancos, crecen tarajales y, atención, los únicos balos de Fuerteventura. Entre los balos, llama la atención un ejemplar centenario, de unos 2,5 metros de altura y densamente ramificado, que cubre una superficie de más de 30 metros cuadrados, «es sin duda uno de los más imponentes de Canarias».

Y de la vegetación a la fauna vertebrada del campo de tiro que, según Barone, Scholz y Palacios, llega a ser «hasta cierto punto sorprendente, teniendo en cuenta el carácter extremadamente árido del territorio y la escasez de agua». Estos expertos detectaron al menos 43 especies, de las cuales dos son reptiles, 34 aves y siete mamíferos. Esta cifra aumenta con la aparición de aves migratorias durante las épocas de paso e invernada. Entre las aves, destacan avutardas, guirres, pardelas, corujas e incluso dos parejas de halcón tagorote.

Aunque extinguida en Canarias, los autores no olvidan un mamífero que, basándose en la toponimia (cueva de Lobos) y en sus características ecológicas, tiene en el campo de tiro de Pájara una de las últimas zonas que ocuparon las poblaciones de foca monje o lobo marino en Canarias junto con el islote de Lobos y el archipiélago Chinijo.

Scholz, Barone y Palacios inciden en su trabajo de investigación en que la Carta Arqueológica de Fuerteventura recoge interesantes restos habitacionales, chozas y concheros en Amanay, Terife, Vigocho, Las Salinas y El Cantil (Fayagua). «En este último aparecen restos de varias viviendas en piedra seca, conocidas tradicionalmente con el sugestivo nombre de Corrales de los Maxos».

César Javier Palacios, naturalista experto en los valores ecológicos del campo de tiro y miembro de la fundación Félix Rodríguez de la Fuente, no lo duda ni un momento: la declaración de zona de interés para la defensa nacional es «una nefasta noticia». Por su «extraordinaria» riqueza natural, el actual campo de maniobras de Pájara es «una de las zonas más importantes del futuro Parque Nacional de Fuerteventura». El aumento de la presión humana sobre tan sensible lugar, que supondría el aumento todavía más de los ejercicios bélicos a raíz de la nueva catalogación, provoca «graves daños a una flora y fauna protegida, y degrada un paisaje único». De ahí que, al contrario de lo ahora aprobó el Gobierno central, resulte «urgente proteger este singular espacio y preservar sus recursos para disfrute de todos».

CRONOLOGÍA

1973. Defensa inicia el expediente de ocupación del terreno conocido como la costa de Pájara, 1977. Empieza a usarse como campo de maniobras militares. 1981. Defensa lo expropia. 1987. Más de 15 proyectiles caen sobre las casas de los vecinos de Fayagua. Ese mismo año también se da en otro blanco civil: el caserío de Chilegua. Incluso uno de los proyectiles cae a 500 metros del pueblo de Pájara. 2007. Voladura de cinco chozas comunales de los pescadores (llamadas estancias) en Las Salinas, dentro del campo de tiro. 2008. Voladura de dos estancias más que quedaban en Las Salinas. 2008. Voladura de cuatro chozas en Peñón Blanco, fuera ya de la zona militar.

CIFRAS

4.026 . Son las hectáreas que ocupa esta zona militar en la costa de barlovento y antes de la expropiación formaba arte del mancomún de Pájara.

10,50% y 2,43% . La superficie del campo de tiro representa el 10,50 % del suelo municipal y el 2,43 % del territorio insular.

3 espacios naturales. El campo de tiro se localiza, enumeran Palacios, Scholz y Barone, entre tres espacios naturales protegidos que a su vez son Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA): el Parque Rural de Betancuria, el Monumento Natural Montaña Cardón y el Parque Natural de Jandía.

7.027,50 . En su interior acoge el Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) Cueva de Lobos que mide 7.027,50 hectáreas.