VOLEIBOL

Cuando fuimos los mejores

19/02/2012

Año 1985. Los lagartos de ‘V’ triunfan en la tele; el «We are the world» arrasa en las radios; España firma el tratado de adhesión a la CEE, nacen Cristiano Ronaldo y Lewis Hamilton; Perico Delgado gana la Vuelta… Y el CV Calvo Sotelo asciende a la máxima categoría del voleibol nacional. Justo ahí se empezó a gestar un hito deportivo en Gran Canaria único hoy en día

Nadie ha dado más triunfos y alegrías a Gran Canaria que aquel famoso Guaguas Las Palmas (también denominado Constructora Atlántica Canaria, CV Gran Canaria, Pepsi Gran Canaria y Jusan Canarias). 5 Ligas consecutivas, 6 Copas del Rey, una Supercopa de España... Y, sobre todo, el cariño de toda una Isla volcada al unísono con los que fueron sus ídolos, es el legado que dejan todos aquellos jugadores, entrenadores y directivos en aquella época dorada del voleibol en territorio isleño, a finales de los 80 y buena parte de los 90.

Fueron muchos más los que hicieron realidad un hito irrepetible y al alcance de pocos mortales, pero Pepe Millán, Felipe Nuez, Juan Ruiz, Paco Sánchez Jover, Sergio Camarero, Juanma Martín, David Rodríguez, Óscar Campos y Jorge Ramón son todas voces más que autorizadas para rememorar una historia con un componente humano más allá de los éxitos deportivos: «Íbamos a entrenar como si se fuera a acabar el mundo allí, y desde luego no era una cuestión de dinero», relata el que fuera jugador y luego entrenador, Juanma Martín.

Nadie los había vuelto a sentar alrededor de una misma mesa, pero ninguno de ellos rehuye a la convocatoria muchos años después. Lidera el reencuentro Juan Ruiz. El expresidente guaguero, con mil y un recuerdos imborrables aún de su memoria, relata con la misma energía de entonces todo lo que recibió de aquel grupo: «En los 14 años de mi presidencia, donde estábamos muchos, solo puedo sentir satisfacción por haber trabajado por el bien de mis chicos y de mi tierra, porque fueron muchas las satisfacciones y muchas las lágrimas de alegría que ellos me hicieron derramar que no tienen precio», sentencia.

A su lado Paco Sánchez Jover atiende cómplice al principal culpable de que un buen día decidiera viajar a Gran Canaria para ya no abandonarla más. «Recibíamos el calor de toda una ciudad volcada a muerte con nosotros. El día después de ganar nuestra primera Copa, una guagua se me paró delante de mí, y el chofer me dijo: «Cruce usted». Cuando lo hice, la guagua entera empezó a aplaudirme»,  recuerda aún sorprendido el murciano.

Sin temor al equívoco, a Felipe Nuez se le puede considerar como el padre de la criatura. No solo fue uno de los que fundó el club, sino el entrenador que lo llevó a la máxima categoría iluminado por su (bendito) régimen ruso. «Todo esto empezó con Felipe, cuando nos pegábamos ocho horas entrenando. Ya solo partir de esa idea en la cabeza era muy difícil creer en lo que luego se logró», cuenta Juanma.

Permanece a la escucha Pepe Millán, testigo de lujo de todo lo que lió el Guaguas en aquellos años. El por entonces presidente de la Federación Canaria, que también vivió cada uno de los éxitos a pie de cancha, asiente con un brillo especial en sus ojos cada palabra que suena, intentando evitar con su silencio un protagonismo que irremediablemente también se ganó desde su cargo. «Pepe siempre estuvo a nuestro lado», afirma el grupo agradecido también por su complicidad. «La federación pagaba las guaguas para llevar a nuestros partidos a la gente de los barrios más marginales o que no tenían recursos suficientes para poder ir», añade Juan Ruiz.

Juan, Paco, Felipe, Pepe, Sergio, Óscar, Juanma, Jorge y David formaron parte de una familia inigualable. Todos ellos fueron artífices de una historia que se recordará toda la vida en Gran Canaria.

Sus testimonios son la prueba  de que un día hubo un equipo grancanario que brilló por encima de todos en el territorio nacional. Y que duró muchos años. Aquellos maravillosos años. Cuando fuimos los mejores. 

El día que el CID se quedó pequeño.

20 de enero de 1994. El Gran Canaria había forzado un tercer partido ante el París Saint-Germain francés. En juego, un puesto en la Final Four de la Copa de Europa. Dos horas antes ya estaba lleno el CID, pero fuera habían muchas personas más con intención de entrar, con lo que tuvieron que cerrar todos los accesos a la instalación para evitar una avalancha. Aquel partido se ganó, pero los isleños se quedaron fuera por alineación indebida.

El entrenador del ascenso.

La figura de Felipe Nuez en la historia del CV Calvo Sotelo es fundamental. No solo fue uno de los fundadores del club, sino que lo llevo a la máxima categoría nacional. Su apuesta siempre fue por la cantera,  motivado por el método ruso. «Si éramos buenos entrenando tres horas, está claro que seríamos mejores entrenando más tiempo». Y no se equivocó el preparador grancanario.

El primer extranjero.

El yugoslavo Igor Martinovic fue el primer extranjero en fichar por el equipo. «Era como un padre para nosotros. Nos corregía, nos ayudaba, nos mandaba en la cancha, nos echaba broncas en los entrenamientos...». Luego vendrían muchos más, donde destacaron la pareja de polacos Klos y Golec. Pero también estuvieron, Vujacinovic, Chava, Willock, Wiernes, Nalazet...

El presidente ambicioso.

Juan Ruiz llegó al club para echar una mano (le consiguió 500.000 pesetas de CajaCanarias) y se quedó para hacer historia. Por entonces el club se regía por una junta gestora, presidida por Gustavo Rodríguez, padre de David Rodríguez, de cuyo bolsillo salían los viajes del equipo. «Cuando llegó el momento de nombrar un presidente, yo era el que más tiempo tenía para las gestiones del día a día, así que me eligieron casi por decreto», relata Juan Ruiz. «No tenía ni idea de voleibol», reconoce.  Dos años después se empeñó en hacer un equipo campeón. Y lo logró de sobra.

Una estrella en la Isla.

Sin duda, con la llegada de Paco Sánchez Jover se dio el salto de calidad buscado por Juan Ruiz. «Juan y yo no nos conocíamos y hablábamos por teléfono todos los días más de media hora. Me motivó mucho el entusiasmo que tenía por el voleibol. Tenía alguna oferta fuera pero mi idea no era salir de España. Y me enganchó mucho las ganas de Juan, la ilusión que tenía», narra el propio Jover. Con Paco también llegaron unos jovencísimos Venancio y Antonio Miralles, que se convertirían también en jugadores claves para el club.