Cuando le robaron la sonrisa a Viera

Jonathan Viera siempre deambula por aeropuertos y aledaños de estadios con la misma liturgia. Sonriente y despreocupado, aislado bajo unos enormes auriculares blancos de la marca Beats diseñados por el rapero Dr. Dre escuchando a Los Rebujitos, uno de sus grupos de flamenco artificial favoritos. O con los pulgares pegados a su Nintendo DS jugando partidas en línea con su inseparable Vitolo. Nada de eso pasó el sábado. Ni sucedió en Barajas, ni ocurrió en Gando. Le habían borrado del rostro su eterna sonrisa ladeada de tipo pícaro que le acompaña.

David Ojeda
DAVID OJEDA

Cuando la guagua de la Unión Deportiva llegó al estadio del Alcorcón uno de los primeros en bajarse fue Viera. Sobre su cabeza no había auriculares, dentro de ella carburaban sus ideas a una velocidad espídica. Hora y media antes recibió en el NH Abascal una orden que le dejó petrificado: «No vas a jugar esta tarde porque te marchas al Granada», le dijeron de golpe.

Fue entonces cuando todo se puso en marcha. Por la noche se reunió con Pedro Bravo, su agente, y con Miguel Ángel Ramírez en uno de los restaurantes de más pompa de Madrid. Allí, la intransigencia del futbolista a aceptar el acuerdo entre Unión Deportiva se selló con una continuidad del de La Feria en el equipo: «El presidente me ayudó muchísimo, le tengo que dar las gracias porque no era una situación fácil para el club», comentó el jugador en el aeropuerto con el deseo de alejar de la luz pública un asunto que le ha desagradado por «las formas impropias que ha usado el club», en palabras de Pedro Bravo.

En Barajas, con las sábanas pegadas todavía para la expedición a las 05.30 horas, el asunto Viera polarizaba la atención. En la cafetería, todavía cerrada al público, de la sección E de la T2 miembros del cuerpo técnico rodeaban al asesor presidencial Juanito Rodríguez informándose de las novedades de la noche anterior. Algunos miembros del mismo se mostraron sorprendidos. «El tren de jugar en Primera solo pasa una vez en la vida. Esperemos que Jonathan no se arrepienta», comentaba uno de ellos, a pesar de estar refiriéndose a un jugador de solo 22 años. Jonathan nunca fue esquivo a la cuestión. Contestó a todo el que le preguntó, ya fuera compañero, periodista o aficionado. Pero del cuerpo no le había salido todavía la turbación del día anterior. «Todo ha pasado muy rápido, me ha pillado todo esto, además, cuando se acababa el plazo para fichajes», exponía.

Con rostro serio, Viera al menos respiraba. Su categórica negativa a irse al Granada, que le contó a todo aquel que puso interés en escucharle, al final fue atendida por el club. No había otra opción, como la noche anterior contaba su agente Pedro Bravo: «Las Palmas tiene los derechos federativos, pero las operaciones de traspaso no se cierran si no están de acuerdo las tres partes implicadas».

Las Palmas cerraba un viaje en el que la derrota quedó escondida tras la polémica con el canterano. En el viaje todo estuvo mediatizado por su situación, incluso en el ánimo de Vitolo, su amigo inseparable: «Él tiene que mirar por sus intereses, está claro, pero mi deseo es que se quede con nosotros por lo menos hasta que acabe la Liga», cerró.